Septiembre es quizá uno de los meses que más disfruto, dado que el espíritu nacionalista y el patriotismo resaltan por doquier; sin embargo, el fenómeno Covid19 ha cambiado nuestra manera de vivir y me llena de sentimiento que este año no se han podido constatar las miles de banderas ondeando por las calles que se acompañaban de matracas y silbatos.

Mencionado lo anterior, resulta increíble como nuestra euforia de patriotismo es tan efímera y prácticamente se exalte la mexicanidad únicamente cuando juega la selección mexicana de futbol o cuando celebramos el Grito de Independencia. Hace unas horas, observábamos como el Gobernador del Estado puso el ejemplo y dispuso de una ceremonia elegante, sobria y llena de simbolismos para demostrar que Aguascalientes sigue siendo un referente nacional; mientras que por parte del Ejecutivo Federal, observamos una ceremonia en la que el Presidente decidió gritar sus propias consignas y parece se encarga de continuar con ese culto a su persona.

Desde hace unos años, he decidido aprovechar este espacio para repetir lo siguiente: Ser mexicano, es algo que debería llenarnos de orgullo TODOS los días, ya que ser un verdadero mexicano significa algo más que ponernos la playera de la selección y por ende, significa continuar con el legado de tantos hombres que nos dieron libertad y condiciones para prosperar y convertirnos en una gran nación. Ser mexicano debe llevar aparejada la responsabilidad de defender a capa y espada la idea de ser una mejor nación.

Escuchar el famoso ¡Viva México! debería de ser un pequeño aliciente o por lo menos un momento de reflexión para verificar si realmente estamos dando nuestro mejor esfuerzo por hacer de este país un lugar mejor; seguro estoy, que tras esta reflexión, todos encontraremos nuevas razones para comprometernos y generar un mejor país desde cualquier trinchera en la que nos encontremos.

Contribuir a la nación, no sólo es la obligación de los funcionarios públicos y menos cuando encontramos que miles o quizá millones de mexicanos se encuentran cegados bajo el lopezobradorismo y sus programas de clientelismo social. Por lo tanto, si queremos corregir los errores de los que tanto nos quejamos, es momento de que nos atrevamos a gritar fuertemente: ¡VIVA MÉXICO! y nos atrevamos de igual manera a trabajar para cambiar a este país del actuar de nuestros gobernantes.

México nos necesita y debemos de recordar que aún tenemos posibilidades para evitar que nuestro país tome un rumbo sin retorno. El próximo año celebraremos una de las elecciones más importantes, ya que ahí será cuando verdaderamente tendremos que reflexionar si queremos un México mejor o queremos continuar bajo una representación pobre que denota un clima de incertidumbre e inestabilidad; será ahí, cuando la oposición mexicana o lo poco que queda de ella, deberá exponer y evidenciar los pocos logros de la administración federal actual, para que la ciudadanía busque un México mejor.

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