1004506847Paloma Villanueva
Agencia Reforma
Lejos de ser un pase directo a la soledad y la enfermedad, para una mujer rebasar la sexta década de la vida es una oportunidad para plantearse nuevos proyectos y dedicarse a disfrutar, considera María Esther Erosa, especialista en desarrollo humano.
Cuando cumplió 70 años, María Esther buscó libros sobre la tercera edad y sólo encontró una colección de tratados sobre artritis, reumas, Alzheimer y ácido úrico, por eso decidió escribir ¡¿Ruuuca yooo?!
«El calendario dice que tengo 70 años, el espejo dice que no me veo de 70 y yo me siento como de 50; y no soy la única.
«Es verdad que muchas mujeres de mi edad sólo hablan de enfermedades y de todo se quejan,  pero muchas otras están buscando qué hacer con su vida», asegura.
Con cinco hijos, doce nietos y 30 años de experiencia en impartición de conferencias y cursos sobre desarrollo humano, María Esther sigue teniendo la agenda bastante llena pero tiene tiempo suficiente para disfrutar de su pareja, aunque prefiere no vivir con él.
A nadie atiende más que a sí misma y esa es la recomendación que hace a las mujeres mayores que siguen resolviéndole la vida a sus hijos.
«Me da mucha tristeza ver mujeres que a esta edad siguen trabajando para mantener a los hijos y a los nietos porque el hijo anda realizándose en el rock and roll o porque el otro cincuentón está deprimido.
«Les cuesta trabajo ver hacia adelante y decidir qué quieren para ellas porque muchas no han vivido su propia vida. Viven en función de los demás y cuando los hijos se van se quedan vacías», reflexiona.
Dejar los costales de culpas y rencores es primordial para emprender un camino nuevo, dice María Esther, porque son justamente las amarguras, decepciones, reconcores e incluso las frustraciones de los demás, lo que nos hace envejecer.
«No puedes andar por la vida cargando una maleta de piedras, con piedras en los zapatos y espinas clavadas en los tobillos por lo que te hicieron, lo que te dijeron, los que te abandonaron.
«El acto del perdón no es más que un acto de amor por mí misma, tengo que perdonar a los que me hicieron daño y perdonarme a mí para dejar atrás las culpas y poder viajar ligera», explica.
Lo que sigue es un ejercicio de reflexión para recuperar todos los anhelos y sueños que no fue posible alcanzar porque el trabajo y el cuidado de los hijos no dejaban tiempo para ninguna otra cosa.
«Yo ya di, ya trabajé, ya parí, ya eduque, bien o mal pero ya lo hice, ahora me toca detenerme y diseñar un nuevo proyecto de vida para mí.
«Esta es la etapa de la autorrealización, es el momento de estudiar lo que siempre quisiste, hacer nuevas amistades, integrarte a alguna actividad intelectual como un círculo de lectura, dedicarte a alguna actividad productiva, es el momento de llenar tu vida de cosas que te hagan feliz», aconseja.
María Esther considera que muchas mujeres viven en el autoabandono muchos años y eso las lleva a descuidar su cuerpo y su salud, por eso las invita a activarse y llevar un estilo de vida saludable.
«Sin dietas espantosas o rutinas de ejercicio imposibles, pero sí señoras, por inteligencia, por responsabilidad contigo misma, actívense, caminen porque con la edad las articulaciones empiezan a atrofiarse.
«Tomar mucha agua es importante para la digestión y la circulación y hay que cuidar lo que comemos, el picante irrita al organismo, el azúcar te descompensa, hay que comer más verduras y frutas porque eso es energía, cosas simples, usar la lógica para cuidar el cuerpo», explica.
Las fotografías de todos sus nietos en las mesas y libreros de su casa, demuestran que María Esther no minimiza su condición de abuela sino que la disfruta.
Su mensaje para las mujeres de su edad es sencillo: » Que se quieran mucho, que se valoren y que construyan la vida que se merecen porque todavía están a tiempo. Que traten de ser esa mujer que siempre quisieron ser».

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