Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, de alguna u otra manera nos hemos enterado de que la panorámica del agua no es alentadora, tal como lo manifestó el Sexto Informe de Evaluación sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas: “el papel de la influencia humana en el sistema climático es indiscutible y los daños ya son irreversibles”. El agua y cambio climático no son temas aislados ni ajenos, existe un involucramiento dimensional desde el agua de los océanos que generan oxígeno, regulan la temperatura y son hábitat de millones de especies de flora y fauna, hasta lo que sucede en la tierra y en el aire. Es indudable que este escenario fue acelerado por la acción humana y no sólo los grandes factorías y naciones desarrolladas, en nuestro país, entidades federativas, ciudades y localidades se ha contribuido con emisiones de gases, contaminación, omiso o pésimo manejo de residuos sólidos y rellenos sanitarios, aguas sin sanear, uso irresponsable del sector agropecuario, incendios forestales, y otros más propiciados por la corrupción que busca dinero fácil para campañas electorales y bolsillo particular, aunado a la indiferencia.

La semana pasada les comenté respecto a la realidad complicada por existir menos agua de la imaginada en el planeta y si a eso le sumamos los aspectos de calidad y contaminación de agua, el asunto se complica más. A lo largo del planeta existen acciones que aún podemos considerar aisladas y escasas, por la dimensión, no importa las alertas que pretendan atender la Unión Europea en los alcances de su Directiva Marco, o Canadá, o algunas regiones o comunidades. En el caso mexicano es incomprensible lo que sucede a pesar de que se tiene a la vista y en Aguascalientes como entidad federativa y municipios es de dar pena.

Les hablé de otros datos, y aquí nos encontramos que algunos indicadores requieren un rediseño, partiré del acuífero cuya estimación insisto son valores estimados no exactos, cuando hacemos referencia al balance, nos topamos con que citamos un número que ya es del pasado, sea 2015 o 2017, que fue su última publicación en el Diario Oficial de la Federación y estimados lectores, es imposible la disponibilidad sea la misma a la que se publicó en ese año a lo actual, porque ha aumentado la demanda, población, etc., además, son cuatro o seis años de distancia, pero… ese dato publicado obedece a estudios realizados con anterioridad que pueden ser de tres o cinco años. Entonces los datos con que nos basamos respecto a la disponibilidad de agua no son actuales. Esto es ya mucho decir.

Por otro lado, cuando se habla de coberturas y este tema lo he abordado en otras ocasiones, también hay imprecisión al hablar de agua potable, nuestros números son contemplativos, con fanfarrias se anuncia superior al 95%, cifra que se caería porque esa cobertura no es de tomas domiciliarias, es porque hay cisternas o hidrantes para hacer llegar el agua, así que el servicio deja mucho que desear y se pierde la dimensión del problema, se confunde drenaje y alcantarillado, que no es lo mismo, drenaje puede ser desde fosa séptica, barranca, acequia o arroyo donde se descargue el agua residual, y el alcantarillado es infraestructura que no en todos los asentamientos humanos hay.

Cuando se habla de saneamiento el asunto es aún más incierto, se mide por número de plantas de tratamiento de aguas residuales y el agua que ingresa y sale de la misma, así que bajo ese punto de referencia se propicia que los indicadores lleguen a ser superiores al 90%, pero… qué pasaría si el indicador diseñado fuera sensato y realista, de qué me vale que determinado volumen de agua ingrese a una planta si su calidad de tratamiento es dudosa, es decir, los indicadores para hablar de una política de saneamiento pertinente deben partir de un indicador que refiera a volumen o porcentaje de agua tratada bajo parámetros de norma, entonces, nuestros indicadores se desplomarían hasta un 35 a 50%. Y si actualizáramos las normas consideran a lo que se le ha llamado como: “contaminantes emergentes”, entonces la situación sería más dramática.

¿Realmente se sabe cuántos pozos hay y la magnitud de las tomas clandestinas en el uso público urbano e hidroagrícola? Claro que no. A eso le sumamos contaminación de aguas superficiales y subterráneas. Peor se ponen las cosas cuando nos cuestionamos el nivel e impacto de la gobernanza que sea eficaz, eficiente e inclusiva.

Vamos a otro nivel, el de autoridades, sean federales, estatales y municipales, ¿saben de gestión del agua?, y ahí comienza la caída de las piezas de dominó, porque la burocracia federal en oficinas centrales con taras revanchistas, fundamentalistas y de un hedor como son los tufos ideológicos, el asunto se va al traste. En conclusión, se adolece de autoridad del agua en los tres ámbitos. Para rematar, ¿se aplica la Constitución, Tratados y Leyes como indica la supremacía constitucional? No.

Nos vemos la próxima semana, recuerden amables lectores la importancia de emprender políticas y acciones que permitan que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

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