Por J. Jesús López García

La vivienda constituye el porcentaje más importante en la masa construida de una ciudad. Conforme la metrópoli gana en importancia por su atracción de población procedente desde otras partes, por la bonanza de su intercambio comercial, por la pujanza de su industria o por el dinamismo de su escena cultural, política, entre otros, que es parte de los primeros fenómenos, su suelo va encareciéndose y ello orilla a una construcción que tiende a la verticalidad.
La ciudad de Roma hace unos 1,800 años tenía una densidad constructiva muy fuerte, con edificios de varios niveles que alojaban a los pobladores en conjuntos que hoy podríamos considerar apartamentos; los patricios y ciudadanos acaudalados por su parte, como signo de su distinción y privilegios, buscaban además de sus propiedades dentro de la ciudad, tener en la periferia o más alejadas de aquella, grandes casas en medio del campo. Esas villas eran una recreación, a todo lujo, de la Arcadia bucólica, mítica y perdida de los tiempos pasados. Naturalmente el entorno de las villas eran campos de labranza bien comunicados de la misma finca; con el tiempo, a la caída del imperio, muchas de esas propiedades se constituyeron como los primeros feudos de la Edad Media, que al perderse la hegemonía latina acabaron por amurallarse, dejando a las ciudades en un retroceso que duró casi mil años.
En nuestra urbe aguascalentense -ciudad correspondiente a una región productiva-, el precio del suelo va en aumento y la vivienda sigue su expansión y su encarecimiento mostrándose ese fenómeno mucho más fuerte en algunas zonas de la mancha urbana. Lo curioso es que la metrópoli no gana en densidad sólo creándose burbujas inmobiliarias que en su expansión tienden a reventar y diluir la fuerza de su propio mercado. Al igual que en la Antigua Roma, quienes pueden hacerse de una propiedad con todos los rasgos de lo exclusivo, lo hacen en zonas privilegiadas, pero lo mismo parecen seguir todos los segmentos de mercado pues la horizontalidad en los desarrollos habitacionales en general parece obedecer a la facilidad de urbanizar y repetir el mismo modelo de casa, que apostar por conjuntos verticales que exigen mayor pericia técnica y un compromiso comunitario de sus habitantes mucho más fuerte.
Ejercicios habitacionales como la Unite d’habitation de Marsella del maestro suizo Charles-Edouard Jeanneret Gris, mejor conocido como Le Corbusier (1887-1965), no solamente son postulados arquitectónicos, artísticos y técnicos, sino también “ensayos” de lo que pudiese llegar a ser la conformación de una unidad comunitaria urbana. A partir de ese edificio se han levantado muchos con más o menos fortuna. Sin embargo es la presión del mercado inmobiliario más que los planteamientos sociales y arquitectónicos lo que finalmente pone el punto final con su premisa básica de mayor rentabilidad, situación que manda a un segundo plano lo demás. Aún así, de manera más modesta, se han realizado experimentos habitacionales buscando en la vivienda dispuesta en conjuntos de varios niveles, una mejor disposición urbana para el desarrollo y una preferible integración de sus ocupantes, como el caso del conjunto que se encuentra ubicado en la avenida López Mateos y la calle Cosío.
En los apartamentos pueden apreciarse espacios libres donde se pretende integrar a una colectividad de manera más proactiva -en los bloques de vivienda, esos son sustituidos por las llamadas “amenidades”-. Si esos edificios fueron famosos en su potencialidad para integrar a una comunidad o si fueron un éxito de rentabilidad, no lo podemos saber, sin embargo sí consideramos que es necesario abordar ejercicios como ese proveniente de unos 67 años atrás a nuestros días, pues la horizontalidad de la vivienda que ha prevalecido en las últimas tres décadas en Aguascalientes ha establecido una pauta de crecimiento que va dejando despoblados muchos núcleos de nuestra ciudad con la consiguiente dispersión de servicios, la desigualdad en los precios del suelo, la insuficiencia de factores importantísimos como la seguridad pública y las dificultades crecientes para el derecho a una movilidad más asequible a toda la población, por no hablar de la percepción de nuestra urbe como muchas ciudades que coexisten de manera poco integrada en una sola.
La densidad constructiva no es solamente una moda plástica, sino una necesidad urbana comprendida en las primeras grandes ciudades de la Humanidad, pero su mantenimiento y buen funcionamiento atañe a moradores, autoridades y promotores por igual, no es una cuestión de consumo, sino una decisión comunitaria que opte por la unidad más que por el privilegio, por la disciplina más que por el mero consumo, por la ciudad como un todo, más que por la fragmentación.
Aguascalientes presenta un esquema horizontal por la conformación de valle, lo que hace que el crecimiento de la mancha urbana sea en ese sentido. Los múltiples nuevos fraccionamientos continúan ofreciendo viviendas unifamiliares, tal vez porque contamos con suficientes terrenos que se extienden a lo largo y ancho y largo del valle, sin embargo, sería conveniente que en un futuro cercano se lleven a cabo conjuntos verticales que ofrezcan una nueva y fresca oferta habitacional.