Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En los últimos meses, alumnos de varias escuelas normales rurales, del país, han estado presionando a los gobiernos locales y federal, mediante paros y obstrucciones en las  vías públicas, para que les den las plazas automáticas prometidas y para que rehabiliten sus planteles. Conviene aclarar que los gobiernos estatales no están en condiciones de atender estas peticiones, porque no tienen los recursos para ello y porque las escuelas normales rurales dependen del Gobierno Federal.

Ante este panorama de tensiones entre las autoridades y los estudiantes, sobresale una escuela normal pero por otras razones: por su autosuficiencia, por su autogestión y por ser un ejemplo a seguir en el trabajo. En los años 80, del siglo pasado, el maestro Ruperto Ortiz Gámez (originario de Venaderos, Aguascalientes) fundó la Normal Experimental en Nieves, del vecino estado de Zacatecas; iniciando sus primeras clases en la escuela primaria del lugar. Para construir su propio edificio, el maestro Ruperto, en calidad de Director, solicitó, en la Presidencia Municipal de Nieves, un terreno dónde ubicar a la normal, donación que se autorizó sin mayores problemas; pero, en cambio, el Gobierno Federal ni siquiera le daba una fecha tentativa de cuándo construir las instalaciones. Fue entonces cuando Ruperto Ortiz tomó la decisión y habló con el Presidente Municipal, con los maestros, con los alumnos y con sus padres, para convencerlos de que era necesario iniciar la construcción del plantel con sus propios recursos y esfuerzos. Para tal efecto, los integrantes de la comunidad aportarían los materiales de la región; las  autoridades estatal, municipal y algunos particulares, contribuirían  con cemento, varilla y cal; y los alumnos, con sus maestros, se encargarían (por las tardes, los sábados y domingos) de hacer bloques de material (en lugar de ladrillos) para luego construir las aulas; bajo la dirección técnica (gratuita) de arquitectos del CAPFCE (Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas).

No fue fácil levantar la escuela, pero con tesón lograron vencer obstáculos y limitaciones, y pusieron a la Normal en pie. Dieciocho meses después de haber iniciado la construcción, ameritados maestros mexicanos inauguraron las aulas de la Normal de Nieves. En los rostros de los alumnos, maestros, padres de familia y de las autoridades locales, se veía la enorme satisfacción de haber levantado, con sus manos y con sus esfuerzos, las primeras aulas de su Normal. Al año siguiente, construyeron más aulas, la biblioteca y varios locales (corrales) para la crianza de vacas, cerdos, ovejas, conejos, pollos y un área para la apicultura. En los mismos terrenos de la Normal, los alumnos cultivaron alfalfa y otros forrajes para alimentar a los animales. (Tiempo después, cuando ya hubo producción de leche, queso y miel; éstos se vendían a los habitantes del lugar a muy bajos precios; así como también se vendían cerdos, ovejas, conejos y pollos; siendo autosuficiente la Normal).

Ruperto Ortiz enfatizaba a los alumnos, en sus clases: “Cuando ya estén como maestros en las comunidades rurales, no esperen por años que les construyan la escuela o que la rehabiliten, si ya existe. Organicen a los padres de familia y ustedes, al frente, inicien  construyendo su escuela o reparándola con los materiales de la región; así como levantaron  ésta, su escuela. Si el gobierno autoriza la construcción, ¡acéptenla!; pero, si no, ustedes hagan lo necesario para que los niños no estén estudiando en la intemperie. También propicien en sus comunidades huertos familiares y cría de animales que serán de gran utilidad para mejorar el alimento de las familias del lugar”. Compromisos de los egresados de la Normal, aparte de ser buenos educadores.

Años después de estar funcionado la Normal, el gobierno autorizó la construcción del edificio. Sólo se edificó lo que faltaba. En los muros del plantel aún resuena la frase contundente de Ruperto: “Hay que formar buenos maestros, no pedigüeños”.