La Diócesis de Aguascalientes ha quedado huérfana, pues el Obispo José María de la Torre Martín ya goza de vida eterna. Por ello, el Cardenal Francisco Robles Ortega hizo un llamado a la comunidad cristiana para mantenerse serena y permanecer unida hasta que llegue el nuevo Pastor.

Ayer, en Catedral, se ofició la Misa Exequial sin el cuerpo presente del que gobernó la Diócesis por doce años, donde se pidió por la intercesión de la Iglesia orante por su eterno descanso. Debido a la contingencia sanitaria, fue inhumado horas antes en la Basílica, por lo que sus restos reposan junto a sus antecesores monseñores Rafael Muñoz Núñez y Ramón Godínez Flores.

En la Asamblea de Oración, el Cardenal concelebró con José de Jesús González Hernández, Obispo del Nayar y con el Obispo Auxiliar de Guadalajara, Engelberto Polini Sánchez. En la emotiva ceremonia, el secretario canciller, Daniel Escobedo Torres, dio lectura a la misiva de condolencias enviada por el Papa Francisco, desde el Vaticano.

Durante la misa, se observaron los afligidos rostros de los sacerdotes asistentes, de los familiares del Pastor, de los laicos; estremeció la melancolía de los cánticos y cualquiera diría que al monumental órgano se le atragantaban los acordes musicales, la tristeza era inmensa. Cabe añadir que estuvo presente el presbiterio, el gobernador Martín Orozco y su esposa Yola, la alcaldesa Tere Jiménez, entre muchos más.

Robles Ortega, ponderó la entrega del Obispo al servicio de su Diócesis  y de Dios. Asimismo, al encender el cirio, expresó que su luz le mostrará el camino de la esperanza y de la vida eterna. “Oremos para que Jesucristo lo conduzca a la presencia de Dios Padre. La muerte no es un castigo de Dios, es una prueba que purifica al justo, lo acoge en su seno con inmenso amor y misericordia”, exclamó.

Igualmente, comentó que en los últimos meses y pese a su enfermedad, nunca dio un signo de protesta, nunca se quejó y siempre se acogió a la voluntad de Dios. “Entra un siervo bueno y fiel, al reino preparado para ti, purificador de todas sus faltas y pecados, para que goce del reino de los cielos”, continuó.

“Ya no lo vamos a ver ni escuchar, pero su recuerdo estará siempre con nosotros, su muerte no es una tragedia, la vida no se acaba, se transforma para la morada eterna. (…) Pidamos a Dios para que a sus familiares les dé consuelo, oremos por su eterno descanso, Jesucristo, acuérdate de tu hijo Chema”.

Al llegar el momento de la comunión, la nave central fue destinada a los sacerdotes; la parte lateral del púlpito, para los familiares que vinieron de diversos municipios de Jalisco; y las dos naves laterales, para la formación de los demás fieles laicos.

“Acompañamos a la familia en este doloroso trance”, dijo el cardenal, a la vez que agradeció a los médicos del Hospital Hidalgo su entrega, no solo en la atención del Obispo, sino de todos los enfermos.

Finalmente, cabe mencionar que hubo ingreso limitado a la misa para guardar la sana distancia y se respetó el protocolo sanitario.