Arturo Javier Reyes Barba

La literatura que habla sobre música, de cómo escucharla y cómo comprenderla, parte, considero yo, de la siguiente premisa: no se llega a apreciar este arte sólo con leer un libro o un artículo. Para llegar a comprender mejor la música, lo más importante que se puede hacer es dedicarle tiempo a escucharla. De esta acción parte el compositor norteamericano Aaron Copland en su libro “What to listen for the music”, y en su título en español “Cómo escuchar la música”. Aquí, el autor nos plantea que todo lo que pretende transmitir es hacernos una invitación a escuchar la música, reflexionando sobre algunos puntos que nos pueden servir de guía para apreciar, entender y disfrutar de este fenómeno sonoro y ecoico. La música.

Hoy en día las posibilidades de oír música son numerosas, como en la tradicional radio, en un CD, en una USB, en un dispositivo digital a través de Facebook, YouTube, Spotify, etc. O mejor aún es escucharla en vivo. De esta manera es posible acceder a una importante cantidad de música. Aaron Copland nos plantea que para poder analizar más claramente el proceso auditivo musical, lo ha dividido en tres planos o estadios de atención al escucharla: El primer plano o estadio es el Sensorial, el segundo plano o estadio es el Expresivo o Emocional Asociativo y el tercero es el Analítico Intra-musical.

La manera más simple o fácil de escuchar música es: el placer que produce el sonido musical. Este primer Plano o Estadio Sensorial es el nivel en que oímos la música sin pensar en ella ni examinarla, en modo alguno accionando nuestro dispositivo con alguna música mientras estamos haciendo cualquier cosa o tarea distraídamente. El sonido musical genera una especie de estado de ánimo simple y placentero. No obstante, en este estadio podemos emplearla como una evasión entrando a un mundo de pensamientos perdiéndonos en ellos sin reflexión, soñando a causa y a propósito de ella, pero sin escucharla verdaderamente.

El segundo Plano o Estadio de atención para escuchar música como lo hemos mencionado anteriormente es el Expresivo o Emocional Asociativo. La música es un lenguaje sin otros significados que su esencia puramente musical. Pero si está relacionada con algún texto, como la música descriptiva, según su narrativa, puede expresar serenidad, exuberancia, pesar, triunfo, furor o hasta la descripción de paisajes como las Cuatro Estaciones del compositor Antonio Vivaldi, Cuadros en una Exposición de Mussorgsky o la Consagración de la Primavera de Ígor Stravinski, entre otras. Incluso puede expresar algo para lo cual no existan palabras adecuadas para definirlo en ningún idioma. Esta postura puede que se deba al hecho de que una misma música ante diferentes personas, manifiesten percepciones y significados diversos. ¿Podríamos explicar con palabras lo que expresa la música? Tal vez no y en esto radica su dificultad. Lo que sin lugar a dudas podemos percibir en ella es que es un lenguaje y un efectivo detonante de emociones que conjuntamente con la imaginación nos puede sugerir mundos ideales que tal vez no tengan que ver con la vida cotidiana, también se puede encontrar consuelo o una evasión momentánea al escucharla. Sin olvidar que la música está asociada significativamente a nuestros recuerdos y estos recuerdos están asociados a nuestras emociones.

El tercer plano o Estadio de atención en el que podemos escuchar música es el Analítico Intra-musical. Es una manera más consciente de escucharla tratando de seguir el pensamiento del compositor, entrando en los principios formales y estructurales musicales. Entendida como se debe la forma musical no puede ser más que el crecimiento gradual de un organismo vivo a partir de cualquier premisa que el compositor elija. De esto partiremos para determinar que el contenido de las ideas musicales y su tratamiento lo determina la forma y la estructura.

Si prestamos un poco de atención, generalmente lo primero que reconoceremos será la melodía, si es que ya la hemos escuchado con anterioridad, o tal vez, si no, será el primer componente que vamos a poder reconocer y la podremos juzgar si ésta es grata o no. El ritmo será probablemente el siguiente componente que nos llame la atención, sobre todo si tiene un aire incitante, pero la armonía y el timbre son componentes que se aprecian sólo si se tiene un oído entrenado. Y con el fin de comprender mejor lo que se ha de escuchar, existen tres tipos de textura musical: la monofónica es, por supuesto, la más simple de las tres y consiste en una melodía sin acompañamiento o al unísono. Aquí, los cantos gregorianos serían un buen ejemplo. La textura homofónica cosiste en una línea melódica principal y un acompañamiento de acordes, y por último la textura polifónica: a esta textura la componen dos, tres, cuatro o más melodías simultáneamente, como es el caso de las fugas del clave bien temperado o la mayoría de la música de J.S. Bach.

Principios Estructurales para crear la sensación de equilibrio formal se utiliza en la música un principio importantísimo, el cual es la repetición. Y esta repetición se da en: motivos, semi-frases, frases, secciones, etc., y así, si quisiéramos analizar el discurso musical basado en la repetición, lo podríamos dividir en cinco categorías diferentes: la primera es la repetición exacta; la segunda, la repetición por secciones o simétrica; la tercera, la repetición por medio de variación; y la cuarta; la repetición por medio de tratamiento fugado y, por último, la repetición por medio del desarrollo temático. Aunque también existe música la cual su principio es el de la no repetición de ningún elemento.

En conclusión, sugiero que al escuchar música a través de estos planos o estadios es una buena manera de acercarnos a la apreciación del lenguaje musical, disfrutar y buscar un verdadero deleite sensorial y emotivo al entender a través de la forma y estructura su discurso sin dejar de lado las referencias histórico-contextuales.