Víctor Hugo Granados Zapata

Acaba de terminar el ciclo escolar 2020-2021, siendo quizás uno de los más complejos que hemos tenido en la historia moderna de nuestro país. Los retos fueron enormes, desde la planeación del regreso semi presencial con base en el semáforo epidemiológico, pasando por la campaña de vacunación de docentes y personal administrativo, y finalmente con la implementación de la educación en línea. Con el paso de los meses comenzamos a detectar las fallas de este nuevo sistema educativo, empezando con los problemas de comunicación entre miles de estudiantes con sus escuelas, con sus profesores (797 mil estudiantes tuvieron una comunicación inexistente con sus profesores, según las últimas cifras de la SEP) y una terrible planeación presupuestaria (eliminar el programa de Escuelas Tiempo Completo). ¿Qué logramos aprender de este ciclo escolar? ¿Qué alternativas podríamos emplear para mejorar el sistema educativo actual?

Para empezar, el presupuesto es una parte fundamental para corregir los errores de la política educativa actual. Eliminar el programa de ETC fue un error enorme, a pesar de que el ex secretario de Educación, Esteban Moctezuma, había señalado en su última comparecencia ante el Senado que el programa aún subsistiría a través del programa de “La escuela es nuestra”, el sólo hecho de haber salvado a medias el recurso en un transitorio dentro de la ley de egresos es una ventana para desaparecerlo completamente en el siguiente proyecto de egresos para el año 2022. Por otra parte, la mayoría de los esfuerzos de la SEP se enfocaron en el programa de “Aprende en Casa” el cual, como he escrito en columnas anteriores, fue un rotundo fracaso, y de aquí deriva la urgencia de contemplar un plan de renivelación y mejora continua de las clases en el nuevo ciclo escolar semi presencial.

El presidente de la República señaló en el transcurso de la semana que el regreso presencial es un hecho, lo anterior es bueno y malo a la vez. Primero, debemos entender que el impacto negativo que tiene la educación en línea en el aprendizaje de las y los estudiantes es grande. Según UNICEF, en toda Latinoamérica y el Caribe, 137 millones de estudiantes han perdido un promedio de 174 días de aprendizaje, en este mismo sentido según cifras de CEPAL y la OIT, entre 100 mil y 300 mil estudiantes tuvieron que abandonar sus estudios para insertarse al mercado laboral. Tomando en cuenta lo anterior, la única alternativa posible para frenar los efectos negativos de la educación a distancia es el regreso presencial o semi presencial. Sin embargo, muchas escuelas requieren de un acondicionamiento físico adecuado, comenzando por lo más básico que es contar con agua y drenaje, de lo contrario, podríamos estar siendo irresponsables y expondríamos a las y los alumnos a contraer COVID-19. En este sentido ¿qué es lo que podemos hacer?

Regresando al tema presupuestario, el sector educativo requiere estrictamente de mayor presupuesto para operar diferentes programas. Contando con los recursos adecuados, lo que sigue es crear un plan de renivelación a partir de exámenes diagnósticos, acompañado después de sesiones extra escolares para poder recuperar los conocimientos faltantes. Asimismo, es muy importante crear programas de educación emocional y generar líneas de atención socioemocional para las y los estudiantes, esto debido al impacto que tuvo el aislamiento social prolongado en la salud mental de las y los estudiantes. Finalmente, es vital que se generen sesiones informativas para las familias sobre la importancia de respetar las medidas de sanitización desde casa (lavado de manos, detección de síntomas, etc.), estos con la finalidad de promover un regreso a clases más seguro. El desarrollo del próximo ciclo escolar debe realizarse mediante un esfuerzo coordinado entre las autoridades educativas, las y los docentes, y las familias para asegurar un entorno educativo de mayor calidad.

Por otra parte, se debe dejar a un lado el programa de Aprende en Casa. La gran lección que nos dio este ciclo escolar fue que la educación por televisión no funciona y mucho menos fue eficaz para retener la atención de las y los estudiantes (Ecovid-Ed INEGI, 2021), por lo que debemos exigir una mejor planeación en cuanto a las futuras estrategias en materia educativa. Es muy triste ver cómo se invirtieron millones de pesos en un programa que no se evaluó ni se consultó con la academia o centros de investigación, simplemente porque cumplió parcialmente su función al inicio de la pandemia en abril y mayo del 2020 y se tomó como base del sistema educativo, demostrando una indiferencia total por parte del Gobierno Federal en materia educativa. Es imperativo que se realicen foros y seminarios para planear mejores estrategias, sobre todo apuntando a la necesidad de combatir el abandono escolar y reducir la brecha educativa, ya que ni las becas para el bienestar contuvieron la salida de 1.8 millones de estudiantes durante este ciclo escolar.

No podemos continuar con un sistema educativo improvisado, es nuestro deber como sociedad exigir mejores intervenciones por parte del Estado en sus tres niveles para lograr, de momento, contener los efectos adversos que trajo la pandemia y asegurar que el próximo ciclo escolar mejore la situación educativa de millones de estudiantes en todo el país. De lo contrario, el abandono escolar continuará ascendiendo y la brecha educativa seguirá expandiéndose, comprometiendo el futuro de millones de alumnas y alumnos en toda la República.