Erika P. Bucio, Isabella González y Amallely Morales
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- La ola violeta, gigantesca, avanza desde el Monumento a la Revolución al Zócalo. Horas y horas de recorrido de una manifestación histórica en la Ciudad de México replicada en más de 60 ciudades de todos los estados de la República.
La indignación expresada en la calle es equiparable al tamaño de la tragedia: mil 117 asesinatos de mujeres de 2010 a 2020, según el Mapa Nacional de Feminicidios en México.
A Mireya Montiel, su madre no la olvida: “No dejaré de buscarte hasta encontrarte”. Este 8 de marzo se marcha por Fátima, Ingrid, Fabiola, Elisa, Daniela Mabel, por todas. A Gudelia, la tía de 78 años de María Soledad Hernández Cruz, la golpearon, violaron y estrangularon en Michoacán. Su historia está resumida en cuatro líneas a mano en una cartulina que María Soledad sostiene en alto al paso del contingente en la esquina de Palma y 5 de Mayo.
“Estamos juntas, somos una”; “Una somos todas”; “El miedo ya cambió de bando”; “El respeto al cuerpo ajeno es la paz”; “No somos histéricas, juntas somos históricas”; “Dejen de darnos el avión”.
Los mensajes se multiplican en mantas, en pintas, en carteles sencillos, en hojas de cuaderno, en restos de cajas de cartón.
De Vallejo, a unas calles donde fue asesinada Ingrid Escamilla, salieron tías, amigos, primas y hasta los abuelitos de Celene, cuya vida fue truncada a los 28 años.
En esa colonia, en los últimos tres años fueron abiertas 130 carpetas de investigación penal por el delito de violencia intrafamiliar, el crimen más denunciado.
“Era mi nieta, pero yo siento como que me quitaron a una hija. Lo único que queremos es justicia para nuestras asesinadas”, dice Feliza Hernández, abuela de Celene.
A sus 82 años apenas se sostiene para caminar, pero marcha hasta el Zócalo para exigir que se le dicte sentencia al feminicida de su nieta.
“Esta es la primera marcha de muchas mujeres. Es la primera vez que muchas marchan y para mí es un aviso de que algo está cambiando, a lo mejor no en el ritmo o de la forma que nos gustaría, porque muchas están marchando hoy pero no van a parar mañana, o están marchando hoy pero sin el pañuelo verde”, dice Daniela Arias, estudiante del ITAM, en su recorrido por el Centro Histórico.
Hay más niños y niñas, más familias enteras en la marcha portando los paliacates morados al cuello o en las muñecas.
Incluso feministas veteranas, que han estado en manifestaciones del siglo pasado, están sorprendidas por la convocatoria de la marcha: por primera vez en más de 30 años en México, el feminismo está trascendiendo clases, ideologías, generaciones.