Por: Octavio Díaz García de León

 La idea: Nuestra época está llena de desafíos éticos. La mayor parte impulsados por cambios tecnológicos que plantean a los seres humanos situaciones que nunca ha enfrentado. Las certezas que proporcionaba la religión, la ética, la moral, hoy se ven sacudidas por las inmensas posibilidades que el ser humano ha liberado a través de la tecnología. No hay respuestas talladas en piedra para los nuevos problemas éticos. Habrá que irlas construyendo racionalmente dejando ideologías y emociones a un lado.

 

Recientemente Juan Enríquez Cabot publicó en Estados Unidos el libro “Correcto/Incorrecto. Cómo la Tecnología Transforma Nuestra Ética”. Dice el autor que “…la tecnología cambia la ética. Pone en entredicho viejas creencias, pone patas arriba a las instituciones que no crecen o cambian. Estamos en la edad de los cambios exponenciales en la ética”.

Por ello, hay que adaptarse a los tiempos, pues constantemente surgen problemas éticos sin precedentes. Esta evolución de la ética no es nueva. La humanidad ha ido cambiando lo que es o no aceptable para la convivencia entre las personas.

Por ejemplo, la esclavitud fue una práctica normal y aceptable por siglos hasta muy recientemente. La tortura a los prisioneros, la falta de derechos de las mujeres, la discriminación por el color de la piel y tantas otras prácticas, hoy son inaceptables.

Dice Enríquez que el día de mañana futuras generaciones verán con horror muchas de las prácticas que hoy consideramos normales: la matanza de animales para convertirlos en alimentos; el uso de animales para realizar experimentos; la fabricación de armas y su distribución indiscriminada; el calentamiento global; la acumulación de fortunas en manos de unos cuantos y quién sabe qué tantas otras conductas que en el futuro se verán como abominaciones.

Enríquez nos da en su libro un gran número de ejemplos acerca de los nuevos problemas éticos que están surgiendo, derivados principalmente de la tecnología.

Entre ellos, el rediseño del ser humano. Hoy en día se realizan millones de cirugías estéticas para “mejorar” la imagen de las personas, pero la tecnología pronto permitirá reemplazar partes del cuerpo, no sólo por razones estéticas, sino para alargar la vida. Con ello se puede llegar a la inmortalidad, pues la tecnología pronto permitirá detener el envejecimiento sustituyendo los órganos que ya no funcionan.

Esta revolución se da también en la genética. Ya es posible modificar al ser humano para diseñarlo con características estéticas, de fortaleza, de inteligencia deseadas, lo cual nos conduce a una evolución dirigida, en donde habrá que decidir lo que es aceptable cambiar del genoma humano.

Enríquez no pretende dar una respuesta a esta problemática sino plantearla para discutir cuáles deberán ser los caminos que resultan más aceptables para el ser humano.

Edgar Morín en su libro “Mis Demonios” habla de una Auto-ética. “Una ética que se funda en sí misma, dependiente de las condiciones históricas, sociales, culturales y psíquicas en las que emerge”. Dice que “enfrentamos la necesidad de una ética compleja. Una ética que encuentra sin cesar, en su seno, la incertidumbre y la contradicción. Es una ética de la apuesta”.

Vivimos en un mundo complejo donde las certezas mueren cada día. Esto puede traer angustia, pues ya no hay respuestas ni recetas establecidas que indiquen lo que es correcto o incorrecto en la convivencia cotidiana de los seres humanos y su interacción con el medio ambiente.

Nos vemos en la necesidad de ir construyendo respuestas de la mejor manera posible, quizá apelando a unos cuantos principios como sugiere Enríquez tales como compasión, modestia, generosidad, empatía, humildad, decencia, veracidad, etc., a partir de los cuales se puedan elaborar. Quizá deberemos adoptar una ética de la apuesta, como dice Morín, en donde hay espacio para equivocarnos y corregir, para llegar a soluciones razonables.

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