Por: Octavio Díaz García de León.

Hace unos días el presidente López Obrador presentó una iniciativa de ley para regular la operación de agentes extranjeros en nuestro país. Seguramente derivado de las labores de espionaje, sin conocimiento de las autoridades mexicanas, que realizó la DEA contra el ex secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, y que llevó a su detención en Estados Unidos.

Ello me trajo a la memoria un incidente que me ocurrió mientras estudiaba en Estados Unidos. Corría el fin del sexenio del presidente López Portillo. Miles de estudiantes habíamos sido becados por el Conacyt para estudiar en el extranjero. En mi caso, en un programa en el Institute for Policy Studies  (https://ips-dc.org/)  en la ciudad de Washington.

Allí trabajó Orlando Letelier, ex canciller del gobierno de Salvador Allende, quien fue asesinado por agentes de Pinochet a unos cuantos metros del Instituto, en el corazón de la capital americana. Cuando llegué allí, el Instituto apoyaba las causas revolucionarias en Centroamérica y para la Administración del presidente Reagan ese apoyo se veía como contrario a los intereses de su gobierno.

El Instituto brindó las facilidades para que tres estudiantes tuviéramos la oportunidad de trabajar en el Congreso de los Estados Unidos y desarrollar otras actividades en el Instituto. Nuestro interés al acudir a ese programa era conocer el funcionamiento del gobierno de Estados Unidos y su impacto para México.

Un día fuimos abordados por una persona del doble de edad que nosotros, de traje, con pinta de burócrata, quien trató de hacerse nuestro amigo durante varios días.

No tardé mucho en entender que quizá se trataba de un agente del FBI a quien seguramente le había interesado conocer de nuestras actividades, por nuestra relación con el IPS y por el interés en acudir a las audiencias en el Congreso relacionadas con el tema de Centroamérica. El señor se cansó pronto, pues se dio cuenta que no éramos una amenaza para su país. Pero se me quedó grabado el incidente y la forma de operar de esta persona.

Y es que en Washington las historias de espías son lo corriente. Los americanos, con sus extensos intereses geopolíticos por todo el mundo, se toman muy en serio la actuación de agentes extranjeros en su país.

Aunque se trata de una obra de ficción, la serie televisiva, “Los Infiltrados” (The Americans) da una idea de cómo se desenvuelven estos espías. En ella, una pareja de rusos se asimila de tal forma a la sociedad que se hacen pasar por americanos para realizar labores de espionaje. En la serie, los agentes del área de Contrainteligencia del FBI tratan de encontrarlos (Quizás el agente que nos abordó pertenecía a esta área. Por supuesto nunca lo sabré).

Los países con intereses geopolíticos importantes cuentan con agentes que colocan en los países que más les preocupan, la mayor parte de las veces bajo una cobertura diplomática. Seguramente así operan la CIA o el MI6 británico en México.

Por ello, no sería de extrañar que además de las numerosas agencias americanas que operan en México, otros países como Cuba, Venezuela, China, Rusia, Irán o España podrían tener operaciones de este tipo en nuestro país para impulsar sus intereses nacionales.

En un artículo anterior (https://octaviodiazgl.blogspot.com/2020/03/hace-falta-una-cia-mexicana.html) mencionaba la necesidad de tener el equivalente de una CIA  mexicana que recabe inteligencia en el extranjero para cuidar nuestros intereses nacionales en otros países.

De la misma forma, es necesario tener labores de contrainteligencia que vigilen la operación de agentes extranjeros en nuestro país. La Ley de Seguridad Nacional menciona como una de las amenazas a la Seguridad Nacional, los actos de interferencia extranjera, por lo que la atención a esta amenaza recae en las instancias de seguridad nacional. La iniciativa de Ley que propuso el presidente irá a complementar esta directriz.

Seguramente existen agentes extranjeros operando en México, la mayoría de ellos en acuerdo con autoridades mexicanas, como las  agencias americanas de combate al narcotráfico, pero quizás algunos de ellas lo hagan sin informarles,  como ya lo vimos en el caso de la DEA que espió al Gral. Cienfuegos.

En ese sentido, es necesario que México realice operaciones de contrainteligencia que permitan entender los objetivos de esos agentes y evitar que perjudiquen los intereses nacionales.

Una forma de operar de estas agencias extranjeras es a través de informantes colocados en puestos clave del gobierno. Por ejemplo, se ha documentado que durante la Guerra Fría, la CIA contaba con agentes mexicanos de muy alto nivel, entre ellos, dos ex presidentes de México: Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez (https://www.eleconomista.com.mx/politica/Las-memorias-del-espia-que-confio-en-tres-presidentes-mexicanos-20171111-0015.html).

Las tareas de contrainteligencia se tienen que hacer con la preparación y cuidado que ameritan estas agencias extranjeras que son muy sofisticadas,  por lo que se requiere elaborar en la mayor secrecía mecanismos de seguimiento y contraespionaje. Los espías no solo son materia de las películas. La iniciativa de ley puede ser un paso en la dirección correcta y es tiempo de que México tome estas amenazas en serio.

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