Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Cuando una fórmula funciona, es imposible desprenderse de ella, sobre todo cuando hablamos de productos cinematográficos dirigidos al público familiar, pues ahí es donde residen las genuinas ganancias taquilleras. Lo plausible sería que esa ambición financiera por parte de los grandes estudios se viera acompañada de películas con historias funcionales o trabajadas que aunque aborden temas vistos previamente, mínimo se estructuraran con relativa inteligencia y amenidad en un escenario de ganar-ganar para los productores y el público. “Un Amigo Abominable”, el más reciente intento por parte de la compañía Dreamworks de iniciar otra franquicia al estilo “Cómo Entrenar a tu Dragón”, es una cinta que retoma la línea argumental tan socorrida del monstruo benigno que traba amistad con un(a) niño(a) en estado de soledad/desamparo/orfandad sin demasiadas sorpresas, aunque se le reconoce un trabajo sólido en cuanto a animación y personajes agradables que no sacan al famoso estudio propiedad de Steven Spielberg de su zona de confort, pero al menos logra un proyecto muy, pero muy familiar. Es tan inocuo y sencillo que uno no puede más que preguntarse qué hubiera hecho Miyazaki con esto, pues además se acerca bastante a la sensibilidad dramática del maestro de la animación japonesa.
La cinta se ubica en Shanghái y la primera secuencia nos sitúa con velocidad en la trama: un yeti, bestial e inarticulado, escapa de un laboratorio coordinado por una científica francesa llamada Zara. Posteriormente conocemos a una púber de nombre Yi, quien vive con su cariñosa madre y su alharaquienta abuela mientras lidia con la pérdida de su padre trabajando incansablemente durante el día en diversas actividades (paseando perros, desechando basura de botes ajenos, etc.) e interpretando melodías con su violín en el techo de su edificio de departamentos por la noche. Es precisamente durante una de estas sesiones melómanas cuando se topa con el abominable ser, quien se encuentra herido por su fuga, así que la chica decide cuidarlo y posteriormente, al descubrir que su hogar se encuentra en el Monte Everest, llevarlo con su familia. Para ello se le unen involuntariamente dos de sus vecinos: el pequeño Peng, quien tiene un sentido de aventura a tope, y su primo adolescente Jin, joven engreído que sólo vive para las selfies y los likes. Ellos deberán realizar su encomienda contra reloj al verse perseguidos por las huestes de Burnish, un envejecido empresario que desea capturar al yeti a toda costa por motivos muy personales.
Escribí hace dos párrafos que uno de los elementos destacables de la cinta es el trabajo de animación, y ciertamente es el componente que permanece una vez vista la cinta, ya que se le otorga a todo el trabajo visual una plástica colorida y trabajada en cuanto a matices, luces y sombras, amén de un ritmo muy dinámico cultivado en la edición durante las infaltables secuencias de persecución, además de una ambientación bastante convincente para situar al espectador en la geografía más exótica y disímbola de Asia, pues de la resplandeciente Shanghái bañada en neón nos trasladamos al siempre nevado y ventoso Everest. Por fortuna los personajes no caen en la sangronería facilona y si bien llegan a ser algo cursis sus diálogos y motivaciones, están lo suficientemente cuidados, en particular Yi, quien se gana nuestra simpatía con sus modos cordiales e inquisitivos. El problema es todo lo demás, guion incluido, pues no se hace ni el más mínimo esfuerzo por realizar algo distinto a tantas otras películas similares o llevar la trama a puntos más maduros o relativamente oscuros sin que se dañe la percepción de los niños, así que una vez superado el escrutinio de la animación y habernos reído al inicio con algunas situaciones bobas, nos aburrimos de lo lindo por no encontrar algo más sustancioso o memorable. De ahí que la comparación con el cine de Miyazaki resulta inevitable. Es por ello que “Un Amigo Abominable” debe considerarse como un entretenimiento eficaz para infantes aún en preescolar y nada más, por lo que valga la advertencia a los padres para que luego no se sientan estafados.

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