Natalia Vitela
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Médicos pasantes asignados a comunidades rurales bajo el control del crimen organizado exhiben la violencia y las carencias que se padecen en los centros de salud.
En Durango, donde este mes fue asesinado un médico residente mientras se encontraba atendiendo a un herido de bala, los pasantes exhiben cómo son tratados por los narcos que les exigen atención a punta de pistola.
«¡Qué vergas te importa cómo me llamo! Dame lo que necesito y si no me siento mejor, vengo por ti», fue la respuesta que recibió el Doctor Carlos, cuando preguntó el nombre del joven de entre 15 y 16 años que llegó armado a solicitar atención médica por un fuerte dolor abdominal.
«La atención se le brindó armado», y no llegó solo. «Eran como cuatro o cinco. Entraron con armamento pesado de armas largas, con radios, cachuchas, en una camioneta bastante grande».
El hecho ocurrió en el centro de salud en Tepehuanes, a unas cuatro horas de la capital del Estado.
Otro pasante, también en Durango, cuenta cómo llegaron por él un día de guardia.
«Te suben a la camioneta sin placas, con vidrios polarizados, blindadas. Te llevan en medio».
Lo trasladaron a una casa para atender a una mujer de la tercera edad en estado crítico inconsciente. Era la mamá de una de esas personas y tenía una diabetes en descontrol.