Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga.

Una sigilosa y efectiva secuela

Los dinámicos avances de esta película sugerían un cambio dramático de ritmo similar al que ocurrió con “Alien, El Octavo Pasajero” (Scott, E.U., 1979) en su transición a la más movida y menos atmosférica “Aliens, El Regreso” (Cameron, E.U., 1986), algo que, de no manejarse adecuadamente, pudo minar la cuidadosa construcción argumental de la primera parte sobre una invasión de extraños seres insectoides susceptibles al ruido que detonan una trama dramática sobre una familia que busca sobrevivir en este mundo dominado por las hostiles criaturas, desplazándose y existiendo en el más absoluto silencio, distinguiendo la naturaleza narrativa de este logrado debut como realizador del actor John Krasinski de otros filmes similares. Y en efecto, esta continuación posee una dosis más elevada de acción, pero, a cuentagotas, para destinarla a situaciones adecuadas donde una explosión, una persecución o incluso una pelea cuente algo o tenga un significado, sin relegar a los personajes a meras marionetas que corren, sufren o lloran para nuestro sádico deleite.
La película abre con un prólogo donde se ilustra someramente sobre el arribo de los dentudos monstruos con un montaje ágil que pone atención al suspenso y a una inteligente transición de la idílica existencia de los protagonistas (la madre, interpretada por Emily Blunt, y su esposo, encarnado por John Krasinski, viendo un juego de beisbol donde su pequeño hijo es bateador), al pánico desatado por el inesperado ataque de los aliens. Con esto, se marca una línea rítmica que no abandona a la cinta, donde los momentos de quietud se percibirán más como una calma que antecede a la tormenta, a la vez que se prosigue con el desarrollo personal de esta familia trunca después de los eventos en la primera parte, expandiendo en los dos aspectos clave de este universo: el silencio y la familia, renunciando incluso a recursos diegéticos como música de fondo y demasiada acústica incidental, prolongando la tensión en varias escenas con efectividad.
Blunt se consolida como la protagonista, protegiendo a sus tres hijos: el mayor, Marcus (Noah Juppe), su hermana sordomuda Regan (Millicent Simmonds) y un bebé que constantemente debe ser resguardado en una caja de madera provisto con un tanque de oxígeno para que sus involuntarios llantos no alerten a los extraterrestres. En su viaje por encontrar otro lugar donde vivir, se topan con un granjero vecino (Cyllian Murphy) que les ayudará a establecerse, a la vez que representa la desaparecida figura paterna de estos chiquillos empeñados en sobrevivir. El foco de esperanza reside en Regan, quien descubrió que su aparato para la sordera, en conjunción con un equipo capaz de transmitir audio, puede producir una retroalimentación acústica que daña severamente a los invasores, por lo que se empecina en emprender un largo viaje para llegar a la única estación de radio en operación para transmitir con su aparato a todas las radios posibles la frecuencia dañina a los bizarros seres. Al escapar con ese fin, se producen tramas análogas donde veremos cómo el granjero busca proteger a Regan de varios peligros, incluyendo otros sobrevivientes que, como toda sociedad postapocalíptica, ha abandonado las reglas o lineamientos morales y pudieran ser incluso más peligrosos que las criaturas, mientras que Blunt reafirma su postura férrea e independiente como una madre que hará todo por mantener a sus hijos fuera del alcance del peligro, incluso arriesgando su propia vida, mientras que Marcus crecerá aún más como personaje cuando deba superar sus miedos e inexperiencia, ya que, de momento, debe cuidar por su cuenta del bebé, una vez que su mamá sale a la búsqueda de medicamentos.
Todas estas líneas dramáticas se cuidan con esmero por John Krasinski, quien regresa a la dirección acertando una vez más en sus decisiones creativas, permitiendo que la cámara sea más participativa en esta ocasión, en lugar de limitarla a la mera exposición, mientras que su visión sobre la historia y subsecuente expansión fluye con naturalidad. Todos sus personajes, concebidos por un guion que los atiende primorosamente en cuanto a motivaciones y acciones, se conducen dentro de los parámetros de la realidad sin actos sobrehumanos o excesivamente heroicos, sembrando siempre la duda en el espectador si acaso alguno de los más apreciados por ellos sobrevivirá a este cruento proceso. “Un Lugar en Silencio, Parte 2” le sube un poco más al volumen narrativo manteniendo todo, al igual que la primera, en un constante, pero efectivo silencio.

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