Guadalupe Selene Velasco Garcia
Agencia Reforma

Cd. de México, México 07-Jan-2021 .-En el Día de la Enfermería, profesionales en CDMX prefirieron “festejar” animándose a sí mismas para combatir la pandemia de Covid-19 y reprocharon que, en vez de cuidarse, personas ignoran la petición de evitar más contagios.

Irene Beatriz, enfermera que atiende a enfermos de Covid-19 desde abril, asegura que si bien han aprendido a vivir con la pandemia, ella y sus compañeros se sienten agotados y frustrados por el ambiente de incumplimiento y saturación.

Ese cansancio se refleja hasta en sus retratos antes de la pandemia y los actuales.

“He aprendido a dominar el miedo. Sé que va a estar peor que al principio y que en el pico de la pandemia mucha gente no se cuida, no siguió las indicaciones, se reunió en Navidad, en Año Nuevo y aún así estamos preparados para lo que venga”, cuenta Beatriz.

Ella ya recibió su primera dosis de vacunación, presentó reacciones mínimas, pero le da ánimo para seguir.

Sus compañeros y ella coinciden en que la pandemia les afecta, se han sentido tristes, frustrados y cansados, pero no derrotados.

“Es cansado el hecho de ponerte el equipo todos los días, de no comer, de tener hambre, de tener sed, de tener necesidades fisiológicas, que no puedes (hacerlas) por todo el equipo. Eso es lo que ya durante todo este tiempo te merma”, cuenta una de sus compañeras.

Otra colega, Mariana Fernández, es originaria de Sinaloa y vivió el Covid-19 en la CDMX.

Aunque combate en primera línea para salvar vidas, padeció lo peor de la atención hospitalaria cuando se enfermó y buscó hospitales, con apoyo de amigos lo superó y volvió a trabajar.

Pasó de la sensibilidad a la fortaleza gracias a que buscó ayuda en inteligencia emocional, la cual, asegura, se necesita para resistir lo que falta de la crisis.

“Tuve una temporada en que todos los días salía sangrando de la nariz, de la frente y llorando. Es muy feo ver muerte tras muerte, el sufrimiento ajeno, que los pacientes te pregunten, todo eso llega en el alma”, cuenta Mariana.

No tuvo miedo de enfermar, pero lamenta las circunstancias, falta de insumos y equipos necesarios.

Aunque intenta despejarse de la crisis, la recuerda hasta dormida.

“Han sido sueños recurrentes, de soñar el trabajo, te puedo decir nombres de pacientes que los tengo muy presentes, las caras cómo se fueron deteriorando, son contadas las personas que realmente han salido y pega mucho en el alma”, agrega Mariana.

Todo esto, agrega Irene Beatriz, será superado.