Diana Hernandez De Paz 
Agencia Reforma

CDMX.- Cuando parecía que el mensaje de la sana distancia estaba claro, una concentración masiva tuvo lugar ayer en el mercado de mariscos La Nueva Viga, en Iztapalapa.

Desde las 11:30 horas, el Eje 6 Sur, desde la estación del Metro Aculco, y Canal Río Churubusco, a la altura de Santa María la Purísima, principales vialidades que llevan al centro de abasto, registraban tráfico lento.

En el acceso principal, sobre Avenida de los Aztecas, llegaban y salían llenos los autobuses del transporte público con hileras en los puestos de filetes y empanadas sobre la acera, donde se sentaban a comer las familias.

Dentro, en los pasillos C, D y F, dedicados a la venta de pescados y mariscos al menudeo, los consumidores avanzaban lentamente. Frente a ellos, sin cubrebocas, los vendedores gritaban sus ofertas y, sin guantes, pelaban camarones y arrancaban las vísceras de las mojarras.

“Aunque es mal día por lo de la enfermedad y muchos se asustan, estamos vendiendo bien, sí está viniendo la gente, ahorita llevamos ya casi una tonelada”, señaló Rodrigo Núñez, vendedor mayorista de pulpo.

Fernando Álvarez era una excepción entre los vendedores, además de lo esencial, obligó a sus trabajadores a llevar cofia, careta con visor de plástico y, antes de entregar la mercancía, reparte gel a los compradores.

Varios asistentes coincidieron en que los precios justificaron el viaje y que el cubrebocas, para quienes lo usaban, era protección suficiente para evitar el contagio de Covid-19.

“Me llevo de una vez para el fin de semana, la mojarra la encontré bien barata, llevo tres kilos por cien; el medio de camarón grande a 70”, compartió Alma Ruiz, vecina de Meyehualco.

Mientras para algunos comerciantes ayer fue un buen día, los mayoristas de los pasillos A y B no dejaron de acumular pérdidas debido a que sus principales clientes son hoteles y restaurantes.

“Al no consumir los productos que no son para restaurantes, no hay quién los compre; yo le puede hablar del marlin, del salmón, del filete de atún, ése estaba el kilo en 480 pesos, ahorita a 150 y no se vende, la gente no sabe comerlo”, comentó el locatario Jorge Toral.

También está el caso de Yazmín Tapia, quien vende productos importados como el surimi americano, el calamar chileno y la tilapia china, los cuales se han encarecido.

“A ellos se les abarataron, a mí se me subieron, pagaba como 300 dólares por una tonelada de calamar, ahorita está en casi 500; eso más los gastos de refrigeración, que son entre 60 y 80 mil pesos al mes”, detalló Tapia.

Aunque los estacionamientos están llenos, no falta quien encuentra un espacio e improvisa una barra y mesas donde vende cervezas preparadas a los que deciden descansar unos minutos antes de irse.