Víctor Hugo Granados Zapata

Con la implementación del nuevo marco curricular y plan de estudios propuesto por la SEP, muchas personas desde el ámbito académico y la sociedad civil se han opuesto a su implementación debido a que se ha señalado que dicho cambio tendría efectos corrosivos en la educación de las y los estudiantes de educación básica. Eduardo Backhoff Escudero, presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa A.C. y ex consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, realizó una fuerte crítica al respecto en el portal Nexos, señalando grosso modo en su artículo “Currículo Improvisado y Empobrecimiento Educativo. Parte Uno.” que las motivaciones que están impulsando este cambio son de origen político, puesto que cada reforma al marco curricular le genera un beneficio a los gobiernos que las emiten (a un bajo costo), así como también denunció que dicho plan contiene errores técnicos y pedagógicos en sus bases, y finalmente que (incluso a la fecha) no hay un modelo de implementación específico, lo cual deja a las y los docentes en el limbo al tener que ser ellas y ellos mismos quienes ahora tienen la tarea de descifrar qué deben impartir conforme a los nuevos lineamientos. Las respuestas que emitió el Gobierno Federal ante las críticas se centraron exclusivamente en atacar a quienes cuestionaron el cambio, sin ninguna apertura al diálogo e incluso el titular de la dirección de materiales educativos de la SEP, Marx Arriaga, hizo un llamamiento durante las “mañaneras” del presidente para señalar al antiguo modelo educativo por competencias, y sus operadores, como racistas, misóginos, eurocentristas, y un largo etc.

Ante la falta de una discusión seria entre gobierno y sociedad sobre cómo se debe dirigir el futuro de la “nueva escuela mexicana”, nos encontramos actualmente en un dilema educativo de corte ideológico, social y económico. Los objetivos de la nueva reforma se centran en la base teórica de la epistemología del sur, una corriente que según Laura Frade Rubio, presidenta de Calidad Educativa Consultores A.C., en su texto “La Nueva Escuela Mexicana y las epistemologías del sur” publicado por Nexos, tiene sus orígenes en las publicaciones de Boaventura de Sousa Santos y otros académicos que teorizaban sobre los orígenes de la sociedad postcolonial, la cual terminó con los métodos de aprendizaje tradicionales para impulsar los “europeos” y con ello abandonar los conocimientos generacionales; que es por lo anterior que debemos recuperar estos medios tradicionales y saberes colectivos para generar una sociedad más prospera, justa y equitativa. La carga ideológica de esta reforma es interesante, puesto que busca un cambio medular en torno a los conocimientos científicos u occidentales y propone una reforma “ascendente” (en términos de política educativa, esta es una reforma que surge de los grupos o comunidades de un país y se materializa en toda la nación).

Sin embargo, a pesar de que existen muchas corrientes pedagógicas a favor de esta ideología (Paulo Freire y la educación de la liberación, por poner un ejemplo), vivimos en un mundo más complejo y con necesidades ligadas al progreso económico y social. El sistema por competencias ha sido malentendido y tergiversado durante muchos años (un tema que ya he desarrollado en columnas anteriores), pero su importancia en estos tiempos de incertidumbre es enorme. Hay un “después” de la escuela que no están visualizando desde la SEP, donde cada estudiante debe optar por identificar sus habilidades y aptitudes para especializarse en diferentes áreas de la economía, así como también esto les permitirá proponer nuevas áreas de apertura económica a través de la innovación y la integración social (aprender a identificar habilidades comunes y explotarlas en conjunto). Para darnos una idea de la importancia de lo anterior, según el Centro de Investigación de Política Pública IMCO el 72% de los empleos generados en el país son aportados por PYMES (pequeñas y medianas empresas), así como también éstas generan el 52% del PIB. Por lo tanto, un modelo educativo por competencias debe enfocarse en criterios apegados a la evaluación cuantitativa, la generación de aptitudes compartidas, la creación de estándares de calidad, etc.; es decir, objetivos diametralmente opuestos con la reforma al MC de esta administración, pero apegado a las necesidades actuales de nuestro país.

Ignorar el modelo económico en el que se rige México al momento de planear este tipo de cambios tan importantes es peligroso e ingenuo. Cada alumna y alumno que pase por este nuevo modelo educativo deberá, una vez que termine su formación, re-aprender (o reforzar) conocimientos que no obtuvo durante su formación, ya que el mundo laboral y las nuevas necesidades de la sociedad demandan una preparación diferente. Además, nuestra economía se encuentra en un estado complicado, la inflación tuvo un alza de 8.16% en el mes de julio y aproximadamente 1.9 millones de mexicanos se encuentran sin un empleo formal para el mes de mayo, es decir una tasa de desempleo de 3.35%, según datos del INEGI. La prioridad de la 4T es darle más peso a la carga ideológica de esta reforma que a su consecuencia en el futuro de millones de niñas y niños en todo el país. Finalmente, se puede visualizar a este cambio como otro de los caprichos del presidente con tal de fortalecer su posición, comprometiendo el futuro de la educación pública en México.