Adriana Dávila
Agencia Reforma

MONTERREY, NL.-La pandemia por Covid-19 en Nuevo León no da tregua.
Las salas de terapia intensiva a tope y la “bodega de cuerpos” en el Hospital Metropolitano dan cuenta del repunte acelerado en casos que se vive en el Estado, que ayer registró un récord diario de 715.
Afuera los familiares lloran.
Adentro, pacientes y médicos se debaten entre la vida y la muerte.
Bajo estrictas medidas de protección, en la semana que terminó ayer -la más acelerada en contagios-, dos periodistas de Grupo REFORMA tuvieron acceso a la Sala 3 de terapia intensiva del Metropolitano, adecuado desde abril para atender exclusivamente a pacientes con coronavirus.
La jornada tuvo dos muertes, angustia para salvar vidas y pacientes sedados al borde del fallecimiento, pero también casos que avanzaron positivamente gracias al esfuerzo del personal médico.
En la sala había 19 pacientes en estado crítico que respiraban sólo gracias a los ventiladores artificiales.
A la entrada, un equipo de médicos se preparaba para arrebatar de la muerte a un paciente con un cuadro severo debido a su obesidad.
La lucha duró 15 minutos, en los que los médicos intubaron al paciente y le pusieron respiración artificial. Finalmente lograron estabilizarlo.
“Estos pacientes que se intuban, la mortalidad es muy alta en ellos”, señaló fatigado el doctor Juan Antonio Pérez, que encabezó el proceso.
“Los tratamos de apoyar de manera inicial con oxígeno suplementario no invasivo”, agregó, “pero la mayoría de ellos requiere flujos altos (de oxígeno) y es necesaria la intubación”.
Pero también hay pacientes que vencen el virus.
A doña Ignacia, de 75 años, su hija la infectó después de viajar a Guadalajara.
Luego de varios días conectada al respirador logró articular palabras.
A los incrédulos les recalca que el coronavirus es real.
“Sí existe, pero les vale”, dice con dificultad, por la tos. “(La gente) anda como si nada y aquí están las consecuencias”.
Esta semana, el número de hospitalizados por coronavirus en Nuevo León llegó a un riesgo máximo al rebasar el 70 por ciento de ocupación, obligando al Estado a habilitar más camas, con lo que la ocupación hospitalaria pasó ayer a 65 por ciento.
El virus también ha cobrado casi 500 vidas. Dos de ellas fueron las de pacientes de la Sala 3 en esa jornada.
Sus cuerpos fueron cubiertos con sábanas blancas y sacados del área para dar espacio a más enfermos.
Otros siete cuerpos de víctimas, embolsados, yacen en una suerte de bodega medio oscura del Hospital, junto a botes y cajas de insumos, esperando que carrozas de funerarias los recojan.
La vida y la muerte es un ciclo interminable para el personal médico, que vive la batalla junto con los pacientes.