A propósito de Ayotzinapa:

Ya me cansé de quienes escudados en el reclamo social por la horripilante historia en Iguala, cometen destrozos y propagan violencia. Colmados de incongruencia, estos amantes de la anarquía y el descontrol, luchan por un México justo a través de la injusticia, con bombas molotov piden la paz social, con gritos y palos se quejan de la violencia y violando a los derechos exigen su respeto.

Ya me cansé de las hienas de la política, que ante la tragedia, buscan reflectores. Alejados de la más mínima ética, cada palabra que pronuncian ante la barbarie, sólo encuentra motivo en su ambición personal de acumulación de poder y olvidan por completo la herida sangrante que tiene un país. Hipócritas insensibles son estas hienas, incapaces de cortar leña si no hay árbol caído, dueños de un espíritu perverso que mientras abraza a los padres de los jóvenes asesinados, piensan en la ventaja electoral que podrían obtener culpando al gobierno.

Ya me cansé de la opinión radical, que ufanada en un trono autoimpuesto de aguda analista, desde el comodino anonimato o desde su única realidad digital, ofenden sin distingo al político, sin considerar que equivoca el que generaliza, sin considerar, que justo lo que hacen también es política, sin considerar, que de la ofensa, nada se construye, sin considerar que para señalar, se debe demostrar y sin considerar, que el político no es ajeno a la sociedad, sino producto de ella. Ciegos de razón, los revolucionarios de clóset no reflexionan que de lo que critican es de lo que padecen, con soberbia le exigen a la sociedad que se encuentre bien informada y ellos mismos construyen argumentos simplones con verdades a medias.

Ya me cansé de algunos medios de comunicación “alternativos”, que rechazan toda declaración de autoridad por el simple hecho de ser autoridad y en cambio, refugiados en las teorías conspiratorias y buscando el apasionamiento del lector a costa de la centrada reflexión, formulan notas de mostaza alejadas de la objetividad. Postrados en su doble moral, lanzan campañas contra otros medios acusándolos de serviles y por debajo de la mesa, prostituidos al mejor postor, se convierten en carne de cañón para enfrentas políticas.

Ya me cansé de los que se cansaron, de los que afirman que México no puede cambiar y que estas horrorosas historias nunca habrán de acabar. Apáticos pusilánimes que hacen condenas estériles donde la única que gana es nuestra enemiga, nuestra realidad. Cansado estoy de los que a precio muy barato compran explicaciones de la impunidad, la corrupción y el narcotráfico que tanto hieren a México. Viendo la tesis de Luis Estrada y compañía, sostienen que la causa de todos los males, habidos y por haber, es una televisora y un Presidente, olvidando en su análisis politológico que nuestra lacerante pobreza, nuestra raquítica educación y nuestro preocupante consumo y tráfico de drogas, son monstruos longevos y de mil cabezas, que nos obligan a combatirlos día tras día y que necesitamos de todos para poderlos eliminar.

Ya me cansé, cuando es evidente que los culpables en Ayotzinapa fueron la delincuencia organizada y sus autoridades corrompidas, de los que siguen buscando culpables indirectos pero a modo, perfilados para su discurso interesado. Olvidan que si vamos a buscar responsables colaterales, sin duda uno de ellos es el Estado como garante de los derechos humanos, pero también entonces señalémonos a nosotros mismos, como integrantes de una sociedad cargada de egoísmo indiferente que ni se inmuta ante la tragedia hasta que la moral colectiva se lo obliga; incapaz de participar en la construcción de un mejor país si no existe un estímulo directo que le beneficie. Si buscamos culpables indirectos, entonces también señalemos a muchas escuelas normales del país, como a la que pertenecían los estudiantes, que escudadas en la nobleza de la educación, pervierten el sentido e infunden dogmas revolucionarios que en el fondo son meros mecanismos de presión para lograr prerrogativas y que son caldo de cultivo para el comportamiento violento de los jóvenes que sobreviven dentro de la pobreza. Si buscamos culpables indirectos, señalemos también a tantos núcleos familiares descompuestos, incapaces de inculcar valores mínimos sobre la vida y la muerte.

Pero… ¿Qué ganamos los mexicanos anotando más personas a la lista de culpables indirectos? Estancados en esta retórica infructuosa de señalamientos, ni revivirán los estudiantes asesinados, ni contribuiremos a un pacto social que nos saque del atolladero.

No se trata de señalar sino de enmendar; no es recular sino avanzar; no destruyamos, mejor construyamos.

@licpepemacias