Víctor Hugo Granados Zapata

El regreso a clases presenciales está cada vez más cerca, algo que ha molestado a varios padres de familia, pero también ha llenado de esperanza a otros, sobre todo a las niñas y niños. En ocasiones anteriores hemos explicado todos los efectos negativos que tiene el encierro prolongado y la educación a distancia, de aquí la urgencia de regresar a las aulas de la manera más segura posible. El director del Instituto de Educación de Aguascalientes, Ulises Reyes Esparza, afirmó esta semana en una rueda de prensa que se trabajarán protocolos de seguridad para el regreso presencial e híbrido con el ISSEA (además de una inversión de 50 millones de pesos para materiales de sanidad), así como también van a colaborar centros de investigación como el CIDE en la planificación de dichas estrategias dentro de los nuevos comités. Sin duda alguna, la política educativa en Aguascalientes está tomando un nuevo y mejor rumbo, priorizando el derecho a la educación y a la salud.

Ante este nuevo comienzo, podemos plantearnos diferentes escenarios posibles que deriven de esta nueva estrategia, por ejemplo, un posible repunte de contagios por Semana Santa. ¿Por qué esto debería preocupar a las y los tomadores de decisiones en materia educativa? Principalmente porque uno de los sectores que más se han estigmatizado (de manera infundada) es el educativo, al correr el rumor de que las escuelas eran focos de contagio y que bajo ninguna circunstancia deberían abrir. Las vacaciones de Semana Santa se caracterizan por la alta actividad turística, lo cual podría repercutir en los índices de contagio en Aguascalientes y, por lo tanto, muchas personas culparán sin reparo al regreso paulatino a las aulas. De aquí la importancia de que el IEA y el Gobierno del Estado realicen una campaña de difusión en la que puedan informar a los padres de familia sobre los efectos negativos que puede traer el irse a la playa (por ejemplo) en Semana Santa, donde sus hijas e hijos podrían pagar el precio con el cierre de las aulas por repunte de contagios (así como una exposición mayor al COVID-19).

Por otro lado, tenemos la planificación de los mecanismos de renivelación en educación básica. Aguascalientes cuenta con aproximadamente 280 mil estudiantes (según cifras de 2019 del IEA), cada una y uno de ellos tendrá un rendimiento académico más bajo que el que poseían antes de la pandemia (por obvias razones) de aquí la urgencia de elaborar un examen diagnóstico (con apoyo de las y los directores, docentes y la SEP) y aplicarlo para determinar tres cosas: la primera, cuál fue el impacto real en el rendimiento de todas y todos los estudiantes; segundo, con base en esta evidencia elaborar talleres de nivelación que lleve a cabo el magisterio. Esto es muy importante dado que la continuidad de sus estudios podría verse en peligro si no logramos cubrir con los temas que requieren para así pasar al siguiente grado o egresar.

Tercero, una estrategia de combate al rezago educativo. Las cifras exactas sobre deserción escolar aún son un misterio, además de que podrían estar expandiéndose día con día. A mediados del año pasado, el subsecretario de Educación Superior, Luciano Concheiro, señaló que la cifra aproximada de abandono escolar es del 10% en educación básica (2.5 millones de estudiantes aproximadamente en todo México), sin embargo, no podemos tener certeza del número exacto dado que la SEP aún no decide publicar dicha información, algo preocupante ya que su falta de transparencia puede costarnos tiempo muy valioso para elaborar estrategias para combatir dicha situación. Por otra parte, las causas del rezago educativo pueden ser variadas (estrés, falta de recursos o infraestructura, una situación económica difícil, etc.), sin embargo, la causa que más se ha señalado es la falta de recursos económicos, lo que orilla a que las y los estudiantes tengan que salir a trabajar para apoyar a sus familias.

El Banco Interamericano de Desarrollo estima que en México 628 mil estudiantes (de 6 a 17 años) aproximadamente dejarán la escuela por la situación económica ocasionada por el COVID-19, pero incluso tratando el tema económico (ya sea con becas enfocadas para apoyar a la población más vulnerable, así como apoyos económicos para las familias) aún nos quedarían otras razones que atender por las que los estudiantes decidieron abandonar sus estudios. Es aquí donde entrarían las autoridades educativas, directores y docentes, quienes tendrían la tarea de identificar (en la medida de sus posibilidades) a los estudiantes que están saliendo de la escuela, tratar de indagar los motivos y así poder iniciar la elaboración de un plan de combate a la deserción escolar en Aguascalientes.

Regresando al presente, estos escenarios pueden parecer un tema secundario, sin embargo, es probable que sean la parte más compleja y difícil para lograr enderezar al sistema educativo, que ha sido golpeado por la situación actual. El Gobierno del Estado ha demostrado que sí se puede intervenir en el sector educativo de manera eficiente y, sobre todo, responsable. Si continuamos con este tipo de estrategias, Aguascalientes podría llegar a dar el ejemplo en cuanto al rescate del sistema educativo, garantizando el derecho a la educación de las niñas, niños y adolescentes. Estaremos vigilando la implementación del regreso presencial y de los protocolos de sanidad, pero ahora desde una perspectiva más esperanzadora y con vistas a una mejora educativa en la entidad.