Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 Mi hermanita María Arcelia platica un cuento de un gato que tenía tres orejas, dos colas, siete patas, dos ojos verticales y alguna otra lindura, cuando uno le advierte que los gatos no son así, su respuesta es terminante: Este es mi cuento, tu cuenta tu cuento y haz tu gato como tú quieras. Aunque esto no tenía que ver con las mañaneadas lopecinas, pues se me vino a la cabeza y como mi pecho no es bodega y tampoco mi guaja pues ya quedó dicho.  El Presidente inventa y cuenta el cuento como le viene en gana y sin duda, a muchos les gustan los gatos de tres patas y los cuentos presidenciales, pero finalmente eso no viene al cuento por hoy.

Resulta que con tal de no quedarme atrás y espoleado por aquello de que chango viejo no aprende maroma nueva, me he dedicado de pocos meses a esta parte, a explorar las características y posibilidad de las llamadas redes sociales, que son muchas, pero que, en la práctica parecen convertirse en un instrumento de manipulación tan o más fuerte que otro tipo de medios. Por mi parte me propuse hacer un experimento como el gato del cuento de mi hermana. Un experimento que aunque a mí me dejó satisfecho, tendrá muchos peros desde el punto de vista científico pero para el santo que es y los milagros que hace, fue suficiente.

Los despistados lectores deben saber que además de esta columneja, los lunes en una estación de radio de la localidad, que como dice el versito popular: “No pongo nombre ni firma, pa’ que no vuele su fama, que el que la quiere y la estima, y sabe cómo se llama” baste decir que es la más antigua del estado, hago un breve comentario a tontas y a locas, porque los lunes ni las gallinas ponen, y a mí me pusieron ese día. Y por aquello de que el que no asegunda no es buen labrador, tanto el comentario del lunes como esta columneja de los miércoles los subo a una red social a la que aludiré solamente como FB.

En la mentada red tengo, así les llaman, mil y tantos amigos, personas que al ver alguna de mis publicaciones no les pareció muy rascuache y me pidieron ser su amigo y otras a las que yo hice la petición de amistad. Tengo unos cientos de seguidores que supuestamente están interesados en las ocurrencias trasnochadas del suscrito que habla y, por mi parte he marcado a algunas personas como lecturas preferentes para ver sus publicaciones primero que las demás. Sin embargo en un día cualquiera, “Today is a good day for die” dicen que dijo Crazy Horse, recibo cientos de anuncios comerciales y una centena de mensajes de personas a las que no he invitado como amigos, muchas de las cuales no serían mis amigos ni aunque fuéramos los únicos sobrevivientes del COVID. Además los pocos mensajes que recibo de algunas de las personas que he señalado como preferentes se repiten una y otra vez a lo largo del día y a veces de muchos días.

No me quiero referir a los contenidos, aunque baste decir que la mayoría son insulsos, al menos los que yo recibo, y que finalmente el cernir para separar el trigo de la paja se ha convertido en una tarea que demanda mucho tiempo, porque esa es otra de las características de las redes sociales, demandan y consumen mucho tiempo y lo que es peor, es tiempo que se pasa sin sentir. Ese es el peligro.

Alguien me sugirió que mis articulejos debería difundirlos por las redes y así lograría tener más lectores, aunque merece la pena decirlo, yo no escribo para lectores determinados, más bien espero que el texto busque y encuentre sus lectores. Ese es su trabajo, el mío es escribirlo. En fin, el hecho es que me animé a gastar poco mas de cien pesos en un textículo que titulé “AMLO el payaso de las bofetadas” haciendo alusión a su comentario de que propondría un impuesto para los que le atacaran, “péguenme pero páguenme” lo subtitulé. De las cuatrocientas palabras del texto, en FB solo aparecerían una síntesis de cuarenta y la remisión a mi blog en que se encuentra completo.

La difusión se hizo por cinco días, en los que FB me asegura que llegó a más de 9,000 personas, de ellas interaccionaron 1,112, lo que significa que me costó un “diez” llegar a esa persona, de esas, 629 reaccionaron: a 40 les enojó, a 319 les divirtió, a 251 les gustó y el resto le pusieron corazoncitos o abracitos. Hubo 283 que la comentaron y 84 que la compartieron. La mayoría de los comentarios, poco más de 200, más o menos de este tipo: “Que le hacen caso a gente sin criterio y sin valores…Con el simple echo de ser parte de un ejército de esclavos al servicio del prianismo vasta para saber que gente son..…Bullidero. PORQUE TAN ARDIDO !!!! SE ESCONDEN TRÁS UNA IMAGEN..UN PSEUDÓNIMO… PRIANISTAS FRUSTRADOS QUE .. EXTRAÑAN LA GRAN VIDA ..LOS LUJOS ..EL DINERO FÁCIL…. ARDIDOS IGNORANTES…. TEMEMOS MUCHA MEMORIA…¡Error! Referencia de hipervínculo no válida.PUES TU Y TU CORREO VAN Y CH. A SU P. MADRE….JAJAJAJAJAJAJAJAJA”.

Y así por el estilo. ¡Qué pena, ningún argumento, ningún debate, sólo descalificaciones! Marca 4T. Pero lo verdaderamente decepcionante es que sólo hubo 29 personas que oprimieran el enlace, sólo 29 personas que mostraron interés por leer un artículo de una cuartilla, cuatrocientas palabras y ni siquiera la certeza de que esas 29 personas lo hayan leído.

Si a esto le agregamos los llamados bots y las granjas que los producen, que son personas contratadas y entrenadas para crear cuentas, inventar usuarios y escribir comentarios en favor o en contra de una determinada persona o idea, creando lo que llaman tendencia, que da la falsa idea de una opinión generalizada. Decepción total.

Lo decía Felipe González el de España: “No hay que confundir la opinión pública con la opinión publicada”.

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