Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La primera gran reforma que promovió el actual Gobierno de la República fue la educativa; por cierto, la más aclamada, la que más expectativas generó entre la ciudadanía, de la que se dijo “ahora sí va en serio”.

Todo parecía indicar que era la reforma, en materia educativa, la que el país necesitaba y la que se esperaba con más exigencia; pero, después del gran pregón, en los estados había lentitud para entenderla, para asimilarla y para operarla; a tal grado llegó la preocupación, por la parsimonia manifiesta, que el Gobierno Central tuvo necesidad de convocar a una senda reunión nacional para exhortar a las entidades federativas que iniciaran las actividades con miras a operar la Reforma Educativa y, para tal fin, la Secretaría de Educación envió representantes (forma de presionar) a los estados para poner en marcha una de las primeras acciones administrativas que consistía en reubicar en las escuelas a los docentes comisionados en actividades diferentes a sus nombramientos (los datos recabados en el Censo de Escuelas, Alumnos y Maestros, levantado por INEGI, así lo sugerían). En el caso de Aguascalientes, las autoridades del Instituto de Educación (IEA) de inmediato se dieron a la tarea de ordenar a los comisionados su reubicación en las escuelas que se les indicaba, con la advertencia de que si no acataban tal disposición, en un plazo de l5 días, se les suspenderían sus salarios.  Todos los que recibieron las órdenes aceptaron su reubicación; pero, lamentablemente, debido a lo apresurado del proceso esta medida resultó muy desafortunada, toda vez que generó más problemas que soluciones, por los siguientes hechos: la inmensa mayoría de los comisionados no hacían falta en las escuelas donde fueron reubicados, porque en esas instituciones las plantillas de personal estaban completas. Cuando se hizo la observación de esta duplicidad de personal en los planteles, las autoridades educativas argumentaron: “lo que importa es que los docentes puedan cobrar en la nómina de una escuela, aun cuando no estén laborando frente a grupo”. (¡Qué forma de desperdiciar recursos! Y todo por no tener un plan bien definido para aprovechar y racionalizar los recursos humanos). Por otra parte, los servicios administrativos que cubrían los docentes comisionados, en áreas estratégicas, quedaron desmantelados y sin atención lo que, a su vez, provocó desconcierto y parálisis administrativa, afectando los servicios del propio Instituto de Educación. Y para tratar de resarcir el daño que se había causado con el desmantelamiento de los servicios administrativos, los funcionarios del IEA tuvieron la ocurrencia de contratar universitarios con objeto de sustituir a los docentes comisionados; pero pronto se dieron cuenta que esta decisión no era la solución porque no había dinero para el pago de los contratados, como tampoco éstos sabían qué hacer en las funciones encomendadas. Conclusión: a los universitarios les dieron las gracias y los docentes comisionados, que habían sido ya reubicados en las escuelas, en su mayoría los regresaron a las comisiones administrativas donde estaban antes. Esto es, se hicieron muchos movimientos a nombre de la Reforma Educativa para quedar igual o peor. Como dice la sabiduría popular, ¿para qué tanto salto si el suelo ni chipotudo estaba?

Otros problemas que surgieron con la fallida reubicación de los docentes comisionados: por un lado, fue el despido de cientos de maestros contratados por honorarios, bajo el supuesto de que los comisionados cubrirían sus lugares, cosa que no fue así; y por el otro, con estos embrollos, los que resultaron más afectados fueron miles de alumnos al quedar sin clases, por falta de maestros, durante los últimos cuatro meses del ciclo escolar 2013-2014. Colateralmente, acto grave, injusto e inhumano fue el haber despedido a muchos contratados sin haberles pagado lo que en justicia les correspondía por el tiempo laborado. Ante este orden de cosas muchos se preguntan, ¿en esto consiste la Reforma Educativa?, o ¿son las consecuencias de una administración sin pies, sin cabeza y sin corazón?

El ciclo escolar 2014-2015, el que está en marcha, inició como terminó el ciclo anterior: faltando muchos maestros en las escuelas, hasta la fecha; por eso, y con toda razón, a diario se quejan los padres de familia porque sus hijos no tienen clases. Pero, curiosamente, según el Censo que levantó el INEGI y según la Secretaría de Educación Pública, en la Entidad sobran maestros, y no pocos. ¿Cómo se puede explicar entonces que sobren maestros en las nóminas, pero faltan maestros en las escuelas? Los supervisores de las escuelas, los directores y los padres de familia, saben dónde hacen falta los maestros y a diario piden que los manden para cubrir los grupos desatendidos; pero las autoridades educativas no saben dónde están los docentes que sobran, o saben pero no quieren molestar su confort y prefieren sacrificar los aprendizajes de los alumnos. Si a este galimatías se le agregan miles de alumnos más sin clases por los maestros jubilados y, según se dice, no hay docentes, ni recursos, para cubrir los grupos que dejan los jubilados, entonces ¿qué va a pasar con los niños y los adolescentes que están inscritos en las escuelas, pero no tienen maestros? Tal vez se piense que es mejor ignorar los problemas y declarar a los cuatro vientos que aquí no hay problemas.

Es preocupante que la Reforma Educativa, hasta hoy, tan sólo haya hecho aflorar los severos problemas administrativos que subyacen en el Sistema Educativo Estatal y que no hay voluntad, o capacidad, o deseos o la intención de poner las cosas en orden. Bajo estas circunstancias, difícilmente se puede esperar la calidad educativa que tanto se proclama en el discurso.