22 películas, diez años y billones de dólares recaudados después, llegamos a este punto donde, inspirados en las sagas expansivas propias de su fuente literaria, todo el Universo Marvel Cinematográfico converge para remendar lo que el villano cósmico Thanos (Josh Brolin) destrozó en el punto climático de “Vengadores: La Guerra del Infinito” cuando el susodicho, habiendo reunido todas las Gemas del Infinito, hizo el ahora famoso chasquido de dedos que vaporizó la vida mamífera de medio universo (y especulo que eran mamíferos porque jamás se menciona si los organismos vegetales, ovíparos o unicelulares se vieron afectados). Y mejor título que “Vengadores: El Fin del Juego” no pudo ser elegido, ya que la cinta es un punto conclusivo en todos los arcos dramáticos abiertos desde la primera película de “El Hombre de Hierro” (2008), la cual gestara este intrincado pero entretenido tapiz de historias donde en varias ocasiones los personajes resultaban más hombres que “súper” y que ahora se encuentran en un punto decisivo después de la hecatombe mencionada, resuelto de manera tan clara y lineal que me asombra cómo los directores Anthony y Joe Russo logran conformar una narrativa coherente ante la marejada de subtramas y elementos observados en esta cinta. Creo que la única palabra que pude describirla es “épica”, y por fortuna cada componente es aprovechado al máximo brindando una experiencia por demás satisfactoria -al menos lo es más que la decepcionante cinta previa-.
Desde el inicio se marca la identidad y tono emocional de la película con una secuencia mostrando a Ojo de Halcón / Clint Barton (Jeremy Renner) conviviendo con sus hijos y esposa hasta que éstos se desvanecen a raíz del acto de Thanos. A partir de este punto comprendemos que el leitmotiv de quienes sobreviven, así como su ethos, será recuperar lo perdido para darle sentido, volumen y valor a sus vidas y las del mundo entero, el cual padece por este acontecimiento. La narrativa arranca cinco años después de la aniquilación masiva y los superhéroes restantes -Capitán América/Steve Rogers (Chris Evans), Tony Stark/Hombre de Hierro (Robert Downey Jr.) La Viuda Negra/Natasha Romanoff (Scarlett Johansson), Hulk/Bruce Banner (Mark Ruffalo), Thor (Chris Hemsworth), Rocket Racoon (Bradley Cooper), Máquina de Guerra/James Rhodes (Don Cheadle) y la reformada Nebula (Karen Gillan)- tratan tanto de seguir adelante a la vez de fraguar algún plan que restablezca todo a la normalidad. La respuesta llega en la forma de Scott Lang/Hombre Hormiga (Paul Rudd), quien recién acaba de escapar del Universo Cuántico (preso ahí por razones vistas en su última cinta) y trae consigo información valiosa: por vía de la miniaturización submolecular es posible el viaje en el tiempo, así que se conforman tres equipos que se desplazarán cronológicamente a momentos decisivos de las películas Marvel donde se adquieren las Gemas del Infinito con la finalidad de obtenerlas antes que Thanos lo haga y así ellos reparar el daño con un nuevo guantelete enjoyado. Por supuesto, hay algunas reglas: sólo tendrán una oportunidad pues no existe suficiente materia empequeñecedora para varios intentos (después de todo Hank Pym, interpretado por Michael Douglas y quien inventó el proceso, es uno de los desaparecidos), no deben interactuar con sus versiones del pasado (aunque invariablemente sucede) y no alterar los eventos so pena de crear múltiples realidades alternas. Por si esto fuera poco, Thanos logra descubrir su plan y crea uno por su cuenta con el fin de acabar con los héroes y recuperar las gemas.
Ésta es una cinta demoledora en varios sentidos, pues son tantos los eventos que transcurren que no está permitido pestañear o vaciar fluidos corporales, además aquellos espectadores que se perdieron aunque sea una de los filmes anteriores requerirán ciertas explicaciones, pues el factor de continuidad argumental es muy estrecho en esta cinta, ya que se aluden a múltiples eventos y personajes de las otras producciones Marvel. Pero el esfuerzo vale la pena, pues el guion ahora logra enfocarse en los personajes, sus motivaciones, psicología y emotividad que en diseñar secuencias de batalla espectaculares, aunque no prescinde de éstas, sobre todo el clímax que será el más impresionante jamás filmado en esta serie de películas. Resulta muy interesante ver cómo en una cinta de proporciones épicas que ubica escenas por toda la galaxia y espacios temporales donde se libran peleas fantásticas y bien manejadas, le dé cabida a momentos tranquilos e incluso reflexivos que se perciben necesarios para evolucionar a los personajes y entenderlos como seres humanos que respiran, sangran y sufren más allá de sus deberes superheroicos, como una escena de sesión emocional donde el Capitán América lidia y auxilia a otros a superar la pérdida de sus seres queridos. Este es el ángulo que me enganchó, pues todos los personajes principales tienen su momento de reconciliación con el pasado y el presente y esto permite que la película no sea sólo ruido y efectos por computadora, sino un poco más cine que espectáculo. “Vengadores, El Fin del Juego” claro que es imperfecta, es un despliegue hollywoodense de lo que pueden hacer millones de dólares destinados a efectos especiales y estrellas de cine reconocidas con trajes coloridos, pero en ningún momento se percibe que aspire ser más que eso y si lo hace bien, aunado a los pequeños esfuerzos por brindar una historia más nutritiva y rica que “La Guerra del Infinito”, entonces no sólo me doy por bien servido, también satisfecho de que este juego haya llegado a su fin… por ahora.

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