Mircea Mazilu

Este año se cumplen 106 años de “La Tregua de Navidad”, un suceso que supuso el cese de hostilidades entre los bandos enfrentados durante la Primera Guerra Mundial. El 24 de diciembre de 1914, los soldados alemanes e ingleses que luchaban en el frente occidental acordaron un alto el fuego para celebrar conjuntamente la Navidad. A continuación, repasamos la historia de este acontecimiento que representó todo un ejemplo de fraternidad y bondad humana, teniendo en cuenta la gravedad y las dimensiones del conflicto del cual formó parte.

La Primera Guerra Mundial comenzó a finales de julio de 1914 y se llevó a cabo principalmente en el continente europeo. Los altos mandos de los países miembros que conformaban los dos bandos enfrentados tenían la intención de realizar una guerra rápida, en la cual derrotaran a sus enemigos con la mayor brevedad posible. No obstante, ésta se extendió por varios años, convirtiéndose en uno de los conflictos más mortíferos de la historia.

En el frente occidental, los soldados alemanes y sus enemigos franceses e ingleses cavaron trincheras para luchar entre ellos. Estas zanjas se convertirían en sus nuevos hogares mientras terminara la guerra, pues la vida diaria se desarrollaba principalmente en sus interiores. La situación allí era muy difícil, ya que los militares pasaban hambre y frío, convivían con la suciedad y sufrían constantemente ataques armados del bando opuesto.

Sin embargo, en la noche del 24 al 25 de diciembre la monotonía en varias trincheras a lo largo del frente occidental se rompió. Los alemanes adornaron sus zanjas y comenzaron a cantar villancicos. Acto seguido, desde el lado contrario se escucharon canciones de Navidad cantadas en el idioma inglés. A continuación, los soldados de ambos bandos empezaron a gritarse “Feliz Navidad” desde una trinchera a otra.

Aquella misma noche y el día siguiente las tropas enfrentadas se encontraron en la “tierra de nadie” para acordar una “tregua de Navidad”, durante la cual dejarían las armas y celebrarían juntos la festividad. A partir de entonces, los soldados intercambiaron regalos y deseos, comieron, tomaron y festejaron juntos. En algunos casos jugaron futbol e, incluso, se ayudaron mutuamente a enterrar a sus compañeros fallecidos.

Esta confraternidad duró varias horas e incluso días, hasta que los altos mandos del Ejército se enteraron y la prohibieron de inmediato. De esta forma se ponía fin a la tregua que por unos instantes unió a personas que durante varios meses se estuvieron matando entre sí, la tregua que representó un ejemplo de humanidad y que todas las Navidades se recuerda de alguna u otra forma.

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