Francisco Betancourt 
Agencia Reforma

CDMX.- Cada noche la Jefa del SAT, Raquel Buenrostro, le informa al Presidente Andrés Manuel López Obrador la recaudación de impuestos de ese día.

Esa es la importancia que la ex Oficial Mayor de Hacienda, desde donde vigiló la compra de medicamentos, le da a la recaudación. Así, cerró el año pasado con un superávit de 500 mil millones de pesos.

En entrevista asegura que se acabó con la “cultura de no molestar al gran contribuyente”.

El año pasado recaudó casi 500 mil millones de pesos adicionales, ¿como le hizo?

Con mucho trabajo, para empezar, pero nos fue muy bien. Desde diciembre (de 2018) sabíamos que se podría venir la crisis sanitaria.

Sabíamos que iba a ser un año difícil y lo que se hizo fue trabajar un programa de recaudación más estratégico para que con menos trabajo pudiéramos tener más recursos. Irnos por créditos que eran fáciles de cobrar, fáciles de demostrar y de montos altos.

Pareciera que les hizo ‘manita de puerco’ a los grandes contribuyentes, ¿jugó al buen y mal policía?

La verdad es que en algunos casos fue mucho más sencillo, porque lo que hicimos primero fue tener auditorías e información muy sólida. Hemos cobrado adeudos de 2010, de 2011. El Código Fiscal permite hacer disminuciones en las multas y los recargos y les decíamos a todos: “por pronto pago, te bajamos lo máximo que podamos en multas y recargos”. Si en lugar de 14 mil millones de pesos, iban a pagar 7 mil y, además no íbamos a iniciar ningún proceso judicial, pues sí les resultaba atractivo.

Me pagas lo que me debes, no te cobro multas ni recargos y quedamos tablas…

No quedamos tablas, porque como les he dicho: “Quedamos tablas en esa auditoría, faltan las demás”.

No era borrón y cuenta nueva. Cuando era un criterio contable, los abogados se ponían a discutir, llegábamos a un acuerdo y se corregía y decíamos: “Como ya te diste cuenta que está mal, tenemos dos opciones: te abro todas las demás auditorías o te autocorriges de una vez todos los años”.

Esto sucedió mucho, hubo muchas autocorrecciones.

¿Qué, antes no le cobraban impuestos a los grandes contribuyentes?

Había de todo, muchos abusos en algunos despachos que vendían planeaciones fiscales que rayaban en la defraudación. Había auditorías que las tenían medio cocinando y no iban a comunicárselas porque había una cultura de no molestar al grande contribuyente, porque está generando empleos, pero una cosa es el empleo y otra cosa es que tiene que cumplir con sus obligaciones fiscales.

¿Había negligencia administrativa y corrupción adentro y afuera del SAT?

Había corrupción y había una cultura de no pago.

Ahora dice usted que hay 12 mil grandes contribuyentes y que sólo ha revisado 650, ¿qué sigue?

Revisamos a 892 grupos corporativos al 31 de diciembre. De todo lo que revisamos, hemos procesado el 50 por ciento. O sea tenemos más o menos mil revisiones y de esas en 2020 sacamos como 500, entonces tenemos 500 panecitos en el horno todavía cocinando.

Trae muy bajo la lupa al sector minero. Veía notas que señalan a la minera canadiense First Majestic Silver, que adeuda 11 mil millones de pesos, ¿es cierto?

El sector minero en México es de los que tienen la tasa impositiva más baja. Tenemos mineras que pagan el 0.00002 ciento de sus ingresos, siendo que representan aproximadamente 4.8 por ciento del PIB nacional.

Nosotros traemos en revisión de 2010 a 2020 de esa empresa. Los primeros cinco años ya fueron determinados y estamos en algunos casos ya en procesos judiciales con ellos.

Aparte, en 2015, el Gobierno anterior metió un litigio para pedir un juicio de de lesividad que provoca un daño del Estado, y en 2020 lo ganamos, pero faltan todavía otras dos instancias.

¿No teme que al aplicar rigor en la recaudación espante la inversión?

No, yo no creo, porque al final del día al empresario lo que le interesa es la certidumbre jurídica.

¿Se endureció el régimen fiscal?

No, yo creo que más bien se está tratando de reforzar la cultura fiscal que es carente en México. Eso no existía, entonces la corrupción ya había carcomido mucho los sistemas. Un funcionario que no recauda 14 mil millones de pesos, cuando lo corremos no pierde absolutamente nada. En cambio ahora, uno les dice: “No nada más te voy a correr, te voy a meter a la cárcel”. Yo creo que suena duro, pero es una medida fuerte, porque tenemos que cambiar muchísimos años de cultura.

Dicen que usted es dura, ¿acepta esta calificación?

No me molesta, porque las personas que se portan bien no tienen por qué quejarse. Yo creo ya era momento de que hubiera un poco de justicia fiscal, porque los que siempre pagan son los contribuyentes cautivos, y cuando no alcanza, pues se les carga más la tasa y esas son las reformas fiscales.

Por ejemplo, en la reforma de 2014 representó 2.4 del PIB y los 500 mil millones que conseguimos el año pasado equivalen a 2.3 puntos del PIB, o sea, es equivalente a una reforma fiscal.

¿Usted ve una reforma fiscal profunda en los próximos años?

Quiero decir dos cosas. La primera, es que una reforma fiscal no significa subir impuestos. Primero tenemos la forma en que se determinan los impuestos.

Y una reforma también es simplificación. Una manera simplificada de cobrar impuestos sería menos atractiva para la elusión fiscal.

El Presidente dice que la respalda porque está sujeta a fuertes presiones, ¿quién la presiona?

Yo no me siento presionada.

El único que me presiona es el Presidente para cumplir la meta de recaudación. Me presiona el gasto público para que no falte dinero. Es el papá que tiene que salir a trabajar en tiempos de crisis para garantizar el gasto.

¿Es cierto que usted le envía prácticamente todas las noches un tuit al Presidente informándole de cómo va la recaudación?

Es correcto. Todos los días se le manda al Presidente la recaudación diaria.

Él le da seguimiento a toda la recaudación

¿Diría usted que le fue mejor en el cobro de impuestos que en las compras consolidadas?

Yo creo que es diferente. En la Oficialía Mayor con las compras consolidadas era un tema muy polémico. La industria farmacéutica es la industria más grande después de la del petróleo. No es fácil enfrentarse a ella.

Ahí sí eran más presiones.

El boicot era durísimo, desde la no venta, el robo en carreteras, el robo en almacenes de medicamentos, los escondían. Y era un área completamente nueva donde trabajábamos con 22 personas, tampoco era fácil.