Natalia Vitela
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Médicos, residentes y enfermeros del área Covid del Hospital Manuel Gea González cuentan sus miedos al tratar a pacientes con el virus. Advierten que, además de los enfermos, deben lidiar con los trajes de protección, que dan la sensación de asfixia, y con los respiradores, que no son fáciles de usar.

‘No puedo respirar, me tengo que salir’
“No puedo respirar, me tengo que salir, no puedo respirar”, gritó una doctora a media jornada en el área de terapia intensiva del Hospital General Dr. Manuel Gea González, en donde se atienden los casos graves de Covid-19.
“Le dije: ‘Tranquila, Pili, yo ya lo viví. Respira profundo, ahorita se te pasa'”, recordó Jordana Lemus, líder de los intensivistas “de piel gruesa” que pese a llevar varios años de “vuelo” en esa área, con la epidemia han sufrido verdaderos ataques de pánico.
“Esto está muy rudo, me voy a salir tantito al pasillo; déjame sentarme a respirar”, dice que clamó en otra ocasión uno de sus médicos.
La propia Lemus, a cargo de 15 intensivistas y 5 residentes, sintió miedo cuando el 10 de abril llegó el primer paciente con el nuevo coronavirus.
“Te tienes que controlar Jordana, porque a la primera lagrimita que te vea tu gente se van a sentir, inconscientemente, con todo el derecho de salir corriendo, y ahorita no estamos para estas cosas. Entera, fuerte”, se dijo ese día.
Tener delante a un paciente altamente infeccioso a quien se le va la vida en segundos le causó desolación.
“No temía por mí vida, soy una rebelde, sino por mi gente, porque soy la líder del grupo. De inmediato pensé: ‘¿Y si se me enferma fulano, y si se me enferma zutano, y si se me muere? Como si fuera mi culpa, y no es mi culpa, es una pandemia, no hay culpables”, declaró.
Los intensivistas, quienes ya estudiaron medicina y otras ramas, se especializan dos años más en medicina del enfermo en estado crítico. Están acostumbrados a lidiar con casos extremos, complicados y con la muerte.
No obstante, lamentó, pese a todos esos años de preparación los residentes lloraban los primeros días.
“Salían del área y estaban sentados ahí llorando. Todos llorando, fue muy fuerte, nunca los había visto así, y tengo años siendo profesora de la especialidad”, señaló Lemus.
Pero, sí algo los caracteriza, aseguró, es su resiliencia. No pueden invertir demasiado en lamentarse. Deben estar listos para atender.
“Se forman una coraza, si no ya estarían muertos de la tristeza, y están acostumbrados a la muerte”, expresó.
Este equipo de batalla es sólo uno de los tres que atienden en las áreas Covid-19 del Gea. Durante ocho horas se la pasan metidos en el equipo de protección y la sensación de asfixia apabullante es el menor de sus problemas.
En un principio pensaron que serían suficientes 10 camas de terapia para críticos y un número similar de camas del preoperatorio para no intubados, pero la realidad los rebasó, tuvieron que extenderse hasta el área de recuperación quirúrgica, pues se requerían al menos 10 camas más con respirador.
Hoy, afirmó, continúa el pico de la epidemia. Llevan así por lo menos un par de semanas y consideró que esto se mantendrá por otras dos, ante esto, subrayó, su equipo está cada vez más fuerte.
Sin embargo, pese a todas las horas dedicadas a los pacientes la doctora dice que los integrantes de su equipo, así como ella, no se sienten héroes.
“Estamos haciendo lo que nos toca hacer. Somos la generación de una pandemia”, aclaró.