Jorge Ricardo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Marko Cortés se fue de la Escandón a la Colonia Santa Lucía, debajo de Santa Fe, en una Suburban color azul panista.

Su precio ronda el millón y medio de pesos, pero de ahí bajó un líder que sonaba un poco más como el pueblo, o como imagina que habla el pueblo. “¿En qué chambean?”, preguntaba entre las calles empinadas, llenas de baches, junto a un canal de aguas negras.

Lo había intentado desde las dos de la tarde en la Colonia Escandón, en la Miguel Hidalgo. Playera azul, pantalón negro, azules los tenis como el cubrebocas: “Mauricio sí sabe chambear”, decía el líder nacional del PAN a un vendedora de tlacoyos afuera del mercado. “¿Chambeando?”, preguntaba adentro, en la peluquería El Rizo, con un alboroto de fotógrafos y promotores del voto entre los pasillos.

Que si puede saludarlos el candidato de la Coalición PAN, PRI, PRD, Mauricio Tabe; la candidata a diputada local América Rangel; el presidente del PAN, les habían avisado a los locatarios desde antes, pero llegada la hora, tenían cara de no saber a quién les chocaba el puño dizque para prevenir el Covid.

Más atrás, Mariana Gómez del Campo, aspirante a ser suplente de su prima Margarita Zavala en la Cámara de Diputados, los seguía, y más atrás se quedaba un joven de sudadera azul que le cargaba la bolsa café.

“Ame, el carnicero de la última carnicería te quiere decir algo”, le susurró un ayudante a Rangel y allá fue la candidata a escuchar el reclamo del porqué le habían quitado. El carnicero desplegó un periódico sobre el tronco de los filetes, pero no era ella, sino Linda Ruiz, la candidata a concejal de Tabe que fue grabada borracha. De todos modos, una fotógrafa de fotos instantáneas que seguía a Rangel a todos lados le dejó la imagen del recuerdo.

“En Miguel Hidalgo, gobernada por Morena no hay trabajo, no hay objetivos, no hay liderazgo…”, acusaba Cortés en el otro pasillo del mercado. “¡No hay estacionamiento!”, lo interrumpía la cocinera de la fonda El Rincón de Rosi.

“Víctor Hugo Romo (que busca la reelección) y Xóchitl Gálvez se mentaban la madre en público y se iban a comer juntos y se fue y volvió Romo, y aquí seguimos con las cascadas en tiempos de lluvia”, se quejó el ayudante de la peluquería El Rizo. Los candidatos prometieron que ahora sí se remodela el mercado, si ganan el 6 de junio, claro.

De la Escandón se fue a Santa Lucía, en Álvaro Obregón. Cortés llegó a apoyar a Lía Limón, ex panista, ex priista, ex verde, hoy candidata del PAN, PRI y PRD. “Hicimos esta alianza porque no queremos gobernar para un solo color sino para todo el pueblo”, improvisaba Cortés asomado a una tienda de alitas, micheladas y dorilocos.

El sol se ocultaba entre los edificios de lujo allá arriba, en Santa Fe. Abajo, en las paredes sin aplanar de Santa Lucía, había nueve lonas de diferentes partidos en una esquina, incluso unas sin logo que denunciaban: “Por culpa de Morena la economía de mi familia se dañó porque subió el gas”.

En 2012, cuando no consiguió la candidatura, esa vez por Miguel Hidalgo, Lía Limón renunció al PAN acusando que había sido tomado por “una pandilla de cuatreros”. Entre 2012 y 2015 fue subsecretaria de Derechos Humanos con Peña Nieto. Hasta 2018, fue diputada federal del Partido Verde, aliado ya de Morena. Hoy, caminando entre callejones y calles empinadas, detrás de tres decenas de jóvenes de playeras blancas con un tambor y un pandero, Limón parece haber resuelto su conflicto ideológico.

Cuando saludaba a algún vecino, un asistente le pasaba una bolsa de tela o una cachucha blanca y azul como el PAN, rosa como el PRI del Estado de México o amarilla del PRD. La coalición podrá perder en coherencia, pero gana en colorido.
“Limón, Limón, acuérdese del Limón”, decía la candidata.

Pasando el canal de aguas negras, se quejó la señora Ángeles Ovando, una promotora del PRI toda su vida: “Nuestra Alcaldía está abandonada, por la calle que ustedes caminen van a encontrar basura, van a encontrar el cascajo, van a encontrar drenajes botados, Layda Sansores (Alcalde de Morena) dejó botado todo y se fue a Campeche”.

Cortés había caminado menos de una hora cuando dijo adiós con la mano desde el estribo de su camioneta de lujo, mientras la señora Ángeles decía que antes las campañas eran mejores, y no sólo porque antes no había pandemia: “Los candidatos ya no quieren caminar, se cansan, hay muchos que andan haciendo campañas en sus carros último modelo y esos carros último modelo son más bien una humillación para la gente que como nosotros vivimos en este tipo de colonias”.

Traía un paquete de cubrebocas que regalaba diciendo, “un obsequio de Lía”, un sombrero de palma y un paliacate verde sobre el cubrebocas. Este había sido apenas su cuarto día de campaña.