Por J. Jesús López García

55. Vecindad en La AlamedaLas maneras de habitar en una ciudad son variadas y se manifiestan en cambios polimórficos. Desde los barrios que conglomeraban una comunidad unida por modos de producción similares, ubicándose de manera estratégica respecto a fuentes de materias y servicios ligados a sus labores económicas y a vías de abasto o distribución, hasta las colonias y fraccionamientos organizados de acuerdo a una planificación de redes para propiciar flujos más dinámicos y ordenados, en línea con factores de mercado inmobiliario, la habitabilidad de la urbe se adapta a los tiempos corrientes y al espacio físico disponible.

Las vecindades son una de esas modalidades de habitación que surgen con la explosión urbana, en el caso de Aguascalientes detonada a fines del siglo XIX e inicios del XX a partir de los procesos de industrialización que vivió la metrópoli con los talleres del ferrocarril y los de la fundición. Las vecindades son un fenómeno eminentemente urbano pues a diferencia de los barrios tradicionales en donde sus habitantes compartían estilos de vida similares debido a su ocupación productiva referida a su localidad inmediata, su demografía era variada y diversa, compuesta por personas que llegadas en inicio desde el medio rural y poblaciones aledañas, gradualmente fueron asimilándose a la población acaliteña en enclaves adaptados a la nueva parcelación de la tierra enfocada a lograr un rendimiento inmobiliario distinto al tradicional de las huertas, en ese entonces, ya en franca extinción.

Esta forma de vivir el espacio fue un recurso para brindar alojamiento a los recientes vecinos de origen modesto que arribaban a la capital en fase de crecimiento físico y económico, atraídos por las oportunidades que el fenómeno prometía incorporar a su dinámica de crecimiento. A diferencia de las colonias, las vecindades no se planificaban como soporte de un desarrollo urbano inserto en la vida productiva de la urbe; las vecindades se adaptaban a los intersticios de tierra que la moderna parcelación traía consigo. De ahí que las vecindades muestren esquemas casi orgánicos, con posibilidades de acceso múltiples, diversidad de recorridos internos, añadiendo a su estructura de funcionamiento, incluso, fragmentos de edificios preexistentes.

Este sistema de viviendas posee una morfología que por su irregularidad de trazo y adaptabilidad al terreno, que le sirve de soporte, se asemeja más a la conformación de las casas tradicionales, sin embargo por el tipo de usuarios -diversos y conformando una alta densidad de población en un sitio pequeño-, y su conectividad a la calle, así como por la simbiosis que hay entre el interior privado y lo exterior público o semi público, las vecindades tienden más de la cotidianeidad contemporánea que de aquella tradicional proveniente de un entorno de un perceptible acento rural.

La arquitectura de las vecindades es tan variada como sus ocupantes. Algunas se despliegan haciendo uso de inmuebles añosos, construidos a fines del siglo XIX o inicios del XX, a los que van adosándose obras más recientes. El efecto que producen es de un añadido de sistemas organizados por áreas comunes usualmente dispuestas a manera de patios, lo que genera una vida próxima de relaciones estrechas -aunque eso no es sinónimo de buenas necesariamente-. Otros esquemas se configuran a través de andadores que distribuyen a lo largo de un recorrido las habitaciones, lo que reduce un poco las oportunidades de contacto entre vecinos o las constriñe a una ocupación parcial del espacio público por segmentos distintos de su propia población, por ejemplo por tiempos, las madres en la mañana, los más jóvenes en la tarde.

El lenguaje formal se produce en múltiples cambios: vanos verticales al modo tradicional en los inmuebles más viejos que presentan sucesiones de patios, o volúmenes regulares organizados linealmente con ventanas horizontales. Los materiales correspondientes, desde el adobe y la madera hasta el ladrillo cocido y el concreto, van de la mano de la experimentación estilística. Los edificios se presentan eclécticos, Art Déco, de aires funcionalistas o en una mezcla de todo ello.

Al cambiar las pautas del desarrollo urbano en nuestra ciudad y al modificarse las condiciones de ocupación, oferta y demanda de los espacios habitacionales, favoreciéndose la compra de casas con afanes patrimoniales, incentivándose la regularidad de trazo con fines de planeación de redes de comunicación y abasto de servicios más racionales, las vecindades se han comenzado a constituir como un episodio de habitación ya pasado. Ante una oferta actual de viviendas que vienen en proporciones y dimensiones cada vez más reducidas, con un emplazamiento más lejano, algunas vecindades en buen estado de conservación empiezan a convertirse en departamentos que llevan población joven a partes de la ciudad por mucho tiempo adormecidas. En las viejas vecindades, al menos en las que sobreviven, tal vez se encuentre una favorable oportunidad para insuflar actual vida a zonas antiguas de Aguascalientes.