Carlos Reyes Sahagún
Cronista del Municipio de Aguascalientes

Como usted sabe, recientemente se le agregó al Museo de Aguascalientes, que es el antiguo edificio del Liceo de Niñas, posteriormente Escuela Normal del Estado y actualmente la casa de parte de la obra de los artistas aguascalentenses Jesús Fructuoso Contreras y Saturnino Herrán… Digo que se le agregó un edificio de ladrillo y cantera que recibió el nombre de Mausoleo de Jesús F. Contreras
Se trata de una obra creada al calor de las celebraciones del sesquicentenario del natalicio del gran escultor, quien nació aquí el 20 de enero de 1866; una edificación que provocó una polémica, que en realidad no es tal, puesto que todo el mundo parece estar de acuerdo en una misma cosa: hay que quitarlo de ahí; derrumbarlo, tumbarlo, destruirlo, dado que constituye una violenta intromisión en el conjunto monumental que conforman el propio museo y su grandioso vecino, el templo de San Antonio. Todo el mundo parece creer lo anterior menos dos personas: quien ordenó su construcción ahí y quien lo diseñó.
Las razones para obrar en consecuencia son múltiples y, además, válidas: por principio de cuentas el mentado mausoleo es un buen ejemplo de lo que fue el antiguo régimen, su manera de actuar, caracterizada por el capricho y la discrecionalidad, como si el estado y sus recursos fueran un patrimonio familiar, y nosotros sus súbditos.
Como ocurrió con muchas obras, el mausoleo no fue terminado en tiempo y forma. De hecho sigue sin ser inaugurado, y a 15 días de concluir la nefasta administración que le dio origen, la obra estaba poco más que iniciada, aparte de haber sido hecha en contra del sentido común, que para este caso indicaba que tendría que haberse edificado en el lado contrario, alejado del templo; justo ahí, donde se escuchan las risas de los alumnos de la primaria Melquíades Moreno, que limita al norte el museo, tal y como aconsejaron quienes fueron cuestionados al respecto.
Por estas razones el mausoleo es, también, un monumento a la arbitrariedad, y esto es sólo por considerar el asunto desde una perspectiva política, porque si nos vamos a la dimensión estética, destacan tres cuestiones: por una parte, la construcción estorba la visión del museo a quienes vienen por la avenida Zaragoza desde el sur.
Escuché la explicación, por demás infantil, de que con el mausoleo el museo recuperaba el paramento de la calle, perdido en 2004, cuando el Instituto Cultural de Aguascalientes compró el edificio aledaño a la casa de las musas y lo derrumbó para ampliar la visión de nuestro Partenón, y colocar ahí dos relieves de los monarcas aztecas, ejemplos de escultura clásica mexicana, que hasta entonces habían estado empotradas en el Palacio de Birjan, en el barrio de San Marcos. Por cierto No. 1: “paramento” significa, según Wikipedia, “cada una de las caras de todo elemento constructivo vertical, como paredes o lienzos de muros. En muchas ocasiones se hace referencia al paramento como la superficie de un muro. La cara que mira al exterior del edificio, o superficie, se denomina “paramento exterior”.
Por otra parte, visto el conjunto monumental -templo y museo- desde el sur, el mausoleo constituye un pegote, un agregado que desentona con el conjunto, piedra desnuda que nada tiene que ver con los bellos labrados de sus ilustres vecinos; algo rudo al lado de algo delicado. Por cierto No. 2: según el Diccionario de la Real Academia Española“pegote” significa “adición o intercalación inútil e impertinente hecha en alguna obra artística o literaria”.
Finalmente, también desde una perspectiva estética, el mausoleo tapa la visión de los monarcas aztecas empotrados en la pared, colocados ahí justamente para darles una mayor visibilidad, ante el paso de personas por la avenida Zaragoza.
Además, hay un detalle técnico, por lo menos, que en un momento determinado podría actuar en contra de la estructura. Quizá visto desde el sur no se advierta, pero el mausoleo consta de dos estructuras distintas: un cubo y una pirámide invertida, aunque en realidad al primero le falta el lado sur, y está abierto en diagonal por el lado norte.
Pregunta; yo nomás pregunto: con esa pésima costumbre que tenemos todos los seres vivos, de morirnos más temprano que tarde, y frecuentemente sin decir agua va ¿qué pasará cuando llueva, si el conducto para el desahogo del agua que cayera en la superficie de la pirámide invertida, llegara a taparse con el cadáver de una ave?, porque hablamos de una superficie de no sé cuantos metros cuadrados, unos 15 o 20, que convergen sobre ese punto central. Supongo que el resumidero existe y tiene su consiguiente rejita. Evidentemente esta cuestión se resolvería con el obligado mantenimiento, pero como que luego la previsión no es una característica fundamental de la mexicanidad. Posiblemente el licenciado Trastupijes, ese burócrata transa que no falta en ninguna oficina de gobierno, lo negaría a la voz deque al cabo aquí casi ni llueve, y entonces sí, aquello podría convertirse en una alberca.
Por todas estas razones los malquerientes del mausoleo quieren que lo derriben ya; ayer, porque además temen que con el paso del tiempo el edificio se integre al paisaje de la zona; que forme parte de él, y nos acostumbremos a verlo ahí, entre el museo y el templo, como nos hemos acostumbrado a tantas situaciones que nos empobrecen y lastiman: el abuso de autoridad, la corrupción. Total, ¿qué tanto es tantito? El país es tan rico y de todos modos no pasa nada. Además está nuestra trágica resignación, esa afirmación de¿ya qué? Ya está ahí.
Es como en las elecciones, que llegan los candidatos y nos prometen vida de ángel. ¿Qué importa que ni ellos lo crean?Al cabo que, como dice el refrán revisado: voto dado ni el INE lo quita. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).