
No todos los días se tiene la oportunidad de visitar a nuestra alma mater. El pasado jueves, asistí al homenaje del Doctor Armando López Velarde Campa, un reconocido académico y funcionario público de gran renombre, así como uno de los referentes políticos y diplomáticos en nuestra entidad (y mi profesor de Derecho Internacional en la carrera, a quien le tengo una profunda admiración). En el evento, se encontraba la Doctora Sandra Yesenia Pinzón Castro, Rectora de la UAA, el Doctor José Manuel López Libreros, Secretario General de la UAA, la Maestra María Zapopan Tejeda Caldera, Decana del CCS y H, y finalmente el Embajador Eduardo Roldán Acosta; entre otros asistentes integrantes de la academia, del servicio público y, sobre todo, estudiantes. En el transcurso del homenaje, no pude evitar reflexionar sobre la importancia de la difusión de la academia y la cultura (como uno de los ejes fundamentales de la autonomía universitaria), así como también de cómo ha crecido la universidad y sigue creciendo con el paso de los años.
El propio Embajador Roldán, a lo largo de su exposición, apuntó que “la Doctora Pinzón tenía una universidad ejemplar, única y destacable de todas las universidades públicas.”; y concuerdo totalmente con su apreciación partiendo de dos perspectivas: del análisis crítico y la experiencia personal. En el primer eje, la UAA se caracteriza por ser la institución de educación superior con mayor nivel de absorción escolar al año ¿qué quiere decir? Que además de los egresados de los planteles de BACHUAA, estudiantes de otras escuelas preparatorias deciden apostar por la UAA para hacer sus estudios superiores y, con ello, buscar una mejor calidad de vida y crecer profesionalmente. De igual manera, la calidad docente, los procedimientos de selección, los programas de extensión académica (idiomas, deportes, cursos, talleres, etc.), los programas de becas, las actividades extracurriculares, etc.; reflejan la enorme variedad de servicios con los que cuenta la UAA que le brindan un valor agregado al proceso formativo de las y los estudiantes, algo que muy pocas universidades públicas en México podrían presumir.
Ahora, en cuanto a la apreciación personal, esta reflexión va simultáneamente en dos caminos: mi experiencia como alumno y como consejero. Como estudiante (desde la prepa hasta la carrera), la UAA siempre me llamó la atención por ser un lugar sumamente diverso en su alumnado y cuerpo docente. Esto, para mí, fue clave para definir mi identidad como persona, algo que curiosamente logré, a lo largo de la carrera, reconstruir al adentrarme en la representación estudiantil. Es un lugar donde todas y todos cabemos. Asimismo, como consejero, tuve la oportunidad de formar parte del máximo órgano de gobierno de la universidad, donde logré entender la complejidad en la toma de decisiones, el rigor que hay detrás de cada reforma, aprobación y propuesta que se discute en las sesiones, así como la enorme capacidad y formación que tienen sus funcionarios. Tanto como alumno y como parte de la representación estudiantil, entendí la complejidad del manejo de esta institución y la importancia de preservar su calidad y autonomía.
En ese intervalo de tiempo, conocí a la Doctora Pinzón, a quien no solo admiro profesional y académicamente (porque ha logrado llevar a la universidad a una etapa de ampliación y mejora continua), sino también en lo personal, porque se requiere una convicción inquebrantable para dirigir la máxima casa de estudios del Estado y una de las mejores universidades públicas del país, de manera eficiente y con visión. Finalmente, más allá de las críticas (la mayoría, carentes de sustento), la UAA sigue creciendo, tanto en infraestructura como en integrantes, cumpliendo con su compromiso de ampliar la educación pública a nivel media y superior en la entidad, así como la difusión de la ciencia, la cultura y las artes. Y estoy seguro de que, de seguir con esta visión y compromiso, la UAA seguirá siendo una institución educativa que brilla en todo el país.








