Luis Muñoz Fernández

Una traducción errónea de un texto influyente, pongamos por ejemplo la Biblia, puede tener consecuencias desastrosas. Tomo el versículo 28 del primer capítulo del Génesis, en el que Dios bendice a la primera pareja humana con estas palabras: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra” (Biblia del Peregrino de América Latina).

La orden divina conmina al dominio y la explotación de los recursos naturales. En Occidente la hemos cumplido al pie de la letra, para encontrarnos ahora en medio de una crisis ecológica de la que muy probablemente no vamos a salir.

Aunque los estudiosos no se han puesto de acuerdo sobre la autoría y antigüedad del Génesis, podemos decir que posiblemente fue escrito unos mil años antes del nacimiento de Cristo. De ser así, han tenido que pasar más de tres mil años para que el representante de Dios entre los católicos le enmendara la plana con la publicación de su encíclica “Laudato si’. Sobre de cuidado de la casa común”. Lo que demuestra que Iglesia católica puede rectificar, aunque lo hace con una lentitud pasmosa.

Laudato si’ no sólo define la relación óptima del ser humano con todo lo viviente, reemplazando el dominio por una gestión sabia y compasiva, sino que pone el dedo en la llaga asociando claramente el deterioro planetario, hasta ahora imparable, con nuestro modelo económico dominante, capitalista a ultranza, y la existencia de millones de seres humanos que viven en la más abyecta miseria.

La crisis ecológica actual, por sus implicaciones futuras a mediano y largo plazo, es tema de conversación con mi hijo Luis. Analizando el impacto positivo que pueden tener las acciones individuales para mitigar el calentamiento global y la destrucción de la biósfera, me dice que serán inútiles en ausencia de un cambio radical en dicho modelo económico. Creo que tiene razón y que, siendo este cambio tan improbable, su pesimismo está completamente justificado.

A pesar de ello, yo coincido con el Papa Francisco: “Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan”. Y con Hölderlin: “Donde hay peligro también crece lo que nos salva”.

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