Por: Octavio Díaz García de León

La idea: La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha vuelto a plantear la interrogante de cuál es la mejor manera de tratar a los autócratas y dictadores. Si desde una posición de fuerza, enfrentándolos, o bien con una política de apaciguamiento en donde se busque la paz a toda costa sin importar lo que haya que sacrificar. Las lecciones de la historia pueden servir para responder.

Con el ascenso de los nazis al poder en Alemania en 1934 y ante sus pretensiones territoriales, las otras potencias europeas que podían haber actuado como contrapeso a Hitler, en especial Francia y Reino Unido, prefirieron seguir una política de apaciguamiento en donde optaron por ceder a sus pretensiones antes que enfrentarlo por la fuerza.

El principal exponente de esta política en Reino Unido fue el Primer Ministro Neville Chamberlain quien, con la intención de apaciguar a Hitler y evitar una Segunda Guerra Mundial estuvo dispuesto a ceder en las demandas territoriales de los nazis.

Si bien Hitler había dejado expresado con toda claridad cuál era su proyecto de expansión territorial para Alemania en su libro “Mi Lucha”, pocas personas fuera de Alemania lo habían leído y una buena parte de estos tampoco le creyeron.

Hubo una serie de acontecimientos que fueron llevando hasta su punto de quiebre las políticas expansionistas de los nazis, tales como la remilitarización de Renania, la intervención en la guerra civil española, la anexión de Austria en 1938 y la invasión de Checoslovaquia en 1939. Por ello, Hitler pensó que podría invadir Polonia impunemente, pero se equivocó y con ello se desató la Segunda Guerra Mundial.

Tampoco hay sorpresas con Putin. Ha manifestado desde hace tiempo que ciertos territorios que antes pertenecieron a la URSS son de vital importancia para la seguridad nacional rusa, especialmente debido a que los antiguos países comunistas vecinos se han ido incorporando a la OTAN.

Ante lo que ocurre en Ucrania la pregunta es si, dada la lección del fracaso de la política de apaciguamiento ante Hitler, los países occidentales, especialmente Estados Unidos, deben utilizar la fuerza para detener a Rusia, ya que las sanciones económicas no la han detenido.

Por otra parte, se plantean también diversos cuestionamientos: ¿Tiene razón Rusia de proteger su “espacio vital” en aras de su seguridad nacional e invadir aquellos territorios sobre los que tenga interés para protegerse? ¿Fue provocada por el crecimiento de la OTAN y a la que Rusia ve como una amenaza? ¿Se justifica la existencia de la OTAN en un mundo post guerra fría?

O bien, ¿La amenaza para el resto del mundo la constituye una Rusia gobernada por un autócrata frío y capaz de cualquier cosa con tal de lograr sus objetivos territoriales como antes lo hizo Hitler?

Rusia no es un país “de izquierda”, sino una potencia capitalista tratando de recuperar territorios que alguna vez estuvieron integrados bajo la URSS, por lo que extraña que gobiernos y personajes de “izquierda” se identifiquen con esta potencia imperial. Quizá la admiración se dé por tratarse Putin de un autócrata y por ello es popular entre sus similares o aspirantes a dictadores.

Cualesquiera sean las razones de Putin, lo inaceptable es que un país invada a otro. En ese sentido, el tratar con autócratas que usan las armas para invadir a sus vecinos, quizá también requiera responder por los mismos medios. El caso de Rusia es delicado por el arsenal nuclear con el que cuenta, pero es un riesgo que quizá habrá que correr y no dejar defenderse solos a los ucranianos porque la historia nos enseña que la única razón que entienden los dictadores es el uso de la fuerza.

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Twitter: @octaviodiazg

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