Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Este cronista del municipio de Aguascalientes se fue el Viernes Santo de viacrucis, a fin de dar testimonio pormenorizado de los hechos que culminaron con la muerte de Jesús de Nazareth, tal y como ocurrieran en algún rumbo de esta demarcación político administrativa… Pero he aquí que se equivoca de rancho y trasciende las fronteras de esta, como decían los antiguos, comprensión administrativa, para ir a dar al vecino territorio de El Llano, y apersonarse en San Miguel de Sandovales donde, ¿cómo no?, el nazareno también fue víctima de una conspiración judeo romana que lo elevó en una cruz y luego lo derribó bajo tierra, a una tumba…

Pero como a nadie le importa, y menos a mí… Digo… No la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo y sus escatológicas consecuencias, sino el que haya yo abandonado momentáneamente el municipio, vaya pues el testimonio, porque escrito está, que siendo Aguascalientes todo me interesa.

Llegamos justo cuando Jesús era condenado a muerte allá, en la salida al camino a El Copetillo. Somos mi Venus, el joven mexiquense Carlos Alberto González Arzaluz, en ese momento nuestro huésped, y este servidor, para quien la palabra es como la copa de vino con la que se comienza a alucinar.

Nos presentamos en el momento en que una mujer hace una reflexión sobre la infidelidad matrimonial. Luego vino el rezo de un Padrenuestro, un Avemaría y las consiguientes jaculatorias, una de las cuales desconocía yo: Madre llena de dolores, has que cuando expiremos, nuestras almas entreguemos, por tus manos al Señor… Rima sencilla para gente sencilla, fácil de aprender. Por cierto que en ocasiones, a lo largo del recorrido el sacerdote sustituye el Dios te salve, María tradicional, por un Alégrate, María. Cierra el ciclo un canto, que pareciera el combustible que hace caminar a las personas en esta mañana silenciosa de primavera.

Canta el eclesiástico y cantan las mujeres, y entretanto el contingente, unas 50 personas, avanza rumbo al rancho, se interna en él y lo recorre hasta el otro extremo, deteniéndose de cuando en cuando para repetir la rutina: anunciación de la estación en turno, repaso de un fragmento evangélico, reflexión, lectura de otra reflexión, referida a la familia, y reanudación de la marcha con el rezo y el canto, y lo que son las cosas: este lugar está, literalmente, en medio de la nada, y no a la vera del camino que conduce a algún lugar famoso ni frecuentado. Por aquí no se llega ni a Roma ni a San Juan de los Lagos, y ni siquiera a las ensambladoras de autos japoneses -no directamente, pues-. Y sin embargo, el mundo está aquí, en la lectura que el cuasi párroco hace, que procede de la página de Internet del Vaticano, el Viacrucis de 2012… Tan cierto como que las reflexiones sobre el matrimonio vienen de un Viacrucis de la Familia, escrito el matrimonio Zanzucchi, a encargo del papa jubilado, Benedicto XVI, para el último Viacrucis de su pontificado, 2012, y no deja de sorprenderme el hecho de que estas ideas hayan viajado desde el lado antiguo del océano Atlántico hasta éste; hasta esta porción de trópico semiárido.

Encabeza el trágico cortejo una niña que porta un Cristo crucificado, plateado. Va franqueada por otras dos infantas vestidas de acólitas –sotana roja y cota blanca-, que llevan porta velas con éstas apagadas. Salve, cruz bendita; madero sagrado, que cargó en sus hombros mi Jesús amado…

Le siguen 11 hombres, debidamente caracterizados de judíos, túnicas y mantos de vistosos colores, combinaciones de alto contraste; 11 apóstoles entre niños, jóvenes y adultos. Los cuatro que van delante llevan en andas dos imágenes, una de Cristo camino al Calvario y otra de María en su advocación dolorosa…

Es este un día nublado, pero el Sol aprieta. Las nubes le hacen lo que el viento a Juárez, de tal manera que sus rayos llegan hasta esta tierra seca. Por ello los hombres que portan las andas se relevan, aparte de que pronto algunas mujeres se acercan y les ofrecen la momentánea frescura de un parasol.

Donde los hay, los perros ladran nerviosos ante este insólito desfile; quizá la voz amplificada del sacerdote que canta la invocación a la cruz los pone de nervios y les provoca esa reacción. Muy valientes, muy valientes, pero más bien ladran de lejecitos, por aquello del no te entumas, aunque algunos lo hacen tras las puertas de las casas que comparten con personas, gallinas y algún otro animal.

La caminata concluye en el templo donde la feligresía local venera a la Virgen del Refugio. Casi en la entrada se me acerca un señor, sonrisa desdentada, piel morena. Se acerca y pregunta: ¿usté’s de algún periódico? Pa’ir a comprarlo, porque por aquí está todo bonito. La pregunta responde a que me ha visto con la cámara, disparando a diestra y siniestra, aparte de que aquí soy un desconocido. Le doy la referencia y seguimos adelante. Los apóstoles llevan las imágenes hasta el frente y las dejan en el espacio que separa las bancas delanteras de la balaustrada que hace las veces de reclinatorio y límite del altar; exactamente a la antigüita.

Desde el altar un joven que asiste al eclesiástico reza la XIV estación, Jesús es colocado en el sepulcro, y luego el cuasi párroco lee el discurso pronunciado por el papa Benedicto XVI al culminar aquel último viacrucis. Por mi parte yo, perdóneme lo rupestre pero, será el calor y la sequía, o será el recuerdo de la Ciudad eterna, el hecho es que me imagino un gelato di menta, o a falta de este, un tiramisú… Además del helado de color verde pastel y consistencia de mezcla de albañil, vienen a mi memoria el templo del Gesù, con su pintura al fresco del techo, que conmemora el triunfo del nombre de Jesús, el foro romano, la basílica de san Pedro y la columnata de Bernini, la columna de Trajano…

Pero, ¿qué le dirá a estas personas el discurso papal; qué imágenes generará en sus mentes? Me encantaría saberlo, aunque quizá no llegaría muy lejos. Concluye la reflexión papal y el viacrucis. El eclesiástico anuncia otros servicios litúrgicos que habrá, y quizá en referencia a nosotros, dice que ojalá y las personas que nos visitan asistan, pero es hora de regresar. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).

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