Hace tiempo que vengo leyendo los ensayos y algunos relatos de Rafael Narbona en la Revista de Libros que no recuerdo cómo empezó a llegarme a través del correo electrónico. Lo primero que me llamó la atención fueron sus textos sobre Tintín, personaje de una fantástica colección de historietas creada por Hergé que me deleitaron en la infancia, al que aficioné también a mi hijo Luis. Además me interesaron los relatos de Narbona sobre las andanzas de padre Bosco, párroco de Algar de las Peñas e impensable amigo del anarquista Julián, del que se expresa de esta manera:

“Siempre me he llevado bien con Julián. Hay algo común entre el anarquismo y el cristianismo: la nostalgia de las comunidades primitivas donde no existían la propiedad privada ni las clases sociales. Julián siente aversión por cualquier forma de autoridad. Yo no comparto ese criterio, pues creo que las jerarquías son necesarias, pero sé que el cristianismo surgió como una comunidad de iguales donde se compartía sin distinciones la mesa y el pan, y a veces me pregunto si no deberíamos volver a los orígenes”.

Por eso me atrajo de inmediato una de las columnas recientes de Fernando Aramburu, titulada Rafael Narbona y la felicidad:

“En estos tiempos en que el alud incesante de malas noticias alienta el pesimismo, la náusea, la tentación de no creer en nada, se agradece que un buen escritor tenga la generosidad de recordarnos con prosa clara y discurso honesto que la vida, a pesar de tanta suciedad humana y tanto dolor, merece la pena. Así lo ha hecho Rafael Narbona, años atrás profesor de Filosofía en Secundaria, hoy reputado crítico de literatura, en un libro de publicación reciente titulado Maestros de la felicidad. Narbona hace un recorrido personal desde los inicios del pensamiento razonado en la antigua Grecia hasta las últimas propuestas de índole posmoderna, con la mira puesta en espigar argumentos favorables a una consideración positiva de la existencia”.

En efecto, Maestros de la felicidad. De Sócrates a Víctor Frankl, un viaje único por la historia de la filosofía (Roca Editorial, 2024) es un acontecimiento literario y filosófico felicísimo, cuya lectura depara esperanza y serenidad bien fundadas, transmitidas mediante un lenguaje claro y amable no carente de rigor. El autor acompaña la historia de las ideas y algunos datos biográficos de los filósofos con reflexiones sobre su propia vida e intercala lo que llama “interludios”, en los que amplía sus reflexiones y puntos de vista sobre temas vitales que nos preocupan a todos.

Añade Fernando Aramburu:

“El autor sabe lo que busca y lo encuentra en las enseñanzas de un nutrido elenco de filósofos, los llamados maestros de la felicidad. Y eso que encuentra es confortador y está fundamentado en la inteligencia y el conocimiento, pero también en episodios a menudo amargos de la vida del propio autor. Me complace, porque me ilumina, la equiparación que establece Narbona entre la felicidad y la bondad. La idea de que la felicidad consiste básicamente en hacer felices a los otros me parece un principio ético de enorme solidez”.

Y remata señalando: “Veo un corazón limpio en el empeño de Narbona por ponerle cimientos a la esperanza y en reconocerle al hombre una dimensión espiritual”.

Quiero agregar algo que me parece también muy importante y muy de agradecer hoy cuando la humildad es una virtud prácticamente olvidada, que sólo se espera de los marginados por el sistema: los pobres, los campesinos y los indígenas, por ejemplo. En el prólogo, Rafael Narbona nos dice:

“A veces, llegué a pensar que mis vivencias carecían de interés y que alguno podría objetar que me tomaba a mí mismo demasiado en serio, pero mis dudas se resolvieron al reparar que el aprendizaje del ser humano prospera gracias al contraste con las experiencias ajenas… Mi paso por este mundo no es una epopeya, pero tampoco ha constituido un trayecto completamente anodino. He logrado sortear todas las calamidades, he aprendido de mis equivocaciones y ahora soy una persona feliz y optimista”.