Vistas baldías al pasado

Por J. Jesús López García

Como sucede con las personas, las fachadas en la ciudad, a manera de caras muestran sólo una fracción del gran cúmulo de circunstancias que guardan. En los edificios, esos factores son desde historias, actividades pasadas o todavía vigentes, rincones donde la vida se desarrolla de manera cotidiana, reflejos de experiencias personales y colectivas que en ocasiones, y en algunas veces de manera extraña, trascienden las fronteras de los paramentos de la finca.

De esa manera por muchos años quedó oculta la Escuela de Cristo ubicada en el andador Juárez, al quedar detrás de un edificio posterior,-ya inexistente- que la tenía escondida y la hizo casi inaccesible, casi, pues siguió siendo una bodega de uso particular, ocultando también años de historia de la docencia en Aguascalientes pues la Escuela fue el primer centro de enseñanza formal en nuestra ciudad -siglo XVIII, particularmente en el año de 1773- y además era pública. Como se apreciará, incluso el no ser visible al público general, hace de un edificio importante e histórico, un objeto utilitario más que en el peor de los casos, termina siendo demolido en aras de buscar un mayor beneficio.

Sin embargo, no todos los inmuebles ocultos, o partes que no se perciben desde el exterior de los edificios, poseen un lustre histórico como el de la Escuela Pía, simplemente por el cambio de uso que la ciudad va exigiendo en sus inmuebles, y por el parcelamiento de la propiedad raíz, muchas construcciones van quedando abandonadas y ocultas, esperando su destrucción definitiva o su nueva puesta en vigencia a través de un nuevo ciclo.

El centro de la ciudad de Aguascalientes es pródigo en construcciones ocultas al interior de sus manzanas ya que su traza obedecía a factores que el mercado inmobiliario actual ya no toma como principales: escurrimientos naturales de agua –del oriente al poniente de la mancha urbana-, transacciones personales de terrenos con base en la palabra de los tratantes, y que se desprendían de necesidades particulares que desbordaban la lotificación regulada de los fraccionamientos actuales.

Recordemos que antes de las colonias y fraccionamientos del siglo XX, los barrios juntaban en una sola propiedad el lugar de la vivienda y el sitio del trabajo de las familias. Es así como las viejas huertas de la ciudad, en barrios como el del Encino, el Llanito o la Salud, dejaron en muchos terrenos, fincas de gruesos muros dispuestas para resguardar árboles frutales cuyo producto se almacenaba en algún lugar de esos conjuntos.

En varios predios de las calles aledañas a Zaragoza aún hay partes de lo que fuesen establos ya ocupados por establecimientos comerciales; hay residuos de esas viejas construcciones que todavía muestran su brillo –baste traer como ejemplo la escalinata señorial y sus arcos eclécticos de un viejo casino que aún pueden verse en el interior de uno de los establecimientos que dan hacia la calle Moctezuma, justo abajo del Hotel Imperial-; pero hay algunas otras construcciones que por ser en su momento de carácter totalmente práctico,en la actualidad en que se ha prescindido de sus servicios, ya no poseen sus características a buen resguardo del tiempo.

Como lo que parece ser parte de lo que fungió como un mesón –es solamente una hipotesis-, en las inmediaciones del templo del Sagrado Corazón; se podría suponer que era parte de la estructura de mesones que iniciaban en la vieja entrada desde Zacatecas -actual 5 de mayo donde entronca con Zaragoza-, donde se daba hospedaje y se brindaba servicio de almacenamiento a los vecinos que traían mercancías y productos a vender en los mercados locales -el ahora Jardín de Zaragoza por ejemplo, era antes una explanada dedicada a funciones de mercado-; si la finca referida  no era un mesón, posiblemente era un establo o un sitio donde se guardaban animales grandes. Lo que sí podemos apreciar en el lugar es que esos terrenos extensos al interior de las manzanas del centro de la ciudad, aún albergan construcciones añosas que antes de perderse, siguen narrando la historia de nuestra capital desde la manera en que su comunidad vivía.

Es un Aguascalientes que ya sabemos no es posible que se repita, por lo que poco a poco pierde sus registros construidos día a día. Fincas de adobe y piedra están condenadas a la destrucción por el costo que entraña arreglarlas pero también por que ese tipo de obras está ligado a funciones y configuraciones urbanas en las que ya no tienen cabida. Los interiores de manzana por su parte, con o sin fincas en ellos, esperan aún una nueva ocupación más ingeniosa que el dejar que su estatus baldío siga prevaleciendo.

La finca descrita es un testimonio de estas construcciones que aún coexisten con nuestra arquitectura actual y que nos regalan, antes de perderse, vistas interesantes a nuestro pasado. Es un hecho que hoy en Aguascalientes todavia existen multiples ejemplos de arquitectura que nos muestran la forma de ser y de sentir de generaciones pasadas, que con un reciclaje continuarán muchos años más.