René Urrutia De La Vega

Muchas personas me preguntan continuamente ¿qué debe hacerse para tener avances que sean significativos en materia de seguridad y de combate a todas las manifestaciones de criminalidad y de violencia en que estamos cada vez más sumidos en nuestro país?, ¿cómo es que podríamos tener la posibilidad real de que las cosas cambien en este rubro?, pues bien sabido es y hemos visto también diversos ejemplos de ello, que cuando se logra tener un desarrollo económico e indicadores progresivos en esa materia, pero no se ha logrado tener estabilidad y adecuados controles en materia de seguridad ciudadana o humana, aquello no es suficiente y las cosas no funcionan adecuadamente a final de cuentas, porque no existe un solo lugar del mundo en donde haya progreso económico sin bienestar social y tranquilidad para la población en materia de seguridad, sin seguridad en realidad no hay progreso.

Podríamos hacer un recuento muy general y ciertamente parcial respecto de algunas acciones, medidas, estrategias, de cómo los gobiernos federales y estatales de las últimas décadas han venido haciendo frente a los problemas de inseguridad sin ningún éxito, a juzgar -una vez más- por los resultados. Recordemos por ejemplo que se creó el Sistema Nacional de Seguridad Pública con una infraestructura muy robusta y con una inyección de recursos presupuestales extraordinaria, creado para fortalecer las estructuras policiales en todo el país distribuyendo recursos en base a reglas emitidas desde el centro, pero que a la postre se ha demostrado su ineficacia puesto que más de un cuarto de siglo de su creación, seguimos adoleciendo de los mismos y, en muchos de los casos, de más graves problemas en las corporaciones policiales federales, estatales y municipales, pues aunque se han repartido cantidades industriales de dinero para procesos de reclutamiento, selección, capacitación, formación, equipamiento, profesionalización y un largo etcétera, lo cierto es que hoy por hoy seguimos estando muy lejos de tener las instituciones que quisiéramos en todo el sistema de justicia penal mexicano, lo cual es causa directa de la situación de inseguridad que vivimos.

La militarización de la seguridad pública, ciudadana o humana, definitivamente ha sido un factor que no ha permitido la profesionalización y fortalecimiento integral de las policías civiles de los tres ordenes de gobierno, y una vez más aclaro que no se trata de denostar a quienes integran estas corporaciones, para quienes siempre tendré palabras solo de reconocimiento y agradecimiento, sino de señalar la falta de visión y de estrategia en quienes toman las decisiones y “juegan” con las personas que desempeñan las funciones operativas y arriesgan la vida todos los días para tratar de mejorar las condiciones de una sociedad que les paga con desconfianza y descrédito, lastimosamente también como resultado de la corrupción en la que se involucran muchos de ellos, que no todos.

Para tratar de contestar a las preguntas iniciales en el sentido de ¿qué tiene que pasar para que las cosas cambien en materia de seguridad en México?, yo diría que son fundamentalmente tres retos determinantes, de los cuales se deberían desprender diversas accionespara integrar y regir un plan estratégico integral de largo plazo: 1. La separación paulatina, ordenada y decidida entre política y seguridad, en donde se dé a la sociedad una participación preponderante, particularmente en lo que tiene que ver con la rendición de cuentas efectiva; 2. Un fortalecimiento verdadero de las Instituciones del Estado que conforman el Sistema de Justicia Penal, iniciando por las policías y continuando con los ministerios públicos, que deberían ser siempre profesionales del Derecho, verdaderos especialistas en Derecho Penal y en técnicas y destrezas de investigación y litigación oral, los jueces y magistrados de los poderes judiciales a quienes habría que exigírseles mayores niveles de compromiso con la justicia y no solo con la ley y la dogmática, sin olvidar al Sistema Penitenciario que tiene un lugar fundamental en el sistema; y 3. Implementar estrategias de combate decidido y profundo a todas las manifestaciones de corrupción, pues mientras sigamos teniendo los niveles de corrupción que tenemos, nada será suficiente siquiera para tener un incipiente inicio de mejora, la detención de personajes con quienes se pretende vender la idea de resultados con acciones espectaculares, va a causar el mismo efecto de la detención de grandes capos del crimen organizado: todo sigue igual y empeorando porque no se combaten las causas, solo se lucra políticamente con acciones mediatizadas. La manera de combatir la corrupción, mediante una gran estrategia de largo plazo,es a partir de la generación de una verdadera cultura de cumplimiento de la norma, en la próxima hablamos exclusivamente de este concepto… ¡en justicia!