Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Entre el cariño y la muerte

El título en inglés contradice en gran medida a su “traducción” mexicana, y en verdad resulta más coherente referirse a la historia que relata esta conmovedora película en términos meramente ordinarios (más no comunes), ya que tal es el acercamiento que la dupla de directores Lisa Barrios D’Sa y Glenn Leyburn han tomado para retratar la íntima ordalía de un matrimonio otoñal que enfrenta el cáncer de mama sin transformarlo en un cuento manipulador, horrendo y lacrimógeno -aunque claro, las lágrimas igual brotarán en su debido momento- de organismos en metástasis y relaciones maritales, retratado con una sencillez que pasma empleando una fotografía pausada y contemplativa que nos lleva con mucha calma a sus nudos dramáticos, los cuales funcionan por su astuta y realista sencillez.
Los veteranos actores Liam Neeson y Leslie Manville protagonizan interpretando a Tom y Joan, respectivamente. Un matrimonio en la mediana edad que lleva un cotidiano amable donde se muestran afecto y ternura, a pesar de que en su corazón llevan la pesada carga de una hija fallecida hace varios años. El guion los coloca en posición dramática casi desde el inicio, cuando Joan (Manville) detecta un pequeño bulto en su seno izquierdo, el cual es diagnosticado como un tumor que debe ser extraído cuanto antes. Posteriormente deberá lidiar con la rigurosa quimioterapia hasta que las células cancerosas sean eliminadas, algo que resulta más difícil de lo esperado. De hecho, se podría decir que la película es básicamente todo el proceso que padece Joan en cuanto a su tratamiento mientras Tom permanece todo el tiempo a su lado, pero lo que realmente provee de arco y sentido a la historia es la forma en que cada uno lo enfrenta, pues mientras ella busca fuerza y apoyo en Tom, éste realiza un esfuerzo sobrehumano para no entregarse a la desesperación, manifestando calidez y empatía… la mayor parte del tiempo, pues tarde o temprano el estrés de la situación aunado a la pérdida de su hija cobra ocasional factura en la animosidad de ambos, estallando en una catarsis dolorosa pero necesaria en este proceso tanatológico donde no saben si saldrán bien librados.
La dirección de D’Sa y Leyburn apuesta completamente al minimalismo, destilando tanto plástica como narrativamente la odisea de Tom y Joan hasta encontrarnos con un relato completamente humano y claro sobre el cáncer y sus ondas expansivas en sus vidas sin entregarse en algún momento a los acostumbrados arrebatos viscerales de este tipo de historias. De hecho, la mesura con que ésta se cuenta envuelve las interpretaciones de Neeson y especialmente Menville, quienes aportan mucho mediante sus medidas actuaciones a un cincelado delicado pero profundo a sus personajes, muy distantes a las amorfas caricaturas melodramáticas que tanto gustan al Hollywood complaciente.
“Un Amor Extraordinario” es, curiosamente, una película que recurre a lo ordinario para ahondar en su tema, pero con una solidez argumental e histriónica tal, que la hace algo extraordinario.

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