Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Remember Mac-Lane Ocampo.- Cada que vez que a fuerza de propaganda se encuentre, amable y desprevenido lector, a punto de sucumbir ante la propaganda Benitista que se intensifica el 21 de marzo y el 18 de julio, sólo hay que releer la historia. Su vocación dictatorial trunca por su inopinada y hay quien dice que provocada muerte y de postre el Tratado Mac-Lane Ocampo en que Juárez dejaba en libertad el tránsito de tropas norteamericanas y comprometía la Baja California.)

Los sucesos recientes en el plano nacional e internacional han sido una piedra de toque para poner a prueba la credulidad del ciudadano mexicano,  respecto de las versiones oficiales de acontecimientos públicos. Tradicionalmente hemos sido un pueblo creyente y a la par un pueblo crédulo, con proclividad al caudillismo y la disposición para aceptar la voz del tlatoani en sus diversas versiones. La consumación de la Independencia nos trajo al caudillo y emperador Agustín de Iturbide, recibido con misas, celebraciones públicas, pompa y circunstancia. El horno no estaba para bollos y lo despacharon más o menos rápido.

¿Cómo explicarse una figura como Antonio López de Santa Anna, Su Alteza Serenísima, que en ocho ocasiones fue jefe político de México, en alguna, luego de retirarse y levantarse contra su propio gobierno, en otra, traído con bombo y platillo de Sudamérica en donde se había refugiado. Sólo el carisma indudable de Santa Anna explica que el pueblo hubiera creído y confiado en él, una y otra vez hasta contar ocho. Después de sus tropelías, sus desaciertos, sus derrotas, la debacle del país, todavía regresaba y encabezaba actos tan ridículos como las honras fúnebres, sepelio y sepultura de la pierna que perdió en una batalla.

Maximiliano es todo un caso, contra lo que hubieran querido y quieren los jacobinos de entonces y los actuales, el emperador y la emperatriz fueron recibidos con gusto y con esperanza. Se supieron ganar la simpatía del pueblo con acciones de atención, de cuidado, de justicia. La reglamentación de la charrería, el negarse a vivir en Palacio Nacional, establecer medidas proteccionistas laborales, jornada máxima de trabajo, descanso semanal, el decreto de libertad de cultos, la protección de comunidades indígenas fue de lo mucho que en poco tiempo se hizo. Su caída se escribió en EE.UU. y en Francia, no en México.

Benito Juárez es otro caso en que la versión oficial ha elevado a los altares a un personaje, canonizándolo como Santo de la religión laica del estado. Su muerte oportuna nos salvó de una dictadura. Las acciones más significativas que se le atribuyen no fueron de él: las leyes de reforma, la desamortización de bienes de la iglesia. En cambio, si fue de él la decisión de cerrar la universidad nacional que 40 años después reabriría Porfirio Díaz y fue de Juárez también la decisión de comprometer la soberanía del país en su combate contra el Imperio.

De Porfirio Díaz ni hablar, de un militar sanguinario se fue transformando en un Santón de la Paz y el Orden. No hay población que date de sus tiempos que no tenga alguna obra o construcción significativa. La devoción del pueblo al caudillo tuvo su máxima expresión en el centenario de la Independencia, la total apoteosis. Se retiró,  no derrotado, sí desconsolado por lo que consideró una ingratitud. En Europa fue recibido por los máximos jefes de estado con todos los honores y reconocimiento.

La Revolución Mexicana en mi opinión es la máxima expresión de la credulidad del pueblo de México. Una serie de revueltas desarticuladas, una batalla campal de todos contra todos, una sucesión de engaños y traiciones, una cadena de asesinatos y, finalmente, but of course, la presencia inefable de los güeros inclinó la balanza para fortalecer al grupo que inventó, a toro pasado, el gran mito de la Revolución.

La Revolución nos alimentó de mitos y mitotes y luego que se bajó del caballo siguió alimentando el populismo. El PNR, el PRM, el PRI y ahora Morena han explotado la credulidad del pueblo.

¿Será verdad que más de la mitad de la población apoya la gestión presidencial? ¿Será cierto que la mayoría de los mexicanos creen que la salud pública se ha manejado con atingencia, responsabilidad y transparencia?, ¿estarán convencidos de que el Aeropuerto más moderno del mundo es el AIFA, cuando ni el propio Presidente lo utiliza? ¿Pensarán en realidad que la refinería de Dos Bocas está terminada y que dentro de cinco meses empezará a producir refinados? ¿Aceptarán que un tren turístico es una obra de “seguridad nacional” que justifica destruir hábitats, acabar con vestigios arqueológicos y violar disposiciones administrativas y legales por el capricho personal?

Yo, que suelo ser el único que lleva el paso en el desfile, me admiro de las coincidencias. Me sorprende que luego de la inasistencia de AMLO a la cumbre de las Américas haya aceptado realizar una visita de tercera a los EE.UU. Me asombra que apenas unos días después se haya logrado fácilmente lo que durante décadas no se pudo: la detención vengativa de Caro Quintero. Me azora que pocos minutos después de participar en la ubicación y detención del delincuente, un gran helicóptero de la Marina se haya desplomado inexplicablemente.

Es lamentable para nuestro país que el presidente de la República haya dilapidado tan vilmente su capital político, con desvergüenza y cinismo, cuando reconoce que solo los menos preparados y más ignorantes son los que creen en él.

¡Qué triste que las versiones oficiales sean puestas reiteradamente en tela de juicio!

Recuerdo a ese gran periodista que fuera Jacobo Zabludoski, a quien tocó desempeñar su trabajo en situaciones especialmente complicadas. No era infrecuente que comentara: “Recibí un boletín oficial de la Secretaría de Gobernación que dice lo siguiente… (luego de leerlo, remataba)… ¡Bueno! ¡Eso dice!.”

(Yo soy Sanjuanero.- Mi gerendencia por el lado paterno es de San Juan de los Lagos, Don Lázaro Martín el geniarca llegó, según se dice de Extremadura y se asentó en el pueblo de la “Chaparrita”. Desde siempre la veneración a la virgen en su advocación de Purísima Concepción de San Juan de los Lagos, aún así, no comparto que el dinero público, el de los ciudadanos, recabado por los impuestos, se dedique a promover el culto público. La visita de la imagen peregrina a Jesús María es un acto de culto que no debería costar al erario público.)

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