Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Hay que decirlo: simplemente no hubo modo en que el eficiente director Andy Serkis (“Mowgli: Relatos de El Libro de la Selva”, “Una Razón Para Vivir”) pudiera hacerle algo de justicia al amado personaje de la Marvel y antítesis del Hombre Araña en esta nueva iteración cinematográfica con el desparpajado guion elaborado por Kelly Marcel e incoherentes colaboraciones argumentales de la estrella Tom Hardy quienes, tal vez inspirados por el éxito crítico y taquillero de “Thor: Ragnarok” (Waititi, E.U., 2017), decidieron aparear a la fuerza el fantástico comiquero con la comedia más bruta pariendo una película donde se malgastan los recursos histriónicos de un excelente reparto, los económicos al presentar una orgía de imágenes por computadora hasta provocar indigestión mental en el espectador las pringosas criaturas del título y los neuronales, pues ni una sola idea o cualquier tropo recurrente del género se ceba de creatividad.

Lo que tenemos aquí es un salteado de la eterna fórmula sobre la “pareja dispareja” a la que los productores de Hollywood apuestan para exprimir algún desplante de hilaridad en el desgastado recurso, aquí con Hardy interpretando al periodista Eddie Brock y su simbionte extraterrestre Venom, quien debe controlar su apetito por cerebros humanos consumiendo gallinas y chocolates, hasta que el asesino serial Cletus Kasady (Woody Harrelson) exige una entrevista con Brock para declarar su punto de vista antes de ser ejecutado por sus múltiples crímenes, pero en el proceso se arma una trifulca donde Kasady muerde a Brock, sustrayendo accidentalmente un fragmento del simbionte, integrándose a su torrente sanguíneo y transformando a Kasady en Carnage, un ser aún más violento y sádico que Venom.

La estructura de la cinta es meramente anecdótica, es decir, se arman viñetas situacionales donde al espectador se le limita la experiencia narrativa a ver cómo Kasady busca reconectarse con una antigua novia, también enloquecida y con poderes sónicos (interpretada por Naomi Harris) y la relación disfuncional entre Venom y Brock, éste último reconectándose fortuitamente con su eterno amor Anne (Michelle Williams) mientras ella busca hacerse una nueva vida después de los eventos de la película anterior. Todos estos elementos no buscan cohesionarse, incluso se repelen ante el ambivalente ritmo que marca el guion al darle preferencia a los aspectos más facilones y banales del “protector letal” extraterrestre, por lo que Serkis debe limitar debido al trivial guion a mostrar a Venom preparando el desayuno, Venom discutiendo “cómicamente” con su huésped o Venom en la disco ofreciendo un discurso de lo más pueril cundo más atractivo sería revisar las implicaciones emocionales y psicológicas de llevar en las entrañas a un ser de otro mundo o ahondar en las relaciones amorosos del filme, una tan torcida y perversa como la de Kasady y su súper poderosa novia o Brock y Anne. Pero esto ya es mucho pedir a un filme que se muere por entretener a un público poco exigente y que hace ver a su flojísima predecesora como un drama eficaz. “Venom: Carnage Liberado” es una cinta que en lugar de armar una historia correcta que aproveche a su excelente cuadro de actores se queda en un pegajoso intento por divertir con un sentido del humor muy tontuelo manufacturado tan sólo como un descarado intento por avanzar la franquicia, lo que hace de la Marvel y Sony peores villanos que el simbionte extraterrestre.

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