Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

(Nota: Esta película se exhibe en cartelera comercial y se incluye en este espacio por su naturaleza analítica y observadora del fenómeno cinematográfico, pero es responsabilidad del espectador si decide asistir a una sala cinematográfica ante la contingencia sanitaria que impera).

Si éste ejercicio en hiperventilación argumental es lo que debemos entender como entretenimiento, entonces la nueva generación deberá emprender una quema de libro masiva a la Tercer Reich por tratarse de palabras estáticas que apelan a la construcción mental de sus imágenes sin montaje ultradinámico o urge la revaloración del thriller a la John Frankenheimer o William Friedkin quienes procuraban una amplitud de dinamismo en la lectura narrativa misma y no mediante trucaje audiovisual sin mencionar lo triste –por no decir patético- que resulta ver cómo aún se fagocita el modelo “Tarantino” para su regurgitación en proyectos tan vacíos y lelos como éste. “Tren Bala” no es entretenimiento, tan sólo una excusa para entumecer la mente del espectador y someterlo a cirugía cerebral mediante una trama basada en un libro escrito por Kōtarō Isaka desprovisto de cualquier personaje anglosajón, por lo que ni siquiera podemos interpretar esto como una adaptación fidedigna, ya que tenemos a un agente con el nombre clave de “Catarina” (Brad Pitt) quien suple a un compañero (Ryan Reynolds) para recoger un maletín en el famoso tren bala que va de Tokio a Kioto sin saber que varios anhelan ése trozo de MacGuffin, incluyendo a dos hermanastros –un caucásico apodado “Mandarina” (Aaron Taylor-Johnson) y un gordito afroamericano que lleva su vida según la pueril filosofía del programa infantil “Thomas y Sus Amigos” (sí, el recurso de los trenes se fuerza a límites absurdos) llamado “Limón” (Brian Tyree Henry) quienes ya han medido fuerzas con “Catarina” en el pasado. Al embolado le entra una jovencita sociópata muy pesada y sobreactuada por la enervante Joey King conocida aquí como “El Príncipe” quien tiene como encomienda encontrar el dichoso maletín y detener a otro pasajero, un japonés llamado Kimura (Andrew Koji) que busca venganza por el intento de asesinato de su hijo por parte de un amo criminal con el mote de “Muerte Blanca” (Michael Shannon), el dueño del maletín. Con asesinos despiadados como “Avispón” (Zazie Beets) y un mexicano llamado Lobo (el despojo artístico Bad Bunny), todos se enfrentan a todos mientras el Tren Bala hace su recorrido a toda velocidad, una serpiente venenosa que ha escapado de un zoológico acecha y una botarga de un anime tipo “Pokémon” se entromete a cada rato.

La furia con que éste filme asalta los sentidos es preocupante, pues el guion se desentiende de cualquier intento porque el espectador entienda, se preocupe o empatice con éstas caricaturas que se hacen pasar por seres humanos para concentrar esfuerzos en un montaje estilizado que emplea tanto ralentí como para abrumar al mismo Zack Snyder mientras chistes malísimos, juegos de palabras abominables y peleas coreografiadas que hemos visto ad nauseam dominan el discurso a tontas y locas. Para el director David Leitch (“Deadpool 2”, “Rápidos y Furiosos: Hobbes & Shaw”) no basta con infantilizar la estructura del cine de acción noventero (que ya de por sí tenía sus dosis de banalidad) sino también desaprovechar un reparto talentoso en pro de un ballet cinético de violencia y destrucción sin sentido que despoja de cualquier gozo a la experiencia, como si pretendiera reemplazar el acto de seducción por una mera masturbación, lo que sintetiza el sentir del espectador al final de la cinta, como algo rápido y no muy placentero. “Tren Bala” es un genuino descarrilamiento que transcurre frente a nuestros ojos durante las larguísimas dos horas de duración que posee, y ni sus extrañas pretensiones filosóficas, como aquellos constantes enunciamientos de “Catarina” y otros personajes sobre su búsqueda por llevar una vida de paz y amor en contraste con la extrema violencia que ejecutan sin alguna justificación irónica, o su búsqueda ociosa por consolidarse como un filme de culto al truene de los chicharrones de Leitch, son suficientes para que esto no pase la prueba del añejo, aunque ¿Qué podíamos esperar de una cinta con Sandra Bullock en papel dizque sorpresa y una piltrafa humana como Bad Bunny en el reparto?

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