Por J. Jesús López García

La casa particular es un género arquitectónico que además de ser sin duda el primero en aparecer en la historia de la humanidad -pues de hecho, surgió en la prehistoria, específicamente durante el periodo neolítico-, es el más extendido no solamente en la ciudad, sino también en todas partes donde habite el hombre en la Tierra, pues incluso esos refugios en medio del hielo antártico por ejemplo, pueden considerarse una extensión del hogar humano.

La vivienda es el tipo de edificio más conservador y paradójicamente el más evolucionado; lo mismo es el más cotidiano, que el más simbólico para cualquier persona, pues en ella transcurren nuestros días más comunes, pero también los episodios más trascendentes de nuestra vida. Y es a partir sobre todo del Siglo XX, uno de los grandes temas de la arquitectura.

Antes de que apareciera la modernidad arquitectónica, la casa corriente era un tema casi arqueológico si era tratado desde la historia de la arquitectura, pero a medida que el hombre ordinario fue asumiendo un papel cada vez más preponderante en el destino de su comunidad, la casa de ese individuo común se volvió un tema con una atención cada vez más aguda por parte de los arquitectos. Antes de ello las edificaciones que capturaban esa atención eran las pertenecientes a las élites aristocráticas o a los grandes señores, como la “Domus Aurea” –Casa Dorada- de Nerón, obra de los arquitectos Céler y Severo en los primero años de la Era Cristiana, o la Villa Rotonda del arquitecto Andrea Palladio (1508-1580) en el siglo XVI; ambos palacios que aún siguen siendo de estudio y emulación por parte de historiadores del arte y de la arquitectura y también de los arquitectos desde prácticamente la realización de los dos edificios.

Pero es durante el siglo XIX y sobre todo desde el siglo XX al iniciarse la consolidación de los estados nacionales modernos cuando comienzan a evolucionar las democracias y cuando ese sistema político no prosperaba, quedaba manifiesta la necesidad de los gobernantes de procurar el abasto en servicios, y en lo posible de vivienda para las masas de población que desde el campo llegaban en grandes cantidades a las ciudades atraídas por la riqueza que las fábricas y el comercio urbano prometían a los recién llegados.

En Aguascalientes se dio una explosión demográfica importante al establecerse los talleres ferrocarrileros y las instalaciones de la Gran Fundición Central Mexicana a fines del siglo antepasado; antes de ello los barrios originales delimitaban los distritos urbanos de una ciudad pequeña, pero a la llegada de los centros laborales industriales mencionados, las colonias de obreros y las colonias de las clases acomodadas compartieron además de una traza ortogonal y cierta regularidad en su lotificación, la voluntad comunitaria de articularse esos nuevos distritos de vivienda con el resto de la ciudad, de una manera más abierta; ello necesariamente cambió de una manera importante el modo de concebir la casa, pues la vivienda no fue a partir de aquí como una especie de inmueble hasta cierto punto secundario.

En el siglo XX las colonias residenciales del segmento social que fueren, se convirtieron en el objetivo principal de las ciudades modernas; para ello los modelos de las casas habitación fueron manifestando su objetivo principal de proporcionar a sus ocupantes de lo mejor que la técnica y la habitabilidad pudiesen proveerle. Desde la casa Dom-ino –Domus-innovation- de Le Corbusier (1887-1965) en 1914-1915, hasta la casa Dymaxion –Dinámico, máxim y tensión- de Richard Buckminster Fuller (1895-1983) en 1933, y de ella hasta los proyectos actuales, los hogares para el hombre común han sido lo mismo ocasión de utopías sociales para mejorar la calidad de vida de sus moradores, que de lucro para los desarrolladores. Como sea el caso, continúa siendo el gran tema para la planeación urbana, lo que no es sencillo ya que la forma en que se habita un espacio doméstico y sus múltiples relaciones con los lugares de trabajo, estudio y esparcimiento, se hacen más complejas con las aún más diversificadas funciones de una casa contemporánea donde trabajo, estudio y esparcimiento también se dan cita en ella -aún más evidente todo esto en nuestros tiempos de pandemia-.

Como un repaso general de la vivienda en nuestra ciudad aguascalentense, tenemos una finca ubicada en la calle Morelos No. 534 probablemente de mediados del siglo pasado, ya retranqueada parte de su fachada respecto al paramento a la manera de los chalets -de influencia anglosajona-, la cochera proyectada y construida como tal, sobre la que se dispone una terraza, todo edificado con ladrillo cemento y acero, una de esas casas que quedan como registro de la historia de la vivienda en Aguascalientes, cuya fábrica es más prolífica en el siglo XX en que los demás siglos anteriores, pues basta que llevemos a cabo un recorrido por el Centro de la ciudad para darnos cuenta que quedan aun en pie muy pocas de los épocas pasadas, pues edificaciones construidas con adobe, madera y piedra fueron desapareciendo a través de los años.