Por Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

El pasado viernes, con motivo de la Glosa del Segundo Informe de Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, compareció ante las Comisiones Unidas de Gobernación y de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados. A través de un discurso optimista basado en estadísticas y datos duros, buscaba convencer que la violencia en el país va a la baja, alrededor de un 30% menos de ejecuciones, baja en los delitos de alto impacto, y la neutralización a 84 de 122 delincuentes prioritarios. Sin embargo, los acontecimientos que esta última semana han ocurrido a lo largo del país, contrastan de manera radical con la estadística, afectando no solo la percepción de la ciudadanía respecto a la seguridad, sino golpeando de igual forma la economía, la cual, ha sufrido pérdidas significativas en estos últimos tres días.

El día lunes 22 de septiembre, en el Estado de Jalisco, fueron privados de su libertad el diputado federal del PRI Gabriel Gómez Michel y su asistente Heriberto Núñez Ramos –acciones captadas por cámaras de video «monitoreadas» por autoridades– para posteriormente ser ejecutados y calcinados; agencias internacionales de noticias documentan la masacre en el municipio de Tlatlaya, Estado de México de 22 civiles por parte del Ejército Mexicano –hasta ahora solo 3 de los 8 militares que participaron, serán consignados por homicidio–; en el Distrito Federal se registran marchas multitudinarias con más de 25 mil estudiantes del Instituto Politécnico Nacional contra un nuevo reglamento interno que amenaza su seguridad educativa; en el estado de Guerrero, el más flagelado, suceden acontecimientos sin precedentes, en el municipio de Iguala, entre el viernes por la noche y el sábado en la madrugada, policías municipales y presuntos civiles armados –en acciones distintas–, asesinaron a estudiantes de la normal de Ayotzinapa y a futbolistas de Chilpancingo, arrojando un saldo de seis muertos y 57 estudiantes desaparecidos, todo esto, mientras el Presidente Municipal, José Luis Abarca, se encontraba bailando al ritmo de La Luz Roja de San Marcos; por si fuera poco el domingo 28 ejecutan al secretario general del PAN en el estado de Guerrero, Braulio Zaragoza Maganda.

Como podemos ver, la percepción es distinta, y los hechos lo constatan; secuestros, ejecuciones, masacres, desapariciones, todas por igual, destruyen el tejido social.

De no ser por medios extranjeros y testimonios documentados la masacre de 22 civiles hubiera sido «un enfrentamiento entre militares y narcotraficantes»; la negligencia del personal encargado de monitorear las cámaras de video cobró dos vidas; los festejos y el baile con motivo del segundo informe de la Presidenta del DIF del municipio de Iguala, hoy tiene a 6 individuos muertos y 57 desaparecidos. Nos podrán decir que se ha registrado una caída en seco de flagelos y plagios, de asesinatos y extorsiones, sin embargo, a lo largo del territorio nacional los hechos nos dicen lo contrario. Hoy tenemos un México flagelado por la delincuencia, a la sociedad le sigue doliendo y lo siente en carne propia; ricos, pobres, empresarios, políticos, a todos por igual, nos duele y nos pega. Por si fuera poco, mañana se cumplen 46 años de aquel negro día que marcó nuestra historia. Esperemos que al igual que muchos mexicanos, nuestros gobernantes no olviden el 2 de octubre.

Como es costumbre, agradezco el valor de su lectura y los espero una vez más la próxima semana.