Víctor Hugo Granados Zapata

Desde la academia y la sociedad civil se les ha dicho a las autoridades que la planeación del regreso presencial debe hacerse de manera responsable, profesional, con base en evidencia y sobre todo en función de garantizar el derecho a la educación de todas las niñas y niños del país. En varias ocasiones he señalado, en este mismo espacio, las consecuencias que tiene la educación a distancia en tiempos prolongados, que van desde el estrés que genera el aislamiento hasta la ampliación de la brecha educativa (dada la falta de equipos o posibilidad económica de continuar con sus estudios), así como el aumento de la deserción escolar y el detrimento de la calidad educativa. Estas son las razones que nos orillan a presionar el regreso presencial a las aulas, sin embargo ¿bastaría con regresar a las aulas? ¿debemos contemplar una estrategia con las autoridades sanitarias? ¿cómo podemos resarcir el daño de la pandemia en el desarrollo académico de las niñas, niños y adolescentes? Como siempre, las respuestas son más complejas de lo que esperamos.

A inicios de esta semana se ha anunciado el regreso presencial por parte de las escuelas particulares en todo el país. El presidente de la Asociación Nacional de Escuelas Particulares (ANEP), Alfredo Villar Jiménez señaló desde inicios de este ciclo escolar que buscaban el diálogo con las autoridades escolares (SEP) para cambiar la estrategia del regreso presencial y que de no conseguir dicho diálogo recurrirían a las instancias legales. Esta declaración se transformó en el plan, dado que dicha asociación anunció que este lunes 1 de marzo retomarán las clases presenciales, independientemente del color del semáforo epidemiológico en el que se encuentren. Ante estas declaraciones, la SEP emitió un boletín (número 38) donde señaló textualmente que “el regreso a clases presenciales será seguro, ordenado, gradual y cauto, siempre y cuando el semáforo epidemiológico esté en verde, y conforme lo determinen las autoridades locales”. Aterrizando al caso de Aguascalientes, el Gobernador del Estado Martín Orozco señaló ante los medios de comunicación que el Gobierno del Estado no va a oponerse al regreso presencial de las escuelas particulares, pero en caso de darse un rebrote de contagios solicitará el regreso al sistema de educación a distancia.

En teoría, podríamos decir que el Gobierno del Estado y la ASEP están actuando de manera congruente ante el tema de la crisis educativa en la que estamos viviendo (sobre todo en cuanto a la deserción escolar), sin embargo, esto último no es del todo concreto dado que no existe ningún plan de regreso presencial que contemple medidas de prevención y control de contagios, así como también faltan programas de combate al rezago educativo, evaluaciones diagnósticos y lo que quizás le moleste más al magisterio, un plan de reforzamiento o nivelación en verano. No vemos por ningún lado que el ISSEA esté en contacto con las escuelas para elaborar estrategias que busquen prevenir posibles brotes en las escuelas, ni mucho menos tener un plan de monitoreo de contagios. Todo esto es aunado a que se está actuando en contra de la estrategia planeada por la SEP y la SSP para el regreso presencial, ya que se está ignorando por completo el semáforo epidemiológico (donde según los últimos reportes de la Secretaria de Salud Pública, estamos en color naranja).

Estoy totalmente a favor del regreso presencial, las razones sobran y la evidencia es suficiente para planear un regreso ordenado y eficaz; sin embargo, en el caso de Aguascalientes no deberíamos forzar el regreso, lo que debemos hacer es generar un plan que de ejemplo al resto de las entidades. En primer lugar, necesitamos realizar un acuerdo administrativo entre las instituciones educativas y de salud en el que sumen esfuerzos para crear un registro en el que se estén monitoreando los contagios en las escuelas, lo segundo es brindar el equipamiento en materia de infraestructura necesario para que las escuelas sean lo más seguras posibles (asegurar que las escuelas cuenten con agua, un buen sistema de drenaje, protocolos de higiene, etc.) y tercero, lo más importante de todo, diseñar un programa híbrido que sea aplicado por todas las escuelas particulares de manera uniforme (reduciendo el número de horas que deberán asistir las y los estudiantes, determinar qué días asistirán y qué días tendrán clases en línea, etc). La planeación es fundamental para poder establecer otro tipo de estrategias que reduzcan la deserción escolar o combatan la brecha educativa, es decir, el primer gran paso para atender esta crisis educativa es planear bien un regreso a las aulas.

Desafortunadamente, dicho plan no puede elaborarse en dos días y el lunes van a regresar a las aulas miles de alumnas y alumnos en todo el Estado. Si fallamos en este primer paso va a regresar la estigmatización de las escuelas como ocurrió al inicio de la pandemia, donde la educación volverá a caer en el último lugar de las prioridades del estado. Uno de los derechos que más se ha vulnerado en estos tiempos de pandemia ha sido el derecho a la educación, no podemos seguir implementando estrategias improvisadas como el “Aprende en Casa” o regresar a las aulas sin ningún tipo de planeación, ya que quienes se juegan su futuro en estas decisiones son las miles de niñas, niños y adolescentes que van a resentir en un futuro la baja calidad de su formación actual. El momento de prevenir el desastre es ahora, después será tarde y el agravio seguirá expandiéndose día con día.