Ana Patricia Velázquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Antes de que iniciara la pandemia, Tania Mendoza Távarez, ingeniera encargada del área de Biomédica del Hospital Central de Chihuahua, también daba clases en la Universidad Autónoma estatal, sin embargo, con el alza de contagios ya no pudo sobrellevar los dos empleos.
La profesionista de 28 años, encargada del equipo médico en la zona Covid, resintió la responsabilidad de que todo estuviera funcional en plena emergencia y la carga extra de trabajo.
“Estaba muy enfocada en trabajar bien acá en el hospital.
“Me estaba estresando mucho porque era llegar a la casa a dar la clase (online) y preparar la del día siguiente y la revisión de las exposiciones de las tareas y dije: ‘Hasta aquí, mejor me concentro en lo mío'”.
A lo largo de la pandemia ha sufrido de paranoia, miedo y ansiedad al creer que podía contagiar a su familia. Se tranquilizó hasta que se mudó de casa.
Pese a las precauciones, a mediados de septiembre del 2020 se infectó de Covid-19 y una de las secuelas con las que ha tenido que vivir desde entonces es la caída del cabello.
La pandemia ha afectado su vida en diferentes niveles, también la obligó a posponer su boda que estaba programada para el año pasado.
“Son cosas que a lo mejor uno diría ‘pues no es algo tan importante’, pero al día te afecta (…) La otra ha sido familiares o conocidos que se han contagiado y que lamentablemente han fallecido”, señaló.