Las mallas metálicas van ganando terreno en las inmediaciones de los complejos habitacionales en fraccionamientos como Pilar Blanco y Potreros del Oeste. La necesidad de proteger viviendas y vehículos particulares de las manos de la delincuencia, deja una huella en el paisaje urbano y reduce al mismo tiempo los espacios de convivencia vecinal.