Por J. Jesús López García

Desde el siglo XIX con la explosión de técnicas y materiales de construcción nuevos surgidos de la Revolución Industrial, la diversidad y la heterogeneidad se hicieron presentes en la arquitectura como un reflejo directo de la diversidad y la pluralidad manifiestas también en todas las asignaturas artísticas, en las corrientes de pensamiento y en las banderas políticas, además surgieron otras disciplinas inéditas como la fotografía y el cine que sirvieron como detonantes de nuevas especialidades y expresiones intelectuales.

La arquitectura del siglo XIX fue una mezcla de experimentación plástica que echó mano de repertorios y bagajes arquitectónicos diversos procedentes de épocas y de tierras lejanas para la sensibilidad europea. Así el eclecticismo, característica de ese siglo, se sirvió lo mismo del gótico medieval que de la imaginería orientalista o de las formas precolombinas. Corrientes pre-modernas y exóticas se mezclaron para romper los moldes del canon occidental de una manera aún más radical de lo que hiciesen el manierismo y el barroco tras el Renacimiento, todo ello además en un marco constructivo sin paralelo en la historia de la arquitectura y de la construcción.

Una vez asentado este panorama, en un nuevo canon moderno hacia los años 20 y 30 del siglo XX, el Movimiento Moderno comenzó a depurar sus formas y su programa intelectual -incluso ideológico- para continuar de alguna manera el desarrollo de un clasicismo racionalista que tiene en el pasado grecolatino de la Antigüedad a su primer motor, más esa racionalidad moderna era percibida por un lado, con la fascinación de lo novedoso, pero también con cierta reticencia a adoptarla pues se apreciaba también como distanciada de la tradición popular y de la intromisión del caos simple que invade la vida cotidiana.

Fue así que al amparo del espíritu moderno surgieron corrientes y tendencias actuales que se alejaron de manera discreta de la radicalidad racionalista del Movimiento Moderno, pero tomando de él cierta propensión a lo geométrico simple y a las líneas aerodinámicas de los vehículos recientes. Igualmente se apropiaron de la construcción moderna el uso del concreto armado y el acero, lo que permitió implementar el desarrollo de fachadas independientes de la estructura, aunque sin hacerlo patente como en el Movimiento Moderno del que eran contemporáneas.

Dentro de esas corrientes el Art Déco es una de las más reconocibles. Tiene su origen en la  Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes de 1925 en París, si bien desde inicios del siglo XX varios arquitectos y artistas ya se habían alineado colectivamente para desarrollar sus trabajos, tal vez por ello los grandes maestros modernos de la arquitectura les veían con cierto desdén, pues parte de sus postulados intelectuales se pronunciaban contra la ornamentación -“Ornamento y Delito” se intitula el texto que en 1908 lanzó el arquitecto austriaco Adolf Loos (1870-1933), una de las figuras seminales de la arquitectura del Movimiento Moderno.

Como fuere, el Art Déco, cuyo nombre fue acuñado en 1966 de manera retrospectiva en la exposición Les Annés 25, en el Museo de Artes Decorativas de París, con el propósito de conmemorar la citada Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes de 1925, fue una alternativa contemporánea al Movimiento Moderno, más intelectualizado y más frío. Su desarrollo se manifestó desde los años 20 hasta prácticamente los 50 del pasado siglo XX. Sus variaciones clasificadas de acuerdo a sus formas -paquebote, zig-zag, streamline- dieron ejemplos excelsos tal como se puede apreciar en los rascacielos Empire State Building de 1930-1931 o The Chrysler Building (1930-1931) en Manhattan; el Edificio El Moro de 1938-1946 en la Ciudad de México, o ahí mismo el interior del Palacio de Bellas Artes (1904-1934). Una mención aparte merece el Art Déco District en Miami Beach, Estados Unidos de Norteamérica y muchos inmuebles de la colonia Condesa en la Ciudad de México también.

En Aguascalientes poseemos innumerables ejemplos arquitectónicos Art Déco, algunos mezclados con formas neocoloniales, otros tantos con rasgos totalmente adscritos al Movimiento Moderno, y muchos más en una composición completamente alineada a esta corriente decorativa como lo muestra el edificio de La Industrial Mexicana, S. A., (LIMSA) ubicado en la Av. Francisco I. Madero No. 443, al que podemos clasificar dentro de la variante “internacional”. Su fachada oriente deja manifestada la manera en que el Déco disponía sus ejes compositivos a partir de líneas rectas en geometrías bien delineadas. A diferencia del Movimiento Moderno que buscaba la simplicidad en sus paramentos, el Art Déco formaba con sus líneas una especie de “textura visual” que hacía intrincada su lectura formal, a pesar de ser su planteamiento constructivo muy sencillo.

A pesar de que en las últimas décadas han desaparecido múltiples edificios Art Déco, aún conservamos bastantes por lo que aún es tiempo que reconozcamos y apreciemos nuestro acervo arquitectónico, una arquitectura finalmente agradable, al margen de la severidad del Movimiento Moderno, su contemporáneo. La avenida Madero se alza como una vía para recorrer y admirar las obras Déco aquicalidenses, con su geometría y sus rasgos sin igual.