En estos días, millares de integrantes de las instituciones de educación superior estarán pisando por última vez sus aulas como estudiantes. Después de 4 o 5 años de arduo estudio, desvelos y sacrificios, han terminado satisfactoriamente sus programas de estudios y cumplido con todos sus requisitos de titulación.

Hace unos días, en la UAA llevamos a cabo la simbólica ceremonia de entrega de títulos para nuestros miles de graduados. Como en cada ocasión tan importante como esa, tuve la oportunidad de dirigirle un mensaje a nuestros jóvenes. Al enunciarlo, también pensé en todos los egresados que esta misma temporada se están graduando en alguna otra de las decenas de universidades que cumplen su tarea en la entidad. Así que, con esto en mente, quiero compartirles aquí estas palabras a todos los recién titulados, así como a sus docentes, sus papás y mamás, sus familiares y amigos y todas las personas que directa o indirectamente ayudaron a hacer de su sueño una realidad. El texto dice así:

Quiero dirigirme a nuestros flamantes egresados para destacar cuatro puntos importantes sobre la meta académica que han alcanzado y que será un parteaguas en sus vidas; pero también sobre los retos que les llegarán a partir de ahora.

Primero, debemos señalar el contexto y las dificultades inéditas que le tocó vivir a su generación: a finales de 2019 recibíamos noticias de una nueva enfermedad que asolaba a China y que comenzaba a presentar brotes en otros puntos de Asia y Europa. Aquí se tenía cierta confianza en que el problema iba a controlarse sin que realmente llegara a afectarnos. Por eso, cuando en marzo de 2020 se declaró estado de emergencia mundial y luego comenzamos a ver el aumento exponencial de casos de Coronavirus en nuestro país, ni el gobierno ni la sociedad teníamos preparados planes de contención y respuesta.

En ese contexto de repentino encierro, de enfermedad y muerte, de miedo e incertidumbre, de organizarnos sobre la marcha y aprender a estudiar o trabajar desde el aislamiento y la reorganización familiar, a ustedes les tocó reinventarse no sólo como estudiantes, sino como hijos, hermanos, amigos o parejas. Les tocó el reto de enfrentarse a lo anterior para no perder el año, y, al mismo tiempo, para no dejarse vencer por la ansiedad, la tristeza o la desesperación.

Visto a la distancia y en plena normalidad, puede parecernos menos importante de lo que fue: pero de verdad su capacidad de resistencia fue algo admirable por donde se quiera ver, sobre todo porque en aquel momento ni siquiera sabíamos si íbamos a tener vacunas efectivas y cuándo estarían disponibles. Estudiar en una situación tan tensa y en muchos casos tan desesperanzadora fue una prueba que hoy, a la vuelta de los años, confirma su enorme fortaleza interior y su capacidad para sobreponerse y seguir adelante a pesar de todo.

Eso me lleva al segundo punto: en todo este camino jamás estuvieron solos, y eso fue sin duda importantísimo para que recargaran fuerzas y siguieran adelante. Estoy segura de que siempre hubo por lo menos un amigo, un familiar y un docente o tutor, que supo darles consejo en los momentos más difíciles. Alguien que los escuchó y les dio su apoyo, su paciencia, su comprensión o su empatía.

Si algún egresado está tentado a decir que no fue así, le invito a que haga un ejercicio de memoria y, sobre todo, de humildad: es literalmente imposible que uno haya salido adelante sin ningún respaldo o apoyo. Y ese es el milagro de la vida en sociedad: que todos nos constituimos como una red donde mutuamente nos ayudamos y vamos generando condiciones para que otros puedan seguir avanzando, sabiendo que a su vez siempre habrá personas que sean un apoyo o que nos den un servicio.

Una parte central de esta red son las instituciones educativas. En este caso y con todas las áreas de oportunidad que puedan tener, las casas de estudios donde estudiaron les brindaron una base de conocimientos indispensable, construida en el programa de estudios que cursaron, en las instalaciones a las que tuvieron acceso, en el sinnúmero de actividades curriculares y extracurriculares en las que tuvieron oportunidad de participar y en las personas que compartieron este periodo con ustedes, ya sea como docentes, como administrativos o como compañeros. Recuerden siempre esto y procuren ser agradecidos, no solo con la gente cercana, sino con toda la sociedad, porque gracias al esfuerzo colectivo todos podemos seguir avanzando para alcanzar nuestros sueños.

Los dos últimos puntos que quiero mencionar son sobre lo que les depara de aquí en adelante. Primero, al ganarse un título que los acredita como licenciados, ingenieros, especialistas, maestros o doctores, sin importar cuál sea su “alma mater” ustedes adquirieron el compromiso de representar los valores propios de todo universitario: racionalidad, justicia, pluralidad, búsqueda de la verdad, humanismo y responsabilidad social. Esto debe reflejarse en el trato que den cada día a las personas a su alrededor, en el ejercicio ético de sus carreras y, definitivamente, en las acciones que puedan realizar para combatir el cambio climático, las desigualdades e injusticias, la ignorancia, la mentira y la violencia.

Segundo, deben entender que su educación no se termina al obtener un título: todos los días se generan en el mundo nuevos conocimientos que hasta pueden reconfigurar el ejercicio de nuestras profesiones; todos los días hay avances científicos, académicos y tecnológicos. Pero, más allá de eso, todos los días surgen oportunidades para aprender algo nuevo, que nos permite ser mejores profesionistas y personas. Un orgulloso egresado debe comprometerse con seguir actualizando sus conocimientos, capacitarse y adaptarse a los cambios que le toque vivir, a fin de seguir siendo la mejor versión de sí mismo en su trabajo, en su familia y en sus círculos sociales. Los invito a que no echen en saco roto estas palabras y que cada día se levanten con ánimo de seguir aprendiendo y mejorando en todos los rubros de su vida.

Quiero finalizar expresando mi admiración, cariño y agradecimiento a cada uno de las y los egresados de nuestra entidad. Como representante de una de las universidades más importantes de la región, me siento feliz y emocionada por ser testigo de este momento tan significativo para ustedes, para las propias universidades y para toda la sociedad. Les deseo de corazón el mejor de los éxitos y, sobre todo, una vida llena de trabajo, de aprendizajes, de alegrías y de logros. Enhorabuena y muchísimas felicidades.