Víctor Hugo Granados Zapata

Desde que ingresé a la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, he tenido muchas dudas sobre cómo sería mi futuro, no sólo dentro de dicha institución, sino también por fuera. La gente que me conoce sabe que siempre he tenido un fuerte interés por el sector educativo, que va desde la política educativa, cómo implementar y elaborar planes de estudio, cómo reducir la brecha educativa, la garantía de este derecho, etc.; de ahí que al ser alumno en la UAA (de nuevo, porque también fui gallo en la prepa) he tenido diferentes conflictos con la institución en cuanto a sus decisiones, pero sobre todo en cómo se integra la comunidad estudiantil.

Durante los últimos años, he interactuado más con mis compañeros, no sólo de salón sino de toda la universidad. La pluralidad dentro de la UAA es inmensa, hay muchas y muchos compañeros que tienen diferentes formas de ver el mundo, ideologías compartidas y contrarias, pero lo que nos une es nuestra institución. Por ello, siempre me causó conflicto la polarización estudiantil que, al menos en mi Centro, existe y es muy remarcada. Se te ve de cierta forma por ser alumno de “x” licenciatura, el trato siempre variaba según la reputación de tu carrera y eso, evidentemente, afectaba a nuestra comunidad estudiantil. Por si lo anterior no fuese suficientemente grave, la mayoría de los proyectos dentro del Centro estaban dispersos, era difícil encontrar una cohesión estudiantil. ¿Cómo podríamos integrarnos como comunidad universitaria si tenemos muy pocas formas de colaborar juntos?

La polarización se remarcaba aún más en periodo de elecciones, donde al parecer quienes querían aspirar a representar a la comunidad terminaban por separarla. Se generaban grupos de odio entre compañeras y compañeros (incitados principalmente por agentes políticos externos), bajo la excusa patética y simplista del “pragmatismo político”. El debate terminaba reduciéndose a identificar si la o el candidato pertenecía a “x” o “y” grupo, mientras tanto las propuestas comenzaban a esfumarse y la probabilidad (por pequeña que fuese) de integrarnos como comunidad se hacía cada vez más corta. Lo anterior me generaba un conflicto enorme, porque por más que quisiera apoyar a alguna candidata o candidato, las propuestas terminaban siendo lo menos importante. Importaba más el show político, la grilla y al último el interés estudiantil.

Con el paso de la pandemia y la educación a distancia, me percaté de diferentes problemas que nos afectaban como estudiantes, el más destacado fue el tema de la salud mental y el rezago educativo. Como lo he documentado en este espacio, este es un problema que nos ha afectado a todos los niveles educativos de nuestro país, incluyendo a nuestra universidad y muy pocos compañeros se pronunciaron al respecto. La discusión siempre fue si deberíamos volver al sistema presencial o no, sin pensar en el después, es decir, una vez regresando, ¿qué debemos hacer para mejorar nuestro entorno educativo? ¿Qué deberían hacer las autoridades educativas al respecto? ¿Qué podemos nosotros hacer como estudiantes? Fue en ese momento que pensé que quizás sería bueno proponer alternativas, pero si no son visibles ante la comunidad universitaria, jamás llegarían lejos. Por eso, y con el hartazgo del debate estéril de las campañas, el martes pasado me lancé como candidato a ser Consejero Universitario por mi Centro.

Durante tres días, de la mano de varias compañeras y compañeros de mi salón, a quienes les agradezco infinitamente su apoyo y lealtad durante la campaña, recorrimos todo el Centro para promover estas propuestas que son, sobre todo en este momento, más que necesarias y creadas con apoyo de otras carreras. Con el paso de los salones, conocí a muchas personas, platiqué con compañeras y compañeros de otras carreras como Psicología, Trabajo Social, Asesoría Psicopedagógica (a quienes les envidio mucho su formación), Docencia de Idiomas, Comunicación, Historia, Sociología, Filosofía, Ciencia Política y Derecho; retroalimentaron mis propuestas y, al mismo tiempo, la cuestionaron, algo que para mí fue maravilloso, porque el debate fue sobre las alternativas y no sobre mi persona. Les propuse un plan para apoyarnos e integrarnos como comunidad, demostrarle a la sociedad que nosotros como universitarios podemos crear mejores oportunidades para todas y todos.

Esta columna la escribí el jueves pasado, mientras cerraba campaña. Hasta mañana se dará el resultado de la elección. Sin embargo, me alegro de por fin haber tenido el valor de salir a proponer un cambio en mi entorno. Conocí a personas extraordinarias durante este proceso, pude platicar con candidatas y candidatos de manera pacífica, a quienes les reconozco también su valentía por querer proponer un cambio en nuestra universidad y su apertura al diálogo. Más allá de si logro ganar o no, me quedo con esta enorme experiencia y espero haber despertado el interés en nuestro Centro por buscar una comunidad estudiantil unificada. Una universidad donde todas y todos podamos trabajar juntos para salir adelante.