Luis Muñoz Fernández.

El filósofo Epicuro (c. 341-270 a.C.) casi siempre gozó de mala prensa. Su doctrina del hedonismo, interpretada erróneamente como la entrega a una vida disipada, provocó el rechazo frontal de los primeros cristianos que veían en los placeres mundanos la más peligrosa tentación del demonio. Sin embargo, Epicuro, hoy recuperado para nuestro bien, dijo algo que, en estos tiempos del coronavirus, tiene una especial vigencia: “Es posible procurarse una seguridad frente a las demás cosas, pero, frente a la muerte, todos los seres humanos habitamos una ciudad sin murallas”.

Las pandemias son fuente de profundos cambios sociales e individuales, algunos transitorios y otros permanentes. Laura Spinney, escritora y periodista especializada en divulgación científica, escribió un magnifico relato sobre la terrible pandemia de influenza en 1918 titulado “El jinete pálido” (Crítica, 2018), donde señala: “Si algo habían aprendido las autoridades sanitarias de la pandemia era que ya no tenía sentido culpar a un individuo por contraer una enfermedad infecciosa ni tratarlo aisladamente. En los años veinte, muchos gobiernos adoptaron el concepto de medicina socializada: asistencia sanitaria gratuita para todos”. De ahí nacería la idea que dio origen a los sistemas sanitarios públicos europeos que son uno de los pilares fundamentales del llamado Estado de Bienestar.

Y a propósito de la emergencia sanitaria que estamos viviendo, el escritor portugués Gabriel Magalhães nos dice que esta enfermedad pondrá a prueba la fortaleza de unos sistemas sanitarios públicos resquebrajados por los recortes presupuestales de los últimos años; además, pondrá a prueba el civismo de la población y, en tercer lugar, cimbrará las bases del actual modelo económico.

A pesar de lo anterior, su mensaje es esperanzador: “una de las lecciones que el tiempo me han enseñado es que no hay cosa mala que no pueda dar origen a una realidad buena. Todo, incluso los desastres, conspira para la posibilidad del bien […] Es verdad que habrá serios problemas económicos, pero de momento el coronavirus ha derrotado al dinero, quizá la divinidad más cruel de la actualidad […] Y es hermoso que, por fin, le demos a la vida humana más valor que a los billones de la globalización”.

Forzados por las circunstancias, hoy los gobiernos se ven obligados a gastar nuestro dinero para proteger y restablecer la salud de sus ciudadanos, porque, como en los tiempos de Epicuro, todavía habitamos una ciudad sin murallas.

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