El período de aislamiento al que se ha sometido medio mundo, para – supuestamente – estar a salvo de ser contagiado con el coronavirus, permite que aparezca una serie de estudios sobre el comportamiento que habrá una vez que concluya, aventurándose algunos expertos en señalar que todo será diferente por lo que desde ahora hay que  acostumbrarse a los cambios que habrá en la vida diaria.

Son los mismos que profetizaron en 2009 que vendrían mudanzas drásticas en la actitud humana, pero una vez que se retomó el ritmo de conducta volvió a ser casi todo igual, porque lo único que se modificó fue la importancia de recibir la ampolla que evite la influenza, por lo demás cada quien reanudó sus actividades y en poco tiempo la epidemia fue sólo una referencia, como seguramente sucederá esta vez.

Por lo anterior no hay que adelantar vísperas, lo que cada quien registre es lo que corresponde a su propia existencia. No hay que angustiarse ni dejarse atrapar por los agoreros del desastre, más bien se debe esforzarse por superar el momento y poner toda la capacidad para tomar los hilos del ejercicio diario.

Hay madres y padres de familia que se angustian por el futuro que les espera a sus hijos, ante la ola de crímenes, drogadicción, incapacidad de los políticos para mejorar las condiciones del país, el crecimiento de la pobreza, la falta de oportunidades en el empleo y dificultades para cursar una carrera técnica o profesional y además de toda esta mezcla el peligro que los jóvenes sean atrapados por bandas de delincuentes.

Lo que no recapacitan los paterfamilias es que cada generación se acopla al medio en que nace, crece y se desarrolla, por lo que de la misma manera que ellos tuvieron que decidir lo que querían ser en la vida, también lo serán sus hijos y nietos, de manera que cada quien sabe acoplarse a las circunstancias. Quién podría predecir en la penúltima década del siglo pasado que habría teléfonos móviles o celulares con los que actualmente se tiene una comunicación directa, algo que entonces sólo era por radio-localizador, que fue lo más cercano a lo que hoy cualquier persona tiene y que inclusive puede entablar conversación inmediata a miles de kilómetros on una nitidez que parece que están en la acera de enfrente.

Entonces, todo lo que se diga sobre lo que vendrá después del coronavirus es sólo ganas de hacerse notar y la manera más simple de demostrarlo son los ciclos de la naturaleza que cada año llegan con puntualidad inglesa, anunciándose ya huracanes y tormentas tropicales que se presentarán a diferentes niveles en México, por lo que cada entidad deben prepararse para hacerle frente a los estragos que seguramente dejarán, como ha sido tradicional.

Está claro que después de ocho o diez semanas de inactividad productiva hay serios trastornos en la economía personal, familiar y de las empresas, pero esto podrá superarse en los próximos meses con luchar y dedicarse, algo que también se hizo después de la suspensión de actividades de hace once años, de manera que se debe tomar todo en su justa dimensión  y de aquello que se escuche o se lea adoptar sólo lo positivo.

MUCHOS MENEADORES

Como estaba previsto, la vida productiva en Aguascalientes comenzó el lunes con una primera etapa, al abrir sus puertas algunas empresas y otras lo harán en el curso de los próximos días o a partir del uno de junio, todo ello bajo normas de protección a la salud del personal y la clientela.

En cambio, restaurantes, antros, merenderos y bares podrán hacerlo siempre y cuando tengan la autorización municipal y que cumplan con las disposiciones de la Secretaría de Salud, por lo que están sometidos a la supervisión que cada quien haga y permita la reapertura.

Los propietarios de estos negocios sufren cuantiosas pérdidas después de dos meses que fueron obligados a cerrar y ahora que pueden reabrir tienen que enfrentar el burocratismo, ya que si a uno de los inspectores (hoy rebautizados como “guardianes de la salud”, a semejanza de Guardianes de la Revolución Islámica en Irán) se le ocurre que no llena los requisitos seguirá inactivo.

En cada municipio los alcaldes o alcaldesas dictaron sus propias directrices, por lo que en unos se permitió la venta de bebidas embriagantes y en otros se impuso la ley seca, mientras que en algunos han llegado a la clausura de tiendas de abarrotes por “excederse” en la comercialización del producto o porque los clientes no guardaban la debida distancia o no portaban el cubrebocas.

Ahora, para tener la venia con que puedan reactivar sus negocios, restaurantes, bares, cantinas, merenderos y antros, entre otros, deben obtener la anuencia de ambos niveles de gobierno, por lo que si uno de ellos no lo permite seguirá sin abrirse paso, lo que no obsta para que se les exija que paguen impuestos, derechos y otros tributos.

Si en verdad se quisiera apoyar a este grupo de economía bastaría con entregarles un escrito que contenga las obligaciones que debe cumplir y con visitas de inspección se podrá comprobar si cumplió con cada requisito, no que cada contribuyente debe acudir a solicitar el reinicio, cuando no fueron ellos los que cerraron y tampoco incumplieron con sus obligaciones ni les fueron clausurados.

Todo es cuestión de querer respaldar a esos negocios, ya que no es lo mismo un restaurante con 15, 20 o más empleados a uno familiar, por lo que exigir condiciones similares son ánimos de fastidiar o darse importancia, cuando la tarea de cualquier gobierno es ser impulsor y facilitador de las tareas que lleven a cabo los ciudadanos.

Aquí se tropezó con la misma piedra que a nivel federal, que dejó a los gobiernos estatales actuar de acuerdo a sus normas internas, por lo que al no haber una acción uniforme para toda la entidad  cada ayuntamiento actuó a leal entender, aplicando reglas que pueden tener algún sustento reglamentario, pero no concuerdan con lo que demanda la sociedad.

Además, con el pretexto de supervisar las condiciones en que funciona cada lugar, tanto de una como de la otra dependencia podrán ordenar el cierre inmediato sin importar el daño económico que causen, pero como bien dijo no se quien, ellos tienen seguro su sueldo por lo que difícilmente podrán entender el perjuicio que provocan con sus decisiones.

GOLPE A LOS POPOTEROS

Algo que no estaba previsto sucedió con la pandemia, al permitir el uso de envolturas con celofán, como parte del cuidado sanitario que debe haber en el manejo de alimentos y otros productos para evitar los gérmenes. Esto ha sido un “estate quieto” a los ex regidores popoteros que al concluir su labor en 2019 se ufanaban de haber logrado la aprobación en el Cabildo de Aguascalientes que prohibía la utilización de este material, que entre otros impide los popotes, envases de plástico, etc., con el argumento que es dañino para la naturaleza. No esperaron demasiado para comprobar que su gestión se fue el caño – por lo menos en esta temporada -, al haber miles de cubrebocas que se envían a la basura, guantes, batas, pañuelos y otros artículos hechos con material de látex, etc., y que irremediablemente pasan a ser parte de los desechos que no pueden eliminarse. Se calcula que a nivel nacional se han generado alrededor de 300 toneladas de residuos infecciosos y que cada enfermo por coronavirus puede producir hasta 12 kilos diarios de restos contagiosos, además de las bolsas de plástico que se pide a la población que utilice para descargar cubrebocas y pañuelos, los que al llegar a los tiraderos se convierten en parte de la montaña de desperdicios. La ley o reglamento que prohíbe su uso – y por lo cual hubo una auténtica cacería para multar a quien utilizara bolsas de plástico en tiendas y puestos de comida callejera, principalmente -, hoy es letra muerta ya que la única manera de poner a salvo la salud de la población es que todo aquello que la preserve debe de ser aplicado.